Es noticia en Provincia: Villares del Saz Vuelta al cole Patrimonio de Cuenca
DIPUTACIÓN PROVINCIAL TU COMIDA EN CASA

El travertino de Uña reverdece un año después de su recuperación

Los primeros musgos, líquenes y helechos comienzan a colonizar la roca mientras la nueva cascada se consolida como atractivo turístico y símbolo de la memoria de la localidad
El travertino de Uña reverdece un año después de su recuperación
Estado actual del travertino de Uña. Foto: Eduardo M. Crespo
13/09/2026 - Paula Montero

Durante casi un siglo, el travertino de Uña permaneció prácticamente fósil después de que las obras vinculadas a la explotación hidroeléctrica del Embalse de la Toba y el canal que abastecía a la central del Salto de Villalba modificaran la dinámica natural de este enclave. El agua dejó de desbordar la laguna y, con ella, también se apagó la funcionalidad de una barrera tobácea que durante miles de años había formado parte del paisaje.


Ahora, un año después de la recuperación impulsada para recuperar parcialmente este espacio, el balance ambiental que realiza el Servicio de Medio Natural del Parque Natural de la Serranía de Cuenca es “muy positivo”, no solo porque se ha conseguido recuperar el agua sobre una parte del travertino, sino porque en apenas unas semanas comenzaron a hacerse visibles los primeros cambios en la propia roca.


“Lo que nos está enseñando este lugar es lo que la naturaleza puede conseguir en muy poco tiempo y casi sin intervención”, explica José Antonio Gil, técnico del Servicio de Medio Natural del Parque Natural de la Serranía de Cuenca. Y es que, el contraste es notorio porque mientras el travertino fósil permanece prácticamente sin vegetación, la superficie por la que ahora vuelve a escurrir el agua se ha cubierto de un “tapiz verdoso de musgos”. Además, han comenzado a aparecer líquenes y helechos, aunque todavía es pronto para determinar cómo evolucionarán las distintas comunidades vegetales.
 

El regreso del agua está generando nuevas condiciones para que aparezcan “diferentes formas de vida”

La actuación ejecutada hace ahora un año fruto de la colaboración entre el Gobierno regional, la Confederación Hidrográfica del Júcar y el Ayuntamiento, ha permitido recuperar un tramo de alrededor de 60 metros de los aproximadamente 400 que tiene en total el travertino. Para ello se instaló una tubería subterránea de derivación desde los actuales aliviaderos de la laguna hasta una balsa situada justo por encima del travertino. Desde allí, el agua recorre este tramo y cae por gravedad formando una cascada antes de incorporarse al caudal del río Júcar.


El objetivo, sin embargo, va mucho más allá de recuperar una imagen del pasado. La pretensión es reactivar los procesos naturales asociados al travertino, entre ellos la deposición de carbonatos que contribuye a la formación y evolución de estas estructuras geológicas, tal y como explica José Antonio Gil. Al mismo tiempo, el regreso del agua está generando nuevas condiciones para que aparezcan “diferentes formas de vida” y, aunque todavía no se ha realizado un estudio específico de fauna, desde el Servicio de Medio Natural consideran que las características propias de la roca, con sus oquedades e irregularidades, “favorecerán la creación de nuevos nichos ecológicos”. Concretamente, de invertebrados y anfibios. 


En cuanto al efecto del travertino sobre la dinámica del río Júcar, por el momento, es limitado. La actuación supone únicamente un pequeño incremento de su caudal como consecuencia del aporte continuo de unos 250 litros/segundo procedente de la Laguna de Uña. 

 

DIMENSIÓN LOCAL
Para Uña, sin embargo, la recuperación del travertino trasciende la dimensión ambiental. El alcalde de la localidad, José Luis Gómez, destaca el esfuerzo necesario para hacer realidad una actuación en la que colaboraron distintas administraciones y entidades.


“Nos costó mucho tiempo, trabajo y años, pero al final lo hemos conseguido”, resume el regidor, que pone en valor la implicación de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha –que financió íntegramente la obra–, la Confederación Hidrográfica del Júcar, la empresa Naturgy y el propio Ayuntamiento. 


El proyecto ha permitido recuperar para Uña una parte de un paisaje que desapareció hace más de cien años y que ya no recordaba ninguno de sus vecinos. “Los más mayores no llegaron a conocer el travertino en funcionamiento, pero sí han crecido escuchando a sus antepasados hablar de aquel lugar y de la cascada que en otro tiempo formaba parte del paisaje de la localidad”, explica Gómez. Por eso, la vuelta del agua tiene también un componente emocional. “Los propios vecinos de Uña están muy contentos”, señala el alcalde. 


La recuperación ha devuelto así un elemento de identidad a la localidad, pero también ha añadido un nuevo reclamo a su oferta turística. Una vez que entras en la población por la carretera se ve el travertino y eso hace a muchos turistas parar en el pueblo”, asegura el primer edil. Y este nuevo atractivo ha impulsado tambén la actividad de comerciantes, hosteleros y propietarios de alojamientos rurales que han notado cómo los visitantes permanecen más tiempo en la localidad.
 

El Ayuntamiento quiere acondicionar y ampliar el aparcamiento y hacer accesible el sendero de acceso a personas con movilidad reducida

 

 

 

El travertino de Uña hace un año sin agua. Foto: Servicio de Medio Natural del Parque Natural de la Serranía de Cuenca

 

RETOS
Eso sí, el Ayuntamiento quiere seguir avanzando en esta línea, aunque por el momento no se contempla ampliar la superficie recuperada. Gómez reconoce que extender la actuación a más metros de travertino sería deseable, pero considera que resulta “muy complicado”. 


Por ello, el objetivo del consistorio es mejorar la adecuación y ampliación del aparcamiento próximo a la carretera y mejorar el acceso a la cascada puesto que, aunque la senda cuenta con elementos de protección quieren hacerla accesible a personas con movilidad reducida.  


Mientras tanto, la nueva cascada continúa haciendo su trabajo. Desde el Parque Natural no se han establecido todavía indicadores cuantitativos que permitan medir con precisión el grado de recuperación ambiental alcanzado durante este primer año, ni se han realizado estudios pormenorizados sobre la vegetación o la fauna. Pero es evidente que el agua ha hecho reverdecer esta zona.


A medio y largo plazo, según cuenta José Antonio Gil, la expectativa es que puedan asentarse comunidades vegetales propias de los paredones rezumantes y las tobas húmedas, consideradas hábitats de protección especial en Castilla-La Mancha, puesto que su establecimiento contribuiría a incrementar la biodiversidad de unas formaciones geológicas especialmente frágiles.