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Enrique Asensi: el escultor que encuentra el arte sin buscarlo

Este escultor afincado en Alemania expone hasta enero de 2018 quince de sus esculturas y cinco cuadros en la Fundación Antonio Pérez

18/10/2017 · Gorka Díez

Una quincena de esculturas, nueve de ellas de gran formato, realizadas en acero corten, dolomita y granito alemán, a las que se suman cinco cuadros hechos con cera, componen la exposición ‘Serendipia’, del valenciano afincado en Alemania Enrique Asensi, que hasta el 7 de enero acoge la capilla del Centro de Arte Contemporáneo de la Fundación Antonio Pérez en Cuenca capital.

“El nombre de la muestra es una palabra griega que habla del fenómeno que supone encontrar algo sin buscarlo. Un encuentro fantástico que a mí es lo que me ha pasado con estas piedras, que me las he ido encontrando en la cantera ya con unos óxidos que para mí son como una pintura de gran calidad. Entonces, mi intervención en ellas ha sido mínima”.

Las piedras se funden con el acero (“las engarzo con el hierro o ellas se engarzan al hierro”). Un hecho que para esta escultor no es nada especial, pues entiende que no son materiales diferentes. “El hierro sale de la piedra, cuyo colorido proviene de los óxidos de hierro. Así que no junto nada que no sea natural, opuesto. Lo que pasa es que la industria y la sociedad han industrializado el hierro y yo lo he vuelto a juntar con la piedra, devolviéndolo a su origen”.

Juntos, crean formas en dos dimensiones que pueden interpretarse como “espejos que reflejan el interior del espectador o puertas que te permiten traspasar a algo desconocido, mientras que otras remiten a aberturas por donde se puede fluir a través de la materia”.

Por ejemplo, en una de las obras, ubicada sobre el antiguo altar, el artista vislumbra el relieve de un cristo que identifica con el cristo de hierro de la iglesia de la calle San Pedro. “En cuanto vi al cristo en mi primera visita a Cuenca lo reconocí con esta obra que tenía de piedra de una cantera, cuyo relieve apareció en cuanto partí el bloque. Esta dualidad insólita hizo que trajera la escultura aquí”.

Aunque, en realidad, cada espectador puede encontrar en estas piezas su propio significado. “Exactamente. Es una cosa muy subjetiva y personal”.

Al ser la mayoría de sus esculturas de tan grandes dimensiones, más que para exponerse en un museo parecen concebidas para brillar al aire libre, al modo de las setas y piñas del conquense Vicente Marín. Es lo que sucede con varias de sus obras, que decoran el amplio jardín de su casa en Avinyonet del Penedès, a 30 kilómetros de Barcelona, las cuales podrían funcionar como un museo en plena naturaleza de estar abierto al público.

Más pequeños son los cinco cuadros que acompañan la muestra, hechos con cera, Asensi considera que este es “un material fantástico, que como escultor me gusta utilizar porque es muy frágil y eterno a la vez. Lo puedo tratar con fuego, con cuchillo, con cinceles… Y sigo los pasos de los iconos de cera que hablan de sacrificio, de amor, de espiritualidad… Unas heridas que provoco en los cuadros para hablar de la génesis, de cómo se forma el ser”.

La escritora venezonala afincada en Cuenca Cristina Falcón, amiga de Asensi, y “hada madrina” para que esta exposición se hiciera realidad, define el arte de este escultor como “una forma de nombrar lo inefable, lo que no se puede expresar con palabras”. Y Asensi está de acuerdo.

Alemania

Aunque tiene residencia en Barcelona, donde este artista pasa la mayor parte de tiempo es en Colonia (Alemania), país al que se marchó al poco de licenciarse en Bellas Artes en Valencia y donde se ha abierto camino en el arte.

“El ambiente del coleccionismo en Alemania es naturalmente mucho más amplio que en España. Hay mucho arraigo y tradición y por eso creo que se puede vender más y vivir mejor del arte. Aquí hay muy buenos coleccionistas pero son más escasos. En Colonia por ejemplo hay una zona de personas con mucho poder adquisitivo, de casas con jardines, con más coleccionistas que por ejemplo en todo Berlín. Y también Düsseldorf o Salzburgo, donde próximamente expondré en el parque de un castillo unas esculturas grandísimas. Esto hace que lo tenga casi todo enfocado hacia allí”, cuenta. Aunque tampoco pierde el contacto con España. Una muestra es esta exposición o la que el año que viene tiene previsto en el Museo de Montserrat de Barcelona. Esto obligará a que sus pesadas esculturas tengan que recorrer muchísimos kilómetros. Pero, seguramente, el público de su país lo agradecerá.

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