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La Semana Santa de Cuenca a través del capuz granate de Fernando Zóbel

Además de vivir la Pasión de Cuenca y de participar en ella, Zóbel la plasmó en sus dibujos nazarenos
La Semana Santa de Cuenca a través del capuz granate de Fernando Zóbel
Fernando Zóbel con la uniformidad de Jesús con la Caña. / Foto Rafael Pérez-Madero.
31/03/2024 - José Vicente Ávila

El Ayuntamiento de Cuenca ha declarado 2024 como “Año Zóbel” y ya en la pasada edición de Fitur dio el primer paso con el lanzamiento del vídeo “Cuenca, profunda fascinación”. La conmemoración para recordar la gigantesca figura humana y artística de Fernando Zóbel de Ayala y Montojo tiene una doble significación de fechas en este 2024, pues el 27 de agosto se cumple el Centenario del nacimiento del pintor filipino que vio la luz en Manila –la luz que le acompañaría en su quehacer pictórico--, en tanto que el 2 de junio se va a celebrar el 40 aniversario de su muerte en Roma, la Ciudad Eterna. Y entre estas fechas de los casi 60 años de vida de Zóbel viajando por el mundo, tenemos que destacar que más de una veintena los dedicó a Cuenca, la ciudad que le enamoró, que le fascinó, que la hizo suya a través del Museo de Arte Abstracto que creó y del cariño que supo granjearse entre los conquenses y vecinos en general y en particular del pintor conquense Gustavo Torner que le invitó a venir a Cuenca… y quedarse.

Fernando Zóbel pisó Cuenca por primera vez en el año 1963 y la conoció de la mano de un cicerone de lujo: su gran amigo el también artista con proyección internacional Gustavo Torner. En aquella primera visita Zóbel ya se enamoró de Cuenca y empezó a pensar la manera de situarla en la élite artística mundial, una vez que conoció el edificio de las Casas Colgadas que se restauraban y gozó con la confianza del alcalde, Rodrigo Lozano de la Fuente, primo por cierto de Torner de la Fuente. Zóbel, que ya había visitado Toledo, no tuvo duda tras conocer las también llamadas Casas del Rey con su casa de la Sirena y allí fundó en 1966 el Museo de Arte Abstracto --avalado por numerosos artistas--, abierto en junio de ese año, tres meses después de la apertura del Mesón Casas Colgadas.

DOMINGO DE RAMOS DE 1964

Pero, mientras planificaba uno de los proyectos más importantes de su vida, Zóbel tuvo oportunidad de vivir de primera mano la manifestación religiosa y social más importante de la ciudad de Cuenca: su Semana Santa. Fue en 1964 cuando Fernando Zóbel contempló por primera vez las procesiones conquenses recorriendo las calles del Casco Antiguo. El Domingo de Ramos, un 22 de marzo de paraguas, ramos y olivos, y niños vestidos a la usanza hebrea, Fernando Zóbel descubría la sencillez de un desfile procesional, que abría la Semana Santa de Cuenca, ya por entonces con predicada fama a nivel nacional.

Zóbel dibujó en su libreta aquellos niños ataviados con ropas hebreas y pequeños nazarenos vestidos de blanca túnica y rojo capuz; palmas amarillas y ramas de la verde oliva. Algunos de sus apuntes nazarenos los publicó en el libro “Cuenca. Sketchbook of a Spanish Hill Town” (Cuenca. Cuaderno de bocetos de un pueblo de montaña español). Junto a los dibujos, la pertinente explicación con su letrilla tan peculiar como inteligible. En el texto del libro explica: “Las celebraciones de la Semana Santa de Cuenca son famosas en toda Castilla. Día tras día, interminables procesiones con imágenes talladas suben en dirección a la Catedral, seguidas por bandas que tocan música lúgubre. Participa toda la ciudad, incluso los niños. La niña obviamente lleva algún tipo de uniforme escolar”.

En otro dibujo del libro, con un nazareno de rojo y blanco y un niño con la banda de la Cruzada Eucarística y un ramo de olivo, apunta Zóbel que “casi todos los varones en Cuenca pertenecen al menos a una de las comunidades religiosas, hermandades o fraternidades cuyas funciones sean de carácter caritativo y naturaleza vagamente social (gran comida una vez al año).” Y añade: “Cada fraternidad tiene sus propios colores distintivos, y los miembros más jóvenes y fuertes pujan y pagan por el privilegio de ayudar a transportar las pesadas imágenes de la Pasión sobre sus hombros, cuesta arriba y cuesta abajo, durante las procesiones”.

Dibujo del libro de Fernando Zóbel Cuenca: Sketchbook of a Spanish Hill Town, con prólogo de Philip

COFRADE DE JESUS CON LA CAÑA

Cuentan quienes le acompañaron en aquella Semana Santa de 1964 que el pintor filipino quedó impresionado. Tanto es así, que Rafael Pérez Madero, amigo y secretario personal de Zóbel, le dio de alta en la Venerable Hermandad de Nuestro Padre Jesús con la Caña, a la que pertenecía la familia Pérez-Madero, y a Rafa hay que agradecer la implicación del pintor con la Semana Santa de Cuenca. Con su túnica y capuz granate, su fajín de cuero y su tulipa, Zóbel desfiló una tarde de Jueves Santo como niño con zapatos nuevos.

Tanto el recordado Rafael Pérez-Madero como Antonio Garrote, que tantos años convivieron con el pintor filipino, me comentaban la sensación que vivió Fernando Zóbel observando con curiosidad desde dentro de la procesión lo que veía a través de los ojos del capuz granate y escuchar los sonidos: las gentes agolpadas en las aceras, unos persignándose, otros mirando las imágenes con respeto y admiración y sentir con extraña emoción el golpear de las horquillas.

Y con todo ese caleidoscopio en movimiento, a través de la mirada interior de los ojos del capuz, los colores de las túnicas y de los capirotes, Zóbel, quedaba totalmente fascinado observando el cortejo colorista de la tarde soleada y luego nocturna que iba serpenteando dobles curvas entre fachadas multicolores, hiedras colgantes y sonidos de músicas en el paso lento ascendiente de aquellos “pasos” que portaban nazarenos que llamaban banceros, golpeando con sus palos de horquillas el empedrado. Fascinación, sonoridad y, al mismo tiempo, silencio en el recogimiento de los penitentes y espectadores.

Además de vivir la Pasión de Cuenca y de participar en ella, si algo hizo Zóbel fue plasmarla con sus lápices. En sus diarios de dibujos aparecen más de una treintena de obras relacionadas con la Semana Santa de Cuenca, páginas en las que Zóbel reflejaba lo que veía al tiempo que desfilaba, lo que sentía mientras contemplaba el cortejo. En su libro “Mis Fotos de Cuenca”, Fernando Zóbel incluyó una preciosa fotografía de las palmas y los ramos en la Plaza Mayor, con el Ayuntamiento al fondo con tapices del escudo de Cuenca en los balcones, y otra fotografía muy artística con las borriquetas alineadas de la Junta de Cofradías, que soportaban el peso de las andas.

Fernando Zóbel, dibujo de Semana Santa en Cuenca. Tinta y acuarela sobre papel. Cuaderno de apuntes

HOMENAJE A ZOBEL EN 2009

A Fernando Zóbel le apasionaba viajar, dibujar y pintar, y Cuenca fue una de sus paradas más frecuentes. Desde el 25 de marzo y hasta el 28 de junio de 2009 se pudo contemplar, y sobre todo disfrutar, en el Museo de Arte Abstracto de Cuenca, la Exposición “Fernando Zóbel: viajar, dibujar, pintar”. Fue una muestra con sus cuadernos de apuntes y dibujos, “pequeños laboratorios de papel de su propio trabajo”, junto a una selección de óleos procedentes de la Fundación Juan March y de coleccionistas particulares e institucionales, algunos de ellos pocas veces contemplados en público, en la que se quiso homenajear entonces al creador del Museo de Arte Abstracto de Cuenca, en el 25 aniversario de su fallecimiento.

La sencillez personal de Fernando se traslucía en su manera de tratarse con la gente, con los vecinos del Casco Antiguo, casi siempre con su máquina de fotos a cuestas y sus cuadernos de apuntes. Quienes tuvimos la fortuna de conocerle y de tratarle, reencontramos en aquella Exposición de 2009 su amor a la Cuenca que le enamoró.

Fernando Zóbel por la calle de San Pedro en 1980. / Foto José Luis Pinós

EL CARTEL DE 2016

Cuando la Junta de Cofradías hizo público que el cartel de la Semana Santa de 2016 sería una obra de Fernando Zóbel, al conmemorarse el cincuentenario del Museo de Arte Abstracto, publiqué en “Las Noticias” que “para la Semana Santa de Cuenca es un hito, y todo un gran logro, que algunos dibujos de Zóbel reflejen y anuncien la celebración de 2016, con todo ese candor que Fernando ponía en sus apuntes, incluidas sus anotaciones”. 

Pues bien, para aquel cartel de 2016 la Fundación eligió la obra titulada “Transparente rosa”. Guillermo Nagore, director de Identidad, Comunicación y Experiencia de la Fundación Juan March y encargado de dirigir el proyecto de diseño del Cartel de Semana Santa señalaba que “este es un cartel que invita a la meditación. Una pintura que se revela a sí misma lentamente". Se trataba de una obra de pequeño formato de 1964, “la época de la eclosión del color en la obra de Zóbel”. “Es una representación abstracta del sentimiento nazareno”, apuntaba la Junta de Cofradías en frase muy acertada.

El propio Nagore explicó que a la hora de escoger la obra para el Cartel tenía tres fuentes: los dibujos de tinta china y acuarela de las caricaturas nazarenas, "sus bocetos de temática religiosa en sus cuadernos de viaje o la abstracción de Zóbel”. La tercera fuente fue la elegida porque como bien explicó Guillermo Nagore “Zóbel  era abstracto y la abstracción consiste en eliminar distracciones”. Finalmente, una parte de los dibujos, 18, se editaron en una carpetilla junto al Volumen de “Cuenca Nazarena”.

Escribí entonces sobre “Transparente rosa”:  “Impacta a primera vista como cartel de Semana Santa. Invita a la reflexión y a la meditación como ha dicho Nagore. En mi caso no me ha sorprendido mucho porque siendo un Zóbel lo esperaba: o sus dibujos nazarenos o una obra abstracta con el lírico y suave color que Fernando plasmaba en sus cuadros. No es una obra hecha por Zóbel para la Semana Santa, que la conoció en 1964, el año de realización de “Transparente rosa”, sino una obra que se ha sabido elegir para “La Pasión según Cuenca”, conociendo desde la Fundación cómo era Fernando Zóbel.

El cartel me sugirió el “rosicler del alba” del Amanecer Santo de Cuenca, el Viernes Santo de clarines desafinados y tambores destemplados, delante de Él, de Jesús de las Seis. En la obra abstracta “Transparente rosa” intuyo mezclados los colores blanco y rojo del Domingo de Ramos, la procesión de los niños que trazó Zóbel en sus apuntes”.

En aquel cartel de 2016, el de la Cuenca Abstracta y nazarena, imagino la tarde de Jueves Santo, con Fernando Zóbel vestido con hábito y capuz de terciopelo granate de Jesús con la Caña, y delante el Amarrado, con ese látigo o  fusta que parece ha quedado suelto en el “Transparente rosa”. 

Un cartel sin duda para el contraste de opiniones, pero todo un símbolo de lo que ha supuesto para Cuenca el Museo de Arte Abstracto, con Fernando Zóbel a la cabeza. La Semana Santa de Cuenca está muy presente en el Museo pionero del abstracto, con variada obra gráfica y pictórica, como la “Semana Santa de Cuenca” de Mompó. Que Roibal, Gustavo Torner, Antonio Saura, Cruz Novillo, Lillo, Zapata y Fernando Zóbel, entre otros grandes artistas, figuren en el catálogo cartelístico de la celebración nazarena, declarada de Interés Turístico Internacional, es todo un logro. Como lo ha sido el arte abstracto en las vidrieras de la Catedral.

En esta Semana Santa de 2024, el año de Fernando Zóbel, no podía faltar el recuerdo para este desprendido artista filipino que se hizo conquense, y que aquí está con nosotros, en el Museo de Arte Abstracto, en el Instituto y la calle que llevan su nombre, en la Estación del AVE y en el camposanto de Personalidades Conquenses de la ermita de San Isidro Labrador (Vulgo de Arriba) --hermandad de la que fue miembro y hermano mayor en 1980--, donde reposa para siempre desde el mismo día que el Ayuntamiento, la ciudad en esencia, le concedió la Medalla de Oro a título póstumo, pues nos dejó cuando aún no había cumplido los sesenta años.

Fernando Zóbel, al lado de Federico Muelas, Luis Marco Pérez, Bonifacio Alfonso Gómez, Miguel Zapata, Florencio Martínez Ruiz y Víctor de la Vega, también cartelista de la Pasión de Cuenca. Tertulia nazarena en el Jardín lirico de la Hoz del Júcar.

. Cartel de la Semana Santa de Cuenca 2016. “Transparente rosa”, 1964.