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Río abajo con los últimos gancheros

La declaración BIC del oficio de ganchero en la que trabaja la Junta supone un acicate para impulsar proyectos de rutas turísticas por La Serranía

1/7/2018 · C.I.P.

La mejora del transporte por carretera a mediados del siglo XX acabó con las grandes maderadas que durante cinco siglos surcaron los ríos para transportar los troncos desde los montes conquenses hasta los puntos de comercialización o transformación. La última gran maderada en La Serranía de Cuenca tenía lugar en 1936, navegaban hasta 100.000 troncos guiados por cientos de gancheros.

Empezaba el inicio del fin de una etapa en la que Cuenca fue referente del transporte fluvial en el interior de la Península “por sus maderas, sus ríos y también por sus gancheros –que tenían fama en toda España por su destreza–”.

Después, cuenta Cipriano Valiente Gómez, presidente de la Asociación ‘Ecodesarrollo Conquense’, se sacó alguna ‘repunta’ de 5.000 o 10.000 troncos a Villalba o a Vadillos para seguir su ruta por carretera, en lo que fueron los últimos coletazos de supervivencia de un oficio que formó parte de la cultura, de la vida y las costumbres de una comarca que hoy busca con su recuperación fomentar el desarrollo turístico y cultural.

La declaración del oficio de ganchero y el transporte fluvial de la madera en Castilla-La Mancha como Bien de Interés Cultural (BIC), con la categoría de bien inmaterial, en la que trabaja el Gobierno regional, al considerarla una manifestación cultural viva y representativa del Alto Tajo, en las provincias de Cuenca y Guadalajara, puede ser el acicate que impulse la puesta en marcha un proyecto que “puede ser muy atractivo, tanto por lo que supone de puesta en valor de una tradición que sobresale por su gran peso histórico, como por el aporte económico que puede suponer su explotación turística” señala Valiente, quien añade que hace años ya se hizo un proyecto de rutas turísticas en torno a los gancheros y las maderadas, como las que están en marcha en la zona alcarreña del Alto Tajo, pero por alguna razón no llegaron a cuajar . “Hicimos unos itinerarios y trabajos previos de algunas zonas donde comían o dormían los gancheros. Sería como recorrer aquellas rutas fluviales”.

En Cuenca, dice, es más fácil que en otras zonas, por tratarse de un territorio más compacto, en el que, por ejemplo, señala que “en una sola mañana se pueden recorrer los nacimientos de todos los ríos madereros desde el Guadiela, Cuervo, Tajo, Júcar o Cabriel, es una experiencia auténtica. Pero no sé por qué no se ha conectado con el sector empresarial”.

Ahora, lo que esperan es que la declaración BIC, “traiga aparejado un poco de ayuda más, visibilizando y dando promoción, que es lo que nos hace falta para que en un futuro vaya cuajando el proyecto”, destaca Cipriano Valiente, quien relata que fue desde la asociación que preside desde donde partió la solicitud de la declaración BIC “porque entendemos que en el territorio regional hay muchas posibilidades de que cada uno desarrolle las singularidades propias en relación con esta actividad, y al mismo tiempo que todos tengamos la misma oportunidad”.

En este sentido destaca que la Sierra de Cuenca tiene mucho que decir y aportar en este capitulo y “espero que con el tiempo sea una referencia, no solo como parte documental sino de cómo se puede conocer un territorio respetando la naturaleza, comprometiendo y vinculándose al territorio”.

Las posibilidades son muchas, lo que necesitamos es un impulso

Hace años que la Asociación ‘Ecodesarrollo Conquense’ trabaja en la recuperación de la historia y la tradición de los gancheros y las maderadas con la organización de jornadas como la que tenía lugar el pasado fin de semana en Vadillos. Jornadas con las que en un tono festivo se acerca un oficio que de otra forma “hubiera caído en el olvido”.

Con estas recreaciones, que tienen toda la base documental de su importancia a lo largo de la historia en el Museo Regional del Ganchero –impulsado por Cipriano Valiente, y que se ha con vertido en todo un referente nacional– , se ayuda a comprender la importancia un oficio que por su dureza y riesgo llevó a aprender técnicas de manejo de la naturaleza y el río que han sido escuela para otros territorios. “Todo lo salvaban con imaginación, desde grandes obras con la propia madera para evitar peñascales hasta derivar el agua en un sentido u otro que facilitaba el viaje” .

Este año, XIIMaderada Río Guadiela: El pino y sus oficios en la Serranía de Cuenca’, la asociación se ha acercado de forma global al antiguo oficio, y lo ha hecho tanto con la tradicional navegación de la tablada de madera como con la recreación de las actividades que acompañaban esta práctica, incluso reproduciendo algunas escenas de la carpintería del monte en la que se preparaban las estructuras, se serraban y preparaban las vigas para bajarlas al río, y en las que también se hacían las traviesas del ferrocarril.

Una reproduccióan muy ajustada a la realidad con la utilización, incluso de las herramientas de aquel tiempo, en la que tampoco que ha tenido mucho éxito entre los participantes. Este tipo de actividades, son algunas de las que también considera Cipriano que pueden aprovecharse y hacerse no una, sino cuatro veces al año con el fin de atraer turismo.

Las posibilidades son muchas, “lo que necesitamos es un impulso que lo ponga en valor”.

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