Los pueblos, ¿viven?
Enseñar es mostrar que es posible. Aprender es hacerlo posible para uno mismo y así, se hace también para los demás.”
Nuestra provincia es grande, muy grande dicen los geógrafos. Cuando paseas por ella, te hartas de encontrar caminos, muchos de ellos sin final; carreteras que desvían el recorrido buscando enlaces hacia el futuro, futuro incierto por convicción; y muy a menudo, la silueta de la iglesia parroquial indicándote que allí debió de haber “algo de cultura” en tiempos casi olvidados.
Cierto es, que los pueblos de Cuenca son muchos. Tantos, que a veces, nos resulta imposible hacer una adecuada clasificación de ellos en función de su pasado histórico, de sus características definitorias en tradición, costumbres, habla, gastronomía, etc.
Por eso cuando hablamos de provincia conquense tenemos que hablar, irremediablemente, de Sierra, Mancha y Alcarria, pero rizando el rizo, tenemos que hablar de Campichuelo, Manchuela, Sierra Alta, etc., y así cada zona, comarca o paisaje urbano tiene su particularismo que le diferencia, tiene su especial personalidad y, por tanto, tiene sus propias gentes que le identifican y que le definen.
Sin embargo, entre esos pueblo hay grandes diferencias. Muchos, la mayoría, dormitan en el “sueño de los tiempos” y apenas buscan motivaciones de progreso, recreando su esfuerzo en hacer esa “cultura” del ocio enfocada exclusivamente hacia la lúdica tarea de una fiestas patronales llenas de jolgorio, buenas verbenas y algún que otro jaleo taurino. Pero eso que, sin duda, es necesario mantener como fervor y divertimento obligado y, que ya se hacía desde tiempos inmemoriales, poco hace por desarrollar nuestro progreso y enriquecer nuestra cultura como condicionamiento de mejora social.
Otros, los menos, sí han entendido como se debe hacer “pueblo”, cómo se debe de enfocar su despertar hacia una búsqueda de identidad que le arrastre a desarrollar su turismo, su economía, su conciencia social. Ellos son el ejemplo a seguir.
Y este debe de ser mi mensaje, el poner como “bandera de aplauso” las iniciativas espléndidas de Alcaldes o Colectivos asociacionistas que han elevado su línea cultural y apuestan por estrategias de convicción y búsqueda de nuevos retos que hagan de su patrimonio cultura de futuro. Y ahí quedan, porque no, la gran labor iniciada por Barchín del Hoyo con esa I Jornada Íbera alrededor de su yacimiento como nueva seña de identidad, de la que hablaremos más adelante; Enguídanos con sus constantes actividades culturales en torno al agua como soplo de vida; Uclés como identidad histórica de una etapa y su proyección hacia el mundo; Cañete como reflejo del interiorismo más internacional en esa Alvarada; Valeria como proyecto de historia en pasado y futuro; Priego con su gran apuesta hacia la poesía, la historia y sus arraigadas tradiciones; Fuentes, caminando hacia ese pasado como su seña de identidad más reconfortante y sugerente; Carboneras de Guadazaón y su Santa Hijuela y… poco más.
Nuestra provincia es muy extensa, rica en tradiciones, grande en humildad y carácter, bella en naturaleza, pero…..pobre en desarrollo cultural y ahí, en ese necesitado desarrollo cultural, está la pócima del progreso.