Marta Díaz expone sus últimos trabajos en la Fundación Antonio Pérez
La familia, con sus comuniones y bautizos, sus bailes verbeneros, sus excursiones al río, sus vacaciones en la playa, sus siestas de verano, protagonizan la obra más reciente de Marta Díaz (Cuenca, 1968), que hasta el 18 de octubre la expone en la Fundación Antonio Pérez de la capital bajo el título ‘Todas las familias, algunas personas y... pocos gestos’. Fotografías familiares que tenía en casa impresas, “como ya no sé si las va a tener la gente de las nuevas generaciones”, le han servido de inspiración para una serie de retratos en acuarela intencionadamente algo desdibujados con el fin de “quitarles la identidad propia de mi familia para que todo el mundo se pueda reconocer en ellas, identificarse”.
A estos dibujos añade retratos a lapicero de personas a tamaño real, algunas de las cuales las ha distribuido por distintos rincones de la capital, y una serie de pequeños cuadros bordados con hilo de oro en los que ahonda en la identidad y los gestos de las personas. “Siempre que indagas en las personas indagas, al fin y al cabo, en ti misma”, cuenta. Exponer en la Fundación Antonio Pérez, cuenta, es “un lujo”. Máxime en una ciudad que, pese a contar también con otros “estupendos” museos como el de Arte Abstracto, “el punto de referencia, donde empezó todo”, o la Fundación Antonio Saura, a su entender “hay pocas oportunidades. La Casa Palacio también estaba muy bien pero me han dicho que han cerrado, con lo cual se van cerrando puertas. Siempre nos quejamos de que en esta ciudad no hay cosas, pero luego ocurre que, cuando las hay, no vamos a verlas: los conquenses no nos movemos mucho”.
Licenciada en Bellas Artes en la Facultad de Cuenca, Marta se siente cómoda pintando en los ratos libres que va encontrando. Su principal ventaja, que al no vivir de la pintura (es profesora de Dibujo en Priego), puede hacer “lo que quiero y cuando quiero, con libertad para no tener que estar pendiente de las modas ni de nada”.
Su diplomatura en Restauración le llevó con anterioridad a dirigir durante diez años el taller de restauración de la Diputación Provincial, y se trata de otra faceta suya que mantiene activa. “Mientras que vivir de la pintura es muy difícil, porque hay mucha gente, y si con la crisis no se compran casas cómo se van a comprar cuadros, en la restauración hay más oportunidades para salir adelante”, opina. En la actualidad está restaurando unos cuadros antiguos de un particular y ha tenido muchos encargos de las hermandades de la Semana Santa, para pasos como La Exaltación, el Cristillo de Paz y Caridad, el Jesús Nazareno de Medinaceli o las andas del Jesús Resucitado.
Preguntada por las nuevas generaciones, esta residente en Villalba de la Sierra reconoce que fácil no lo tienen, pero no duda en insuflarles ánimos. “Veo a mi sobrina que acaba de terminar Bellas Artes y anda con un máster y ves que lo tienen complicado, sí, pero hay que animarles. No tienen que perder la ilusión porque, por uno u otro lado, todos salimos adelante”.