Juan Antonio Amate tiene 72 años. Vive en Cuenca desde hace cinco, cuando él y su mujer, María Emilia, decidieron trasladarse desde Madrid para estar más cerca de su hija. A ambos se les ve activos, conversadores y curiosos. En su salón, sobre un mueble antiguo, tienen un dispositivo con pantalla. No es un adorno más. Es una ventana abierta.
“Alexa, ¿me puede recordar la medicación para mañana a las diez de la mañana?”, dice Juan Antonio con naturalidad. La voz responde confirmando el recordatorio. Para ellos es algo cotidiano. Para muchas otras personas mayores de la provincia, supone un cambio sustancial en su día a día.
El dispositivo forma parte del programa ‘Voces en Red’, impulsado por Cruz Roja con el apoyo de la Fundación Amancio Ortega. En la provincia de Cuenca acompaña actualmente a 477 personas, tanto en entornos urbanos como rurales. Solo en lo que va de 2026, “47 nuevas personas han solicitado incorporarse”. En un territorio marcado por la dispersión geográfica y el envejecimiento de la población, la cifra habla por sí sola.
“Está destinado a personas mayores de 65 años que refieren un estado de soledad. Lo que queremos es romper esa soledad no deseada a través del uso de dispositivos de voz y, más adelante, que lo integren en su día a día como una herramienta más”, nos cuenta Miriam Mondéjar, técnica provincial del Departamento de Personas Mayores de Cruz Roja.
No se trata solo de tecnología avanzada. El programa combina innovación y acompañamiento humano. En Cuenca, 17 personas voluntarias colaboran en su desarrollo y “seis de ellas estarán dedicadas durante todo 2026 exclusivamente a realizar videollamadas de seguimiento, escucha activa y detección de nuevas necesidades”. Desde los puntos de acción voluntaria de Cruz Roja se realizan llamadas periódicas, especialmente a quienes han sufrido una caída o atraviesan un momento delicado.
“El dispositivo es tecnología, pero es muy humano. Siempre hay un técnico, un voluntario, personal formado detrás”, subraya Mondéjar.
El aparato permite programar recordatorios de medicación, citas médicas o actividades; consultar noticias, escuchar música, ver recetas paso a paso o realizar ejercicios físicos a través de la skill de Cruz Roja. También posibilita videollamadas con familiares o con la propia organización.
María Emilia lo utiliza, entre otras cosas, para escuchar la radio: “Le digo: Alexa, pon Cope Cuenca y lo hace. No tengo que utilizar botones y eso es maravilloso”. Para muchas personas mayores que han enviudado o que nunca llevaron el peso de la cocina, añade Mondéjar, esta función supone recuperar autonomía.
El sistema funciona por voz y está adaptado para personas con dificultades visuales o auditivas porque “el volumen puede aumentarse considerablemente y las instrucciones aparecen también en pantalla”. Además, la cámara incorpora una pestaña física que avisa cuando está activada o desactivada, reforzando la sensación de seguridad. “Nadie puede acceder a la cámara. Ni siquiera nosotros desde Cruz Roja”, subraya Mondéjar.
La seguridad es clave, pero también la confianza. En la provincia, el programa tiene presencia en ocho municipios: 139 personas usuarias en Cuenca capital, 126 en Tarancón, 107 en Iniesta, además de localidades como Minglanilla, Motilla del Palancar, Las Pedroñeras, Carrascosa del Campo, Huete, Mira o Torralba, entre otras. En muchos de estos entornos los recursos sociales son limitados y la vida comunitaria se ha reducido con el paso del tiempo.
“Está destinado a personas mayores de 65 años que refieren un estado de soledad. Queremos que el uso del dispositivo rompa con esa soledad”SOLEDAD NO DESEADA
“Viajar por los pueblos de alrededor es a veces triste porque el fenómeno de la despoblación está muy presente”, comenta Juan Antonio. “Hay pueblos preciosos, pero casi vacíos”. En ese contexto, un dispositivo que conecta con familiares, voluntariado y todo tipo de actividades puede marcar la diferencia.
El acceso al programa es sencillo: hay que ser mayor de 65 años y manifestar ese estado de soledad, aunque se viva en pareja o se tenga familia. “Hay que romper el estereotipo de que si tienes marido, mujer o hijos no puedes sentirte solo”, apunta la técnica, para quien “la soledad no deseada es algo recurrente cuando te haces mayor, y más en la España despoblada”.
El dispositivo es totalmente gratuito para las personas usuarias mientras forman parte del proyecto. Si no disponen de conexión a internet, Cruz Roja facilita un wifi sin coste inicial para garantizar el acceso. Cuando la persona deja el programa, el aparato se recicla y se instala en otro domicilio.
En el caso de Juan Antonio y María Emilia, el impacto no es solo práctico, sino emocional. “Es un instrumento utilísimo. Te recuerda la medicina, el médico, puedes preguntar por acontecimientos históricos, el tiempo, los eventos en Cuenca… Es tener una pantalla abierta al mundo. Por la noche, incluso se despide”.
Pero quizá el efecto más importante de un aparato como este es otro. Y es que la hija de Juan y María, que trabaja muchas horas, “sabe que sus padres cuentan en casa con un apoyo adicional”. Ellos saben que pueden recibir una videollamada de seguimiento o contactar con Cruz Roja si lo necesitan. “Estamos muy contentos de vivir en Cuenca y, entre otras cosas, por este servicio”, resume Juan Antonio.
Mondéjar lanza un mensaje claro: “Ojalá cada vez más personas conozcan este dispositivo. Tenemos que romper el tabú de pedir ayuda y eso es lo que han hecho casi 500 personas en la provincia. Decir lo que nos pasa no es una debilidad, es el primer paso para que podamos hacer algo”.