24 de Mayo de 2022 Son las 2:30

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Especial Semana Santa 2020
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Voló una paloma

Voló una paloma

Nadie podrá quitarme mi sonrisa al ver siempre los ojos de Soco Cordente –aunque ahora sea en el recuerdo-, con brillo de luz y de sabiduría. Se ha ido, ha dado un último vuelo, pero quedará para siempre en mi mente, en mi retina, en mi corazón.

Tal vez, aquella niña que corriese por las escaleras y patio del Colegio El Carmen cuando maestro fuese y luego director del mismo, y a la que yo mimé en tiempo y forma, tal cual a su hermano Fernando, el que ahora busca en la fotografía su ego personal, ya vislumbraba brillantez entre sus juegos, sus canciones y su deseo de ser cuando fuera mayor, igual que había sido su padre, Dorito para los amigos, un hombre versado en libros –y eso que el mundo del toro le invadió años y años, sacando de su montera, pases y recuerdos inolvidables en esas plazas de Dios, pueblo a pueblo-.

Soco, quería escribir y recuerdo cuando leí algunos de sus versos sueltos al Sol, casi sin palabras escritas, pero con ese contenido vital que generaba su sonrisa y su mirada.

Socorro Cordente era algo especial, algo diferente, algo que sabía desde muy niña, cuál iba a ser su destino.

Sin embargo, la vida advierte de cuando en cuando, de que no todo depende de uno mismo, sino de cuánto le rodea para seguir siendo lo que deseas.

Sufrir puede traerte malos momentos, pero también endurece el corazón de quién tiene que sentir ese peso. El sacrificio, la lucha constante, el saber cuál ha de ser tu protagonismo, quiénes tus directores de orquesta, amigos y amores, que de una y otra manera, condicionaran también tus virtudes en esos sentimientos agostados.

Yo fui un gran culpable de animarla a escribir y me alegro, a pesar de su corto recorrido. Siempre lo tuvo claro, pero yo compartí muchos momentos en los que ella pedía mi ayuda para seguir ese camino, tal vez, el que desde niña había planificado.

La quise mucho y la querré siempre, por familiaridad, amistad con su familia, con su padre, su madre y sus hermanos, sin olvidar a su tío Fernando León Cordente, cura y periodista, hombre de bien donde los haya.

Recuerdo su libro “Encuentros entre notas discordantes”, porque le ayude a editarlo, se lo presenté en la Feria del Libro de Cuenca, en la librería el Toro Ibérico, entre sus amigos, sus admiradores, su familia y aquellos que siempre creímos en ella.

La Editorial Círculo Rojo apostó por ella y la premió por merecerlo como mejor libro de relatos del 2017; luego vendría “Egos” y ahí sentó sus pensamientos más fieles, porque era fiel a sí misma, y eso le engrandecía como persona. Joven pero experta en el vivir, porque sentía que tenía que hacerlo así.

La poesía le cautivaba y no podía dejar al margen una experiencia en ella, Ahí vino “Cromatismos” y con este libro firmaba ejemplares en la reciente Feria de Cuenca.

Por eso, ha ido a ocupar espacio terrenal en Villares del Saz, el pueblo de su madre, donde quiere compartir espacio y recordarla para siempre. Villares ha llorado su pérdida porque allí tiene familia, y Cuenca, la ciudad que tanto le impregnó, la que le hizo sentirse feliz y generosa con todos aquellos que fuimos amigos o compañeros en las letras, en la sociedad, en el mundo, le añorará siempre.

Hay en Villares del Saz muy buena gente, la hay porque yo los conozco, y allí su Nazareno seguro que también lanzará sus lágrimas por ella; en esa localidad en la que la cultura tiene también sentido, por sus Museos, su patrimonio religioso, sus actividades constantes y sus propuestas; y qué decir de esta Cuenca patrimonial, la que siempre estuvo en la cabeza de su padre Heliodoro Cordente, en libros e investigaciones constantes, en sonetos para cantar a los amigos –como yo- y a las solemnidades de una tierra como la nuestra, llena de encantos naturales y de belleza inconmensurable. Todos los ilustres fueron tema para Dorito, y ahora, se nos va, su hija Soco, la que aspiraba por méritos propios a ser heredera de la palabra, la que ella sabía utilizar con especial significado.

Sea pues, de una u otra manera. Yo no la olvidaré jamás, porque la quise y la quiero. Descansa en Paz, libre como un ave, Soco.

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