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Rozalén, una guitarra y la emoción a flor de piel

(GALERÍA DE IMÁGENES Y VÍDEO) La cantautora albaceteña ha repasado su vida y su carrera en el ciclo Nuevos Tiempos para la Lírica, en una charla íntima con Javi Collado en la Fundación Antonio Pérez
Fotos: Rubén Marco
10/10/2026 - Rubén M. Checa

Rozalén ha llegado con una guitarra, muchas historias que contar y ninguna canción preparada. No hacía falta mucho más. La cantautora albaceteña ha convertido este sábado la Fundación Antonio Pérez de Cuenca en un lugar para compartir recuerdos, emociones, risas y alguna que otra confesión. Un encuentro cercano, de esos en los que las preguntas van dando paso a nuevas historias y en los que la música aparece casi sin avisar.

La artista ha sido la protagonista de una de las citas más esperadas de la novena edición de 'Malos Tiempos para la Lírica', en una conversación conducida por el músico conquense Javi Collado, con quien mantiene una estrecha amistad desde que ambos participaron en un proyecto de cooperación en Bolivia en 2007. Esa complicidad se ha dejado notar desde los primeros minutos, cuando Collado ha reconocido que ambos estaban nerviosos porque, aunque han mantenido muchas veces conversaciones parecidas, nunca lo habían hecho delante de tanto público.

Rozalén, por su parte, ha agradecido la invitación y ha reconocido que se sentía como si estuviera en el salón de su casa. Y así ha transcurrido la tarde, con una naturalidad que ha permitido descubrir a la María que hay detrás de la artista, entre las pinturas de Manolo Millares que rodean la sala de la Fundación.

La infancia y la familia han ocupado buena parte de la conversación. Rozalén ha recordado la historia de amor de sus padres, marcada por la condición de sacerdote de su progenitor, que terminó secularizándose para formar una familia. También ha hablado de su madre, de quien ha heredado buena parte de su pasión por la música, y de aquellos primeros años en los que comenzó a tocar la bandurria en la rondalla del barrio de Fátima de Albacete.

No han faltado las anécdotas sobre su adolescencia, sus primeras composiciones o la vergüenza que sentía entonces al reconocer que tocaba la bandurria. Una relación con sus raíces de la que ha llegado a renegar durante algunos años, pero con la que después se ha reconciliado hasta convertir la música tradicional en una parte fundamental de su trayectoria.

También ha recordado sus comienzos en Murcia, donde estudió Psicología y empezó a tocar en bares y pequeñas salas, así como su posterior llegada a Madrid. Allí no todo fueron facilidades. La artista ha contado cómo recorrió distintos locales con sus primeras maquetas buscando una oportunidad, hasta el punto de que en uno de ellos llegaron a echarla de malas maneras. "Me fui llorando", ha confesado, al recordar una época en la que compaginaba la música con trabajos cuidando niños por cinco euros la hora y en la que apenas conseguía pagar el alquiler de una habitación.

Aquellos primeros pasos han dado pie a uno de los momentos más especiales de la tarde, cuando ha cogido la guitarra para interpretar un fragmento de 'Inevitable', de Shakira, una de las canciones con las que abría sus primeros conciertos. La música ha vuelto así a colarse en una conversación que no pretendía ser un recital, pero que ha terminado regalando al público varias interpretaciones en directo.

Uno de los testimonios más sinceros ha llegado al hablar del éxito y del desgaste emocional que ha experimentado durante los últimos años. Rozalén ha reconocido que, pese a todos los reconocimientos recibidos, continúa teniendo miedo a que el público se olvide de ella o a que sus canciones dejen de interesar.

"Tengo mucho miedo a que me olviden", ha confesado, al explicar que la presión más importante no ha procedido de su discográfica, sino de la exigencia que ella misma se ha impuesto durante toda su carrera.

La cantante también ha hablado de la decisión de tomarse un descanso este año, una pausa que ya había decidido antes de quedarse embarazada. Ha explicado que el elevado ritmo de trabajo, entre giras, discos y otros proyectos, había terminado afectándole emocionalmente y que necesitaba recuperar tiempo para sí misma. "Bendita la hora que he parado", ha asegurado, convencida de que también los artistas necesitan vivir, descansar y asimilar sus experiencias para poder seguir creando.

El encuentro ha dejado igualmente espacio para hablar de salud mental. A preguntas del público, Rozalén ha contado cómo comenzó a acudir al psicólogo cuando la repercusión de algunas de sus canciones y los comentarios de odio que recibía en redes sociales empezaron a afectarle. Ha reconocido que continúa trabajando en su bienestar emocional y ha defendido la importancia de pedir ayuda.

Otro de los momentos más emotivos ha llegado al recordar Letur, el pueblo de su familia, al que sigue profundamente vinculada. La artista ha explicado cómo compuso 'Entonces', una canción en la que reunió recuerdos de su infancia y que adquirió un significado especialmente doloroso tras la DANA que devastó el municipio. Ha reconocido que tardó cuatro años en terminarla porque tenía tantos recuerdos que le resultaba difícil elegir cuáles incluir.

Después, con la guitarra entre las manos, la ha interpretado ante un público que ha podido viajar con ella a esos años de infancia, a las casas familiares, a los abuelos y a las pequeñas cosas que permanecen en la memoria. Al terminar, la emoción ha dado paso a una de las reflexiones más bonitas de la tarde: la artista ha reconocido que, cuando canta, siempre se pregunta si todo aquello que siente por dentro también consigue llegar a quienes la escuchan.

La actualidad social tampoco ha quedado fuera del encuentro. Rozalén ha reflexionado sobre la polarización, la falta de diálogo y la dificultad de mantener relaciones personales con quienes piensan de manera diferente. Ha defendido que las discrepancias no deberían impedir el respeto y ha adelantado, incluso, que está componiendo una canción precisamente sobre el esfuerzo que supone seguir queriéndose pese a tener ideas distintas.

Entre preguntas y respuestas, también ha hablado de sus referentes musicales, de su relación con la música tradicional, de su admiración por otros artistas y de la satisfacción que le produce haber terminado compartiendo escenario con muchos de los músicos a los que escuchaba cuando era pequeña.

La cercanía con el público se ha mantenido hasta los últimos minutos. Una de las asistentes ha querido tranquilizarla después de escuchar sus temores sobre el futuro, asegurándole que ha dejado una huella demasiado importante como para que la gente pueda olvidarla. Rozalén ha agradecido sus palabras y ha reconocido que está trabajando para que su regreso a la música sea especial. "Mi vuelta tiene que ser potente, tengo que sorprenderos", ha avanzado.

Tampoco se ha marchado sin dedicar unas palabras a Cuenca. Entre risas, y después de un pequeño lapsus geográfico, ha confesado que es su ciudad favorita de Castilla-La Mancha y ha defendido el encanto de una capital que, a su juicio, merece ser mucho más conocida y valorada.

Para despedirse ha elegido 'Efímera', una de sus composiciones más personales y vinculada precisamente a esa necesidad de parar. Una interpretación que ha puesto música a muchas de las emociones compartidas durante la tarde y que ha dado paso también a algunos versos de su querido repertorio tradicional.

Así ha terminado una cita en la que Rozalén no ha necesitado grandes escenarios ni artificios para conectar con el público. Le han bastado una guitarra, la complicidad de un buen amigo y las ganas de compartir lo que siente. Porque, durante unas horas, la Fundación Antonio Pérez no ha acogido solamente a una de las voces más reconocidas de la música española, sino también a esa María cercana, espontánea y sensible que sigue encontrando en las canciones una manera de contar su vida y entender el mundo.