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La Virgen de la Luz mira ya a su restauración interior

El Consorcio restaurará este verano las portadas de piedra mientras prepara el proyecto para intervenir en el interior del templo
Fotos cedidas por Santiago Domínguez Solera
22/07/2026 - Eduardo M. Crespo

Hay lugares que resumen siglos de historia de una ciudad y la iglesia de la Virgen de la Luz es uno de ellos. ¿Sabías que el templo de nuestra patrona que hoy conocemos surge de la unión de dos iglesias? ¿Y que durante siglos formó parte del conjunto del antiguo Hospital de San Antón? La restauración impulsada por el Consorcio de la Ciudad de Cuenca no solo está recuperando uno de los edificios más emblemáticos de nuestro patrimonio, sino que además está permitiendo reconstruir su evolución histórica y preparar la intervención que devolverá al interior del templo buena parte de su riqueza artística.

La iglesia de la Virgen de la Luz afronta ahora la etapa más decisiva de su rehabilitación. Tras concluir una primera fase centrada en resolver los problemas estructurales que presentaba el edificio, el Consorcio dirigirá sus esfuerzos hacia la restauración de las portadas de piedra y la recuperación del interior, “una intervención que permitirá actuar sobre pinturas, dorados y frescos” y que seguirá desvelando la historia de uno de los edificios más singulares de la capital.

La actuación más inmediata será la restauración de las dos portadas de piedra, ya adjudicada y cuyo inicio está previsto para las próximas semanas. La intervencón afectará a la portada renacentista situada en el lateral izquierdo del templo, la más antigua y la que presenta mayor deterioro, así como a la puerta principal, levantada en el siglo XVIII y modificada posteriormente.

El arquitecto del Consorcio, Daniel León, explica que el remanente de la subvención que financió la primera fase ha permitido dar un paso más. “Con el dinero que quedó hemos podido hacer dos cosas fundamentales: el estudio de las pinturas del interior, realizado por restauradores para conocer las distintas capas pictóricas, y la restauración de las portadas de piedra. Ese estudio nos da la base para redactar el proyecto de la siguiente fase, que será el interior de la iglesia”.

La redacción de ese proyecto será la que determine el alcance definitivo de la intervención y también su coste. La intención del Consorcio es impulsarlo tras el verano, aunque la ejecución dependerá de la disponibilidad presupuestaria.

“Es una obra muy delicada y de especialistas. Queremos definir bien cómo intervenir para que pueda restaurarse el interior sin afectar al uso habitual de la iglesia y será ese proyecto el que marque el coste real de toda la actuación”, señala León, quien reconoce que, por los plazos administrativos y la envergadura de la obra, “lo más probable es que nos vayamos a 2028” para su ejecución.

Mientras arquitectos y restauradores preparan esa futura intervención, la primera fase ha permitido avanzar también en el conocimiento histórico del edificio. El arqueólogo del Consorcio, Santiago Domínguez, ha desarrollado un estudio de arqueología de la arquitectura con el que ha analizado la evolución constructiva del templo a partir de sus propios muros, cubiertas y elementos arquitectónicos.

“Lo que hemos intentado es estudiar la evolución histórico-arqueológica y constructiva del templo. Igual que un yacimiento arqueológico evoluciona desde las capas más antiguas hasta las más recientes, en una iglesia ocurre exactamente lo mismo. Analizando cada elemento arquitectónico hemos podido reconstruir cómo ha ido evolucionando el edificio a lo largo de los siglos”, explica.

 

Imagen del entorno del antiguo Hospital de San Antón y de la iglesia de la Virgen del Puente. Foto c
“Originalmente había dos iglesias que terminaron fusionándose para levantar el templo actual”

 

 

Ese trabajo ha permitido confirmar una hipótesis que desde hace años defendía el historiador del arte Pedro Miguel Ibáñez: la iglesia actual surgió de la unión de dos templos anteriores, una circunstancia que todavía puede apreciarse en determinadas zonas del edificio.

“Hemos corroborado esa hipótesis de que originalmente había dos iglesias que terminaron fusionándose para levantar el templo actual. Desde el interior resulta difícil apreciarlo porque todo quedó unificado, pero en la parte posterior todavía pueden verse esas adaptaciones que explican cómo fue evolucionando el edificio”, señala Domínguez.

Las investigaciones también han permitido documentar las numerosas transformaciones sufridas por el templo durante los siglos XIX y XX, especialmente las derivadas de las restauraciones acometidas tras la Guerra Civil. Fotografías históricas, inspecciones realizadas durante la obra y pequeñas catas efectuadas por las restauradoras Montserrat Soriano y Rosa Marina han servido para reconstruir esa evolución y conocer mejor el aspecto que tuvo la iglesia en distintas épocas.

Esas microcatas serán ahora fundamentales para abordar la futura restauración del interior. Gracias a ellas ha sido posible identificar repintes, modificaciones cromáticas y distintas capas pictóricas que ayudarán a definir la intervención.

“Las microcatas nos han servido para localizar los cambios de color, los repintes y las distintas modificaciones que ha ido sufriendo la iglesia. Con toda esa información podremos plantear una propuesta para acercarnos a la policromía histórica y entender mucho mejor cómo era el templo cuando fue concebido”, explica el arqueólogo.

La investigación, sin embargo, está lejos de haber terminado. La futura restauración permitirá seguir completando la historia constructiva del edificio y descubrir nuevos detalles de cada una de las etapas por las que ha atravesado. “Tenemos constatada la evolución del templo desde el Renacimiento hasta la actualidad y, conforme podamos intervenir en el interior, iremos descubriendo nuevas fases y nuevos elementos”, concluye Domínguez.