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Siia, la firma de alta joyería conectada a Mota y Los Hinojosos

La provincia es una fuente de inspiración para esta diseñadora cuyas piezas ya han desfilado en las grandes pasarelas de Milán y París
Fotos cedidas
31/10/2026 - Paula Montero

La provincia de Cuenca es –y puede convertirse en– una joya. Y si no que se lo digan a Andrea Siia, una diseñadora rumana afincada en Madrid que lleva dos décadas veraneando en Los Hinojosos y Mota del Cuervo, localidades cuyas historias y tradiciones ha conocido durante estos años hasta el punto de que han inspirado algunos de sus diseños.

Una hoja de vid o una leyenda de amor vinculada al llamado Pozo de la Perla de Quintanar de la Orden han sido transformadas, con sus manos, en piezas que combinan oro, plata, piedras preciosas o perlas. Y su intención ahora es seguir explorando ese camino y llevar también a la joyería otros elementos del patrimonio conquense como las Casas Colgadas, el Puente de San Pablo o la Catedral porque, tal y como reconoce, “Cuenca es una gran fuente de inspiración” para ella.

Su marca, al igual que su apellido, es Siia y si algo la diferencia de otros orfebres artesanos es su capacidad para crear diseños únicos capaces de conservar historias y recuerdos, porque para ella una joya no es simplemente un complemento, sino un objeto que puede acompañar a una persona durante años y pasar de una generación a otra. Por eso, una de las posibilidades que más trabaja en su taller es precisamente la transformación de joyas que pertenecieron a madres o abuelas para que puedan tener una nueva vida con diseños más contemporáneos.

Pero, ¿cómo surgió Siia? Este proyecto se remonta años atrás. Andrea llegó a España hace 20 años y, aunque comenzó su trayectoria creativa en 2013 vinculada a los tocados de novia, no fue hasta 2023 cuando decidió formarse específicamente en joyería y orfebrería. Pasó por la Escuela de Arte 3 y por distintos talleres donde pudo conocer de cerca las técnicas de este oficio, aunque buena parte del aprendizaje ha llegado de manera autodidacta a través de la investigación y del trabajo diario. Y es que, Andrea ha experimentado con materiales y técnicas hasta encontrar su propia manera de trabajar.

El resultado son piezas artesanales realizadas con metales nobles, principalmente oro y plata, y con piedras preciosas como diamantes naturales y de laboratorio, diamantes negros, perlas y otras gemas.

Pero más allá de los materiales, lo que realmente da sentido a sus piezas es lo que hay detrás de ellas, tal y como hemos mencionado líneas arriba. Andrea quiere que sus joyas hablen de la persona que las llevas. Ese es su objetivo. Una manera de entender este oficio que, sin duda, está muy relacionada con sus propios recuerdos. 

Y es que, durante la pandemia, cuando la distancia con la familia se hizo especialmente presente, recuperó algunos anillos que le había regalado su madre cuando era joven. Volver a ponérselos le hacía sentirla cerca y le hizo reparar en que “una joya puede guardar mucho más que un valor material”.

De ahí surgió también su interés por recuperar piezas familiares y darles una segunda vida. Y esa capacidad para convertir historias en joyas cien por cien hechas a mano es la que ha ido llevando a Andrea desde su pequeño taller hasta el mundo de la moda.  Y lo que empezó como una necesidad creativa ha terminado encontrando un espacio en desfiles, ferias y encuentros con otros diseñadores de moda.

Uno de ellos con Edu Ortega, el diseñador conquense de la marca Srto. Ortega. Ambos coincidieron en Atelier Couture y su conexión fue “inmediata”, tal y como recuerda Andrea Siia.

Y es que, los dos comparten una manera de entender la creación basada en la artesanía, las piezas únicas y el trabajo a medida, lejos de la producción en serie. A partir de aquel encuentro llegaron las colaboraciones y Andrea ha participado con sus joyas en varios de los desfiles de Ortega. “Me encantó su forma de ver la moda”, dice. 

Pero Ortega no es el único diseñador con el que ha trabajado. Su recorrido por el mundo de la moda también la ha llevado a coincidir y desfilar en presentaciones de Feli Campo y Elena Kosurnikova. Colaboraciones que para Andrea tienen un valor especial porque “permiten que el trabajo artesanal salga del taller y entre en contacto directo con las personas”. 

Además, ha participado en la Milan Fashion Week y en septiembre de 2025 presentó dos colecciones en la Semana de la Moda de París, una inspirada en el cardo y otra en la avena. Es más, algunas de sus piezas han sido seleccionadas también para exponerse en el Museo Cerralbo y en el Museo Nacional de Artes Decorativas.

Un camino que, tal y como señala, “nunca imaginó” cuando empezó a formarse en 2023. Ahora, tras varios años de recorrido, se define todavía como una “diseñadora emergente”, consciente de las dificultades que tienen los jóvenes creadores para hacerse un hueco frente a las grandes marcas. Por eso reivindica la importancia de la visibilidad y el contacto con el público para jóvenes diseñadores, pero también defiende una manera diferente de entender el consumo. Frente al fast fashion (moda rápida), Andrea defiende el valor de las joyas que están pensadas para acompañar a quien las lleva durante años y, si es posible, llegar algún día a las manos de otra persona.

Una idea de permanencia que conecta también con ‘Vestigio’, una colección que mira hacia Rumanía, su tierra natal. Andrea ha recuperado prendas tradicionales para crear sus propias piezas y rescatar, a través de la joyería, parte de una memoria de su país.

La colección ha sido reconocida por el Instituto Cultural Rumano y la Embajada de Rumanía y ahora quiere llevarla a otros lugares, con la mirada puesta en ciudades como París, Roma o Nueva York. Mientras tanto, Siia sigue creciendo desde el taller que Andrea tiene en San Fernando de Henares. Y entre un proyecto y otro, Cuenca sigue ahí como una de sus grandes fuentes de inspiración.