Huerta del Marquesado busca quien vuelva a encender su horno de toda la vida
El pan recién hecho, los dulces de siempre o una tienda de productos básicos a mano. Son pequeños servicios que contribuyen a mantener vivo un pueblo y que Huerta del Marquesado espera recuperar con la reapertura del Horno El Solanillo, la panadería de toda la vida. El Ayuntamiento busca una persona dispuesta a hacerse cargo del negocio y convertirlo en un proyecto estable.
No es la primera vez que el Consistorio busca panadero o panadera. Tras décadas regentado por una misma familia, que se jubiló en 2019, el horno ha pasado por varios arrendatarios. La última tuvo que abandonar el proyecto en 2025 por problemas de salud.
A estas circunstancias se suman las dificultades para encontrar a alguien que pueda asumir los exigentes horarios de una panadería. “Creemos que sí que es económicamente viable”, afirma la alcaldesa, Ana María Castillero, que insiste en la necesidad de encontrar a alguien que conozca las particularidades del emprendimiento rural y sepa lo que implica gestionar un negocio por cuenta propia.
De horno comunitario a servicio municipal
La historia de El Solanillo se remonta a una época en la que varias familias compartían el horno para elaborar su propio pan. Con el tiempo, la dificultad de mantener la propiedad entre numerosos herederos propició su paso a manos del Ayuntamiento, que asumió su titularidad y las inversiones para conservarlo.
Desde entonces, el establecimiento ha funcionado mediante el alquiler a particulares. Actualmente dispone de un horno moruno de leña restaurado, un horno eléctrico y maquinaria renovada para facilitar el trabajo y adaptarse a las necesidades actuales.
El objetivo municipal es garantizar el abastecimiento de pan en el pueblo y facilitar que el negocio pueda ampliar su clientela a comercios y establecimientos hosteleros de localidades cercanas.
“En un pueblo tan pequeño, cualquier puerta abierta es un servicio”, señala Castillero. La alcaldesa destaca que mantener un establecimiento en funcionamiento también aporta movimiento a las calles y optimismo a la localidad. “Cualquier negocio en un pueblo es mucho más que un negocio: es un servicio y es parte de la vida del pueblo”, resume Castillero.
La situación es especialmente relevante desde que la tienda del municipio cerró hace casi dos años, tras la jubilación de su responsable. Desde entonces, el horno ha servido también como pequeño punto de venta de productos básicos, incluidos alimentos no perecederos.
Atraer visitantes a la localidad
El Solanillo forma parte de la memoria gastronómica de la comarca. Durante años, su pan atrajo a compradores de otras localidades, y entre sus productos más apreciados estaban las tortas de aceite, una especialidad tradicional que llegó a tener una importante demanda.
“La gente conocía el pueblo por el pan”, recuerda la alcaldesa, que ha escuchado referencias a su calidad en municipios situados a decenas de kilómetros.
Esa trayectoria demuestra que una panadería rural puede aspirar a algo más que abastecer a sus vecinos. La venta de productos artesanales y la colaboración con negocios de la comarca pueden ampliar las oportunidades económicas, aunque el Ayuntamiento considera prioritario garantizar el servicio local.
Para ello, busca una persona que conozca la realidad del medio rural y no se deje llevar únicamente por la imagen idealizada de vivir en un pueblo. El trabajo exige horarios nocturnos, atención al público por la mañana y, si el negocio crece, capacidad para organizar la producción y encontrar ayuda.
Mientras llega un nuevo responsable, los vecinos reciben pan de una localidad cercana mediante un reparto que dura apenas unos minutos. Por, la alcaldesa recuerda que no es lo mismo que tener una panadería abierta durante varias horas, donde comprar a lo largo de la mañana y encontrar otros productos básicos, además del trato personalizado y cercano que supone contar con un establecimiento de conveniencia.
El Ayuntamiento busca, por tanto, algo más que alguien que vuelva a encender el horno: un proyecto meditado que permita recuperar un servicio de proximidad y mantener viva una parte de la vida cotidiana de Huerta del Marquesado.