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Miguel Romero: “A través de la poesía descubro una gran parte de mí”

El historiador y cronista oficial de la ciudad publica su primer poemario, 'La memoria del alma', editado por Diputación

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Foto: Saúl García
14/1/2018 · Gorka Díez

El historiador y escritor Miguel Romero (Boniches, 1952) cuenta con una treintena de libros, principalmente ensayos y novela histórica, pero nunca hasta ahora había publicado un libro de poesía. “Desde hace muchísimos años he hecho poemas pero muy esporádicamente, ya que lo mío siempre ha sido la investigación histórica, pero al alcanzar una edad, reflexionar sobre la vida y ver que has hecho casi todo, me dije que por qué no probar a hacer una serie de poemas que reflexionen sobre lo que es la vida en sí: el amor, el desamor, la familia, los amigos, la sociedad… Hablando un día con Luis Alberto de Cuenca, que además de un gran poeta es, como yo, miembro de la Real Academia de la Historia, le pasé en torno a nueve poemas para que me diera su opinión y me contestó diciendo que estaban muy bien y que los publicara. Esto me hizo ponerme en marcha y trabajar durante un año en los diez-doce poemas que me faltaban para tener un grupo de poemas suficiente como para editar un libro”, explica.

El resultado es ‘La memoria del alma’, una treintena de poemas cada uno de los cuales está acompañado por un aforismo que lo complementa. “Pensé en mezclarlo también con cuentos, pero hablando con Paco Mora me dijo que los quitara e hiciera un libro de poemas”.

Publicado por la Diputación Provincial de Cuenca en el que es el segundo número de la cuidada colección Papel Mojado, paralizada desde la publicación de su primer número hace ya ocho años, en ‘La memoria del alma’ hay cabida para la reflexión sobre el amor cuando se tienen más de sesenta años, un homenaje al ceramista Andrés Navarro, uno de cuyos dibujos ilustra la portada, referencias a poetas conquenses a los que Romero admira como Amable Cuenca, Osorio o Acacia Uceta, un sentido recuerdo a su madre y hermanos, “a los que nunca había hecho nada” o un guiño a la asociación gastronómica El Poso del Fogón.

Hay, también, poemas de corte más social que reivindican el respeto al lesbianismo o que arremeten contra “la necedad de los necios, que tanto nos rodea y que aunque intentas evitar a veces no puedes”, cuenta un Miguel Romero para el que la poesía es especialmente necesaria “en este mundo excesivamente globalizado con una serie de condicionantes si cabe mezquinos, con mucha hipocresía, mucha envidia, mucha corrupción: hace falta denuncia social”.

Autodescubrimiento

A diferencia del ensayo y la novela histórica, de la docencia o de su labor como cronista oficial de Cuenca, la poesía, explica, le permite “descubrirme a mí mismo”. Porque “aunque siempre hay una parte autobiográfica que se refleja en cada trabajo que haces, en la poesía es total. En cada poema hay una reflexión personal. Y a través de la metáfora tocas aspectos de la vida que no te atreverías a reflejar en una novela o a expresarlos coloquialmente. Creo que se descubre una gran parte de mí en este libro”.

En esa vista atrás, hay momentos de su vida muy “agradables y positivos”, pero “quizá los poemas afronten más la problemática negativa”, porque por ejemplo reconoce que hay cuestiones que no ha sido “capaz de conseguir”, y cita “el egoísmo en la pareja, una denuncia interior mía que me hago porque no he sido capaz de complacer a mi pareja por ese egoísmo que me ha hecho trabajar ambiciosamente, y no porque sea ambicioso, sino porque es mi forma de ser”. Aunque también “hay un poema en el que digo que soy feliz, que lo que he hecho me ha gustado, que me he reencontrado a mí mismo y me siento un privilegiado porque me han reconocido muchas cosas de mi trabajo”, cuenta un Miguel Romero con el currículum lleno de premios, con distinciones como la de Doctor Honoris Causa por la Academia Latinoamericana de Literatura Moderna de México y miembro correspondiente tanto de la Real Academia de la Historia de España como de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo de Málaga.

En cuanto a la forma, la de Romero es una poesía “sencilla, en verso libre, que no se ajusta a una rima esencial pero que tiene un ritmo adecuado y una musicalidad interior. La compositora Cristina Feiner me dijo que mi poesía le gustaba mucho porque tenía un ritmo adecuado para poder musicalizarla y de hecho ha musicalizado siete u ocho. Además, si no con un léxico culto, sí trato de expresar con una cierta riqueza de palabras lo que quiero transmitir”.

Entre las personas que han podido influir en su poemario, cita a Miguel Hernández, a quien dedica uno de sus poemas, pero también a Luis Cernuda y a Antonio Machado. Y a los poetas de Cuenca. “Federico Muelas y Diego Jesús Jiménez, evidentemente, a los que tengo un respeto extraordinario, pero también otros como Carlos de la Rica y Acacia Uceta, que han dejado su poso pero que sin embargo no han sido lo suficientemente conocidos”.

‘La memoria del alma’ tuvo una gran aceptación en su presentación, a primeros de diciembre en el Teatro-Auditorio de Cuenca, y ahora toca esperar a que funcione bien en las tiendas y a que “el público que lo lea me traslade su opinión”. Él, no obstante, ya está más que satisfecho de haberlo escrito y presentado. Y no descarta emprender una nueva aventura poética, pero sin prisas. “Ahora lo que tengo a medias son dos ensayos históricos que quiero acabar”, concluye.

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