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7 de Agosto de 2020 Son las 20:47

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Especial Semana Santa 2020

Rosario La Tremendita y el nudo flamenco

La inquieta creadora flamenca cierra una edición de Estival Cuenca marcada por el éxito de público, la calidad artística y las medidas de seguridad por la Covid

Rosario La Tremendita y el nudo flamenco
Fotos: Evelyn Mardomingo // Mario Gómez
2/8/2020 · José An. Montero

Un 28 de febrero del año 1996 se rompió un muro y dos mundos se encontraron. Se celebraba el IV Festival Flamenco en el Teatro Albéniz de Madrid con el acertado lema Creadores. En esta edición, fueron invitados Enrique Morente y Tomatito que llevaban un año haciendo recitales juntos. En los bises, tras ellos aparecieron los Lagartija Nick para acompañar la primera interpretación de Omega en directo. Después de ese momento, nada volvió a ser lo mismo en la música española. No hablamos de fusión sino de encuentro, de mirarse a la cara y reconocerse.

Al día siguiente, Ángel Álvarez Caballero tituló su crónica en El País "Morente en el laberinto" que terminaba diciendo, "A la salida, discusiones apasionadas entre la audiencia. Lo habitual cuando canta Morente". Era el viejo mundo que desaparecía. Morente había roto las paredes del muro, como cuando Alejandro Magno rompió el nudo gordiano, aunque en este caso no "monta tanto cortar como desatar".

Rosario La Tremendita tenía entonces doce años y del maestro aprendió a romper los muros que nos atenazan y nos oprimen. Buscó su propia manera de expresar el flamenco con el bajo eléctrico, el mono de faena y las botas. El camino nunca fue fácil para los que tienen que apartar la maleza por primera vez.

Afortunadamente, hoy conviven las distintas maneras de entender el flamenco y es posible disfrutar en la misma velada de las formas más puras, esenciales y estéticas de Virginia García Vicente acompañada del guitarrista Enrique Bermúdez y de la magnífica cantaora Sonia Cortés, con el flamenco electrificado de Rosario La Tremendita en el concierto que cerró la edición de Estival Cuenca de este año.

Poco se puede decir ya de la magnífica bailaora que es Virginia García Vicente, que desde su tablao-escuela Ría pi ta, tanto está haciendo de bien por el flamenco, que cada año nos sorprende con un espectáculo completamente renovado y que ha formado tándem en los carteles de Estival junto con José Enrique Morente, Rocío Márquez o Arcángel y que este año se presentó en Estival acompañada con la soberbia Sonia Cortés, que con Bego Martínez y el propio Enrique Bermudez, forman parte del espectáculo "Voces de Mujer"

Tras ella, Rosario La Tremendita. Reinterpretando los códigos desde el dominio del clásico. Serranas, seguidillas, tangos, coplillas que en la voz de La Tremendita se convierten en herramientas de libertad, que aprendiendo del maestro busca su propia poetisa que la acompañe en la palabra. La turbulenta poesía de la norteamericana Anne Sexton le sirve de guía. "Camino metida en un sobre sin sellos postales para este viaje", un verso de la poeta que parece escrito para ella.

En este tercer concierto de La Tremen en la nueva normalidad, no hizo un repaso de su disco "Delirium Tremens" (1998), sino que regaló un repertorio donde hubo lugar para el redescubrimiento y la novedad, donde las piezas se iban entrelazando unas con otras sin que se notaran las puntadas. No es Rosario mujer de muchas palabras en el escenario, la timidez y la naturalidad definieron sus intervenciones ante un público distanciado y enmascarillado que trataba de mostrar con aplausos al finalizar cada pieza su agradecimiento.

Sin espacio para la cobardía, ni para las etiquetas, ni para el fingimiento, Rosario la Tremendita alterna bajo y cajón en el escenario. Mono color rojo sangre y rojo vida con alas de lentejuelas plateadas a la espalda, su ya clásico rapado en el lateral izquierdo y unas infinitas ganas de respirar y crear, siguiendo la senda que abrió en el muro el maestro Morente.

El concierto de La Tremen, que pareció un suspiro, tuvo sus puntos álgidos en los momentos de electricidad atronadora y en los momentos de sencillez más pura, cuando en el bis, regaló unas coplillas que le cantaba su bisabuela Enriqueta la Pescaera, mientras que los soberbios Pablo Martín y Juan Ferreres que la acompañaban en el recital, pasaban a un segundo plano tras las percusiones. Un homenaje sentido y reivindicativo de la mujer libre de hoy a más de cien años de tradición flamenca. Lo jondo es congénito, la libertad creativa adquirida y peleada.

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