“Sacar la Pasión Viviente de Motilla del Palancar es un reto”
La Pasión Viviente de Motilla del Palancar está de celebración. Este año conmemora su 35 aniversario y lo hace enfrentándose a uno de los mayores retos de su historia: salir por primera vez de sus calles para representarse el sábado 21 de marzo en el Auditorio de Cuenca. Julio Ruiz, director de la obra desde hace ocho años junto a la codirectora Elena Santiago, explica que este salto les produce “cierto vértigo”, pero sobre todo “una ilusión tremenda” por mostrar el empaque de una tradición que es historia viva del municipio.
Lejos quedan aquellos comienzos en los que un grupo de catequistas realizaba un modesto Vía Crucis dentro de la iglesia, donde incluso las mujeres debían pintarse barba ante la falta de actores masculinos. Hoy, la Pasión cuenta con unos 220 participantes y 17 localizaciones diferentes.
Julio detalla que, para mantener viva la expectación, la obra se reinventa constantemente. “No se parece en nada a la que representábamos hace 15 años”, subraya el director. Para esta edición, relata que se han incorporado dos escenas nuevas.
Una de ellas, titulada La Premonición, muestra a la Virgen sintiendo que algo malo le ocurre a su hijo en el momento en que Jesús es capturado en el Huerto de los Olivos. La otra se sitúa camino del sepulcro y da voz a las mujeres que, después, serían las primeras en encontrarlo vacío. A ello se añade más acción en la escena de Judas, con una persecución protagonizada por niños que intensifica todavía más el dramatismo de ese momento.
No son grandes cambios que alteren el conjunto, pero sí pinceladas que, como explica el director, aportan frescura y atractivo a una representación que no quiere repetirse a sí misma. De hecho, Ruiz insiste en que la Pasión de Motilla no es una película que se ve siempre igual, sino una obra viva que cambia con los años, modifica escenas, prueba ideas nuevas y adapta papeles y formas de interpretar. Esa evolución constante es, a su juicio, una de las claves de que siga despertando interés después de más de tres décadas.
Adaptar una obra de calle a las cuatro paredes de un auditorio ha requerido un esfuerzo titánico. Ruiz ensalza la labor “bestial e invisible” del equipo de montaje. Los operarios y belenistas locales han adaptado los imponentes decorados, construidos y pintados artesanalmente, instalándolos sobre plataformas con ruedas.
“Tenemos decorados dobles; por delante es la Última Cena y, al darle la vuelta, es el Sanedrín de Caifás. Los montadores giran las estructuras mientras el telón está bajado para que todo fluya sin pausas”, ilustra. Además, el director adelanta que la inmersión del público estará garantizada, ya que los actores interactuarán y desarrollarán algunas escenas en los pasillos del patio de butacas del Auditorio conquense.

De demonio a Jesucristo
La norma no escrita de la compañía dicta que los papeles principales rotan al menos cada dos años para dar oportunidad a todos los vecinos. En este aniversario redondo, el peso de la cruz recae sobre Miguel Mínguez, un actor de 45 años que lleva más de una década participando en la obra. Miguel confiesa que la preparación, iniciada a principios de año con lecturas y ensayos frente al espejo, ha sido compleja.
Curiosamente, Mínguez da un giro radical a su trayectoria escénica: “Llevo 12 años haciendo del otro bando; empecé como Herodes, luego Pilato y los últimos años he hecho de demonio”, comenta ante su nuevo rol protagonista.
El nuevo Jesucristo admite haber sentido cierta dificultad inicial para encontrar el tono y el ritmo del Mesías, aunque asegura sentirse muy arropado por la dirección.
Al reflexionar sobre la obra, Mínguez destaca el Huerto de los Olivos como su escena predilecta. “Me parece muy emocionante e impactante. Esperemos que le llegue al corazón al espectador y sienta un poco lo que está sintiendo Jesús en esos momentos”, confía el actor.
Para él, actuar en el Auditorio supone un reto logístico y actoral extra, ya que, a diferencia de Motilla, las palabras en la cruz se interpretarán de viva voz y en riguroso directo.
Música en directo
La emoción de la narrativa visual se potenciará este año con la música vocal. Julio Ruiz pone en valor la participación de dos artistas que prometen estremecer al patio de butacas. Rocío García Carmona interpretará la sobrecogedora ‘Por la vía dolorosa’ justo en el momento en el que Jesús sufre una de sus caídas cargando la cruz. Más adelante, con Cristo ya en el sepulcro, irrumpirá la voz de Liz Rayo con una canción sorpresa inédita en la representación. “Va a ser un mar de lágrimas seguro”, pronostica el director, quien reconoce emocionarse al ver llorar a los espectadores desde el propio escenario.
Tras la histórica cita en la capital, la compañía regresará a sus orígenes. El próximo 28 de marzo, Motilla del Palancar volverá a transformarse en la antigua Jerusalén. La representación local, que ha sido condensada a algo menos de dos horas para ganar dinamismo, recorrerá el Centro Multiusos, el Parque Carrascal y finalizará con la espectacular crucifixión y resurrección en el Calvario. Tanto el director como su actor principal concluyen invitando al público a disfrutar de ambas citas, recordando que, aunque la historia universal sea la misma, sentirla latir en la calle o verla brillar en el Auditorio de la capital son dos experiencias completamente únicas que merecen la pena ser vividas.