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El auge de la lavanda

La campaña de este cultivo, que ha duplicado su superficie en la provincia de Cuenca, arranca con buenas perspectivas tras unas lluvias que han dejado una abundante floración

El auge de la lavanda
Fotos: Saúl García
11/7/2021 · C.I.P.

La floración de la lavanda y el lavandín está en pleno apogeo en la provincia de Cuenca, todo un espectáculo para los sentidos que año tras año atrae a más adeptos. El turismo de los campos de la lavanda despierta cada vez más interés y son muchas las comarcas productoras que se están sumando a esta tendencia que supone una línea de negocio más en el medio rural. 

En la provincia de Cuenca, salvo pequeñas iniciativas como la que realiza la empresa optense Lavandaña, este es un campo aún sin explotar pero que ya mira de cerca el sector mientras centra sus esfuerzos en la industrialización, comercialización y fomento de la investigación e innovación con proyectos en torno a este cultivo que, más allá de la magia del paisaje y la atracción turística, supone una importante alternativa a los cultivos de secano.

Su alto rendimiento frente a las producciones tradicionales como cereal y girasol hace que cada vez sean más los agricultores que se sumen al boom de las aromáticas.  

De hecho, este año la superficie de cultivo se ha duplicado en la provincia. Según datos de la Delegación Provincial de Agricultura, Agua y Desarrollo Rural, el espliego y la lavanda se mantienen estables con una superficie poco significativa en el conjunto provincial, pero el lavandín –un híbrido entre la lavanda común y el espliego– ha pasado de registrar una media de 200 hectáreas hasta el pasado año a las 416,38 hectáreas que se contabilizan actualmente en la provincia.

 

El auge de la lavanda

Este año hay buenas perspectivas de cosecha. Ha sido un año de mucha agua y la flor es abundante. La campaña de siega acaba de empezar prácticamente y aún es pronto para hacer cálculos pero la previsión que barajan empresas como Vallejondo Esencial, en Villares del Saz, es que el rendimiento estará sobre un 30 por ciento por encima del promedio de una cosecha normal, que según destacan sus responsables en esta zona se sitúa entre un 1,5 y 2% de aceite esencial por kilo de materia vegetal.

“Normalmente de una hectárea sacamos unos 50 kilos de aceite esencial, este año esperamos alcanzar entre 65 y 70.  Aún es pronto para saberlo, pero el dato es que en una zona de secano como esta, puede que el rendimiento de este año sea el mejor registro desde que estamos aquí”, señala Tomás Carrillo, uno de los administradores de esta empresa familiar dedicada a la producción y destilación de lavanda y lavandín que comenzó su andadura en 2013, con la vuelta al campo de los hermanos  Carrillo para tomar las riendas de la explotación familiar. 

Además de cantidad, la calidad del aceite esencial es “extraordinaria” el problema este año son los precios, la caída de ventas por la paralización en pandemia de sectores como la cosmética o perfumería ha influido negativamente en el sector, que inicia cosecha con excedentes de la anterior campaña, pero además “Europa del Este está sacando aceite esencial de los almacenes a un precio con el que no se puede competir están saturando el mercado con un aceite que no sabemos lo que es pero que ha hundido los precios, señala Rodrigo Carrillo.

La presencia de todo ese stockaje en el mercado ha provocado que los precios bajen entre un 40 y 50 por ciento. “Hemos pasado de estar muy por encima de los 30 euros por kilo de aceite esencial a los 17-20 euros”, apostilla este joven productor, conocido en las redes como Tractorista de Castilla, quien lamenta que los mayoristas españoles apuesten por aceites procedentes de Europa Este antes que por los nacionales.

Circunstancia que hace más difícil seguir avanzando en la mejora de un cultivo que por su adaptación, rendimiento, calidad y múltiples usos se posiciona como un alternativa  muy interesante para diversificar la economía del medio rural. Eso sí, hasta ponerlo en producción el esfuerzo inversor es grande, sobre todo por la planta ( aproximadamente unos 2.000 euros por hectárea) además de otros hándicap como la escasez de destilerías o maquinaria específica para la recolección.

 Con todo, la progresión del cultivo no ha parado de crecer, y buena muestra de ello es la explotación de Vallejondo Esencial, que alcanza ya casi las 120 hectáreas. Rodrigo Carrillo señala que cada año pone entre 10 y 15 hectáreas más, pero además no paran de mejorar el proceso tecnológico y de transformación industrial del cultivo.

“Hemos apostado por una empresa española, JJ Broch, para desarrollar una cosechadora. En este sentido hemos dado un paso de gigante en el sector puesto que no había maquinaria española para este cultivo y ahora contamos con una empresa concreta que desarrolla maquinaria específica para recoger el lavandín”. Algo “fundamental” para no perder flor durante la siega pero también para garantizar que la planta pueda tener un desarrollo correcto de cara a la próxima campaña.  “La planta tiene que durar 13 o 14 años, no la puedes segar de cualquiera manera. Hay quien adapta máquinas, pero es complicado y el invento puede salir mal”, apostilla.

 

El auge de la lavanda

Desde la cosmética, aromaterapia, perfumería, limpieza, farmacia o parafarmacia, los componentes del aceite esencial de la lavanda y el lavandín tienen una amplia aplicación de usos, lo que hace aún más atractivo su mercado. Eso sí, para obtener un aceite de calidad es necesario contar con instalaciones industriales a mano. Y es que la destilación de la flor se tiene que hacer en el momento. “no se puede dejar mucho porque fermenta”.

De ahí que ante la escasez de destilerías (cuatro actualmente en la provincia) Rodrigo Carrillo, recomiende a los nuevos agricultores que se plantean pone en marcha explotaciones de la lavanda o lavandín que antes de lanzarse se informen . “El problema es que no tengas una destilería cerca”.

Con todo señala que este cultivo que cada vez cobra más auge en comarcas como La Alcarria, La Serranía o La Mancha es una oportunidad de desarrollo, pero necesita más  apoyo para investigación, desarrollo e innovación, también para la difusión del cultivo como atracción turística como forma de generar un valor añadido en las zonas por las que se extiende. 

Aprovechamiento sostenible de los restos de la destilación

Aprovechar de forma sostenible todos los subproductos derivados de la destilación, de cara a poner en marcha nuevas iniciativas que fortalezcan el sector y generen nuevas oportunidades de empleo y desarrollo en la provincia. Ese es el objetivo que se ha marcado la empresa Vallejondo Esencial en una apuesta por el desarrollo de la investigación e innovación en el sector.

 

De hecho, forma parte del Grupo Operativo constituido en el  Centro de Investigación Agroforestal (CIAF) de Albaladejito para desarrollar un proyecto de investigación que tiene como objetivo la reutilización de los desechos de la lavanda y el lavandín tras pasar por el proceso de destilación. 

Según destaca Tomás Carrillo, la línea de trabajo se centra en la utiliación de los restos vegetales como compostage para cultivos como el ajo, y como biocombustible mediante su pelerización.

Además, destaca que están trabajando para que la administración se implique “ en proteger, investigar y fomentar este tipo de cultivos” con otro tipo de líneas como, por ejemplo, convertir el  centro empresarial  asociado al Almacén Tempororal Centralizado (ATC) de residuos radioactivos que se proyectó en Villar de Cañas,  en un centro de investigación  para plantas aromáticas y medicinales  “ y desde ahí tratar de llevar cabo el máximo número de proyectos posibles”.

Y es que ante el auge de las aromáticas, son muchas las inicitivas asociadas a la lavanda las que están surgiendo en la zona, además del turismo, que es otra línea en la que los hermanos Carrillo consideran que tendría que tener el empuje de la administración. 

El auge de la lavanda

Hidrolatos y envasado

Otra de los proyectos en los que están trabajando desde Vallejondo Esencial, en Villares del Saz, es la  mejora de la comercialización. La caída de precios motivada por la pandemia y por la  importación de aceites esenciales de Bulgaría, Rumanía y otros países del Este “con los que no podemos competir en precios” ha empujado a abrir línea de envasado para evitar la intermediación que compra al por mayor para luego distribuir los componentes a demanda de los compradores que elaboran el produicto final. 

Además este año sacarán también a la venta los hidrolatos, es decir el agua aromatizada que se obtiene tras la destilación del aceite esencial, y que   se utiliza como agua floral, por ejemplo, en el planchado. 

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