Tríptico de la fiesta matea (la Vaquilla)
En estos tres textos, escritos entre 2007 y 2010, José Vicente Ávila hace un esbozo del significado y tradición de la fiesta de San Mateo, que conmemora la Reconquista de Cuenca en 1177 por el rey Alfonso VIII. Se incluye el ripio dedicado a la Peña “El Mandil”, tras recibir el mandil de honor en 2007.
La vaquilla reglamentadaLa celebración de la Vaquilla de Cuenca se regula mediante el Reglamento de Festejos Taurinos Populares de la Comunidad de Castilla-La Mancha, de 28 de julio de 1998, amén de estar igualmente regulado el desarrollo de la fiesta taurina en la ordenanza municipal, bando en el que el alcalde de la ciudad dicta una serie de normas que se deben cumplir y en las que prima de manera especial el respeto a los animales. Entre el articulado destaca el doble vallado, la edad de los participantes y sobre todo el hecho más importante de evitar todo peligro, cuestión en la que tienen una misión importante los maromeros.
Se suelen comentar en foros abiertos, como en las recientes jornadas sobre la historia de la fiesta, algunos aspectos de cómo era “antiguamente” la vaquilla, con las reses de media casta provenientes de Buenache o las bravas que llegan ahora desde Zafrilla, Mariana y a veces de La Carolina, en el sentido de que solían pasar a los establecimientos públicos e incluso a algunas zonas valladas, en algún caso hasta San Miguel, al olor de las patatas asadas y las sardinas saladas. Todo aquello ya pertenece a nuestra historia matea, dado que el aludido Reglamento de 1998 viene a dar carta de naturaleza a una tradición que estuvo a punto de suspenderse para siempre, de no haber sido reguladada dentro del conjunto de festejos populares de nuestra región.
Recuerden el contencioso de 1983, con Manuel Miralles Sangro como gobernador civil de la provincia de Cuenca, dispuesto a hacer cumplir la Ley y a dejarnos sin vaquilla por no estar incluido el festejo dentro de la nueva normativa. Hubo que hacer auténticos “quites” y “largas cambiadas” para superar aquellos difíciles momentos. Desde 1998, las exigencias son mayores, pero la fiesta está garantizada.
Por ello bueno es recordar lo sucedido en España en 1908, cuando el ministro La Cierva prohibió los festejos taurinos populares, con la Circular del 5 de febrero de aquel año. Sólo se podían celebrar corridas y novilladas. Así, desde 1908 y hasta 1921, Cuenca no pudo celebrar la fiesta de la Vaquilla ni para San Julián ni en San Mateo.
Y fue en 1922 cuando de nuevo la vaquilla enmaromada volvió a la Plaza Mayor (plaza del Rollo), de la mano del alcalde Torralba, que las incluyó a última hora en el programa de San Julián y los días 20 y 21 de septiembre. “El Día de Cuenca” publicaba la noticia bajo el título “Lo que nadie esperaba”, el 1 de septiembre de 1922: “porque en él vuelve a resurgir un festejo típico, tradicional, de honda raigambre, popular, no presenciado aún por quienes esto escriben, pero altamente loado por sus más decididos partidarios y entusiastas. Tal es la vaca enmaromada. Este espectáculo, que gobernantes previsores suprimieron con recio tesón promovedor en sus días remotos de apasionamiento y oposición, tiene para los que no lo han visto, con sus propios ojos, un ardoroso interés y no escasea de originalidad quien al resucitarlo en la época actual, se rinde al halago popular sirviéndole un plato de su gusto”.
(19-09-2007)
A la Peña “El Mandil”, símbolo de la amistad
Cada 16 de agosto, en un balcón del “Mangana”,
y en la fiesta de San Roque, de ese día,
la Peña el Mandil, muy de mañana,
anuncia que para San Mateo sólo faltan 32 días.
Late el corazón festivo, y entre sorbo de manzanilla,
la peña de blancos fulgores y rojo ribeteado,
prepara la genuina fiesta de la Vaquilla,
con mandil de honor para un homenajeado.
No es el mandil una prenda cualquiera,
es el símbolo de la amistad duradera
pues esta peña es la primera
en anunciar nuestra fiesta señera.
Veinte son sus socios omnipresentes
dieciocho de ellos presidentes…
Con su tesorero y el intendente
para que todo vaya al corriente.
Pregoneros y porta-pendones,
cirujanos, músicos y dentistas,
aquí están todas las profesiones
y todos, amigos, conquenses peñistas.
Almuerzan y corren la vaca, gritando, eh, eh,
disfrutan con sus invitados,
prodigan la fiesta en confines y condados
y acaban de estrenar página weeeebb
Levanto mi copa y, el Mandil de esta peña,
para que cada San Mateo, con el Rey Alfonso Octavo,
podamos mostrar en Cuenca nuestra Enseña
¡por siempre jamás!, y con esto acabo.
La Fiesta de la Reconquista une muchos sentimientosLa fiesta de la Reconquista de Cuenca, o sea, la Vaquilla, une muchos sentimientos y recuerdos. Las familias se reencuentran y los amigos hacen piña, entre hogazas y pan de leña con tajadas, sardinas saladas, patatas asadas y cómo no, unas gachas conquenses que por aquí están de concurso de toma pan y moja. Y cómo no, el caldo de la tierra, bien en bota o convertido en zurra, o entre botellín de cerveza que es como el canto de la amistad de mano en mano.
Judías y arroces no faltan, sobre todo la gran paella “para 500” que Miguelete Quejido llevó en su camión de cajón de sastre, niquelado por el gran Martorell, estos días ataviado con su chistera de los “enemigos del agua”. Recordamos, cómo no, a los ausentes, que desde lejos viven la fiesta en el corazón. Mi cariño para David en Alemania y Diego en Talavera de la Reina, con su niña Laura que será matea aquí y allí.
El Casco Antiguo se reviste de fiesta. Los maderos que conforman la valla le dan ese aire de fiesta de toros popular, que cada tarde, a eso de las cinco, cuando la Banda que dirige Aguilar, nieto de Pataco, termina su selección de pasodobles, pone su aire de emociones tras el cohete lanzado por Julito. Es la Vaquilla, en toda su extensión, una fiesta que rezuma todo lo popular; es el pueblo el que celebra, al unísono, tan histórica efeméride como la de que Cuenca fuese ganada para la cristiandad por el rey Alfonso VIII. Hace 30 años, con ocasión del Octavo Centenario, se acordó en pleno municipal que el rey que dio a Cuenca un Fuero tan especial, contase con un monumento en el Casco Antiguo. Bocetos y proyectos los hubo de Gustavo Torner, Cid de Diego, Lorenzo Redondo y algunos más, que duermen el sueño del olvido. Las perras que provenían de una corta especial de pinos para el acontecimiento se debieron gastar.
Al menos tenemos la gran obra de Zapata en Diputación, con la entrega de llaves de la ciudad al rey conquistador, pero el pueblo siempre ha querido ver a Alfonso VIII en bronce, cabalgando por el Casco Antiguo. Quizá algún año.
Si este San Mateo 07 va a pasar a la historia por algún momento relevante es ya por la presencia, por vez primera, de una mujer portando el Pendón Real de Alfonso VIII, al que Mosén Diego de Valera también llamaba grimpola, además de estandarte, bandera y guitón. La concejal Paula de la Torre Cañizares ha tenido tal honor de prometer y guardar una enseña que tiene tanto simbolismo. Estos días hemos podido ver por la plaza a otros ediles que cumplieron tal honor y mantienen su cita matea a través de las peñas o de forma personal: Silverio Osa, Rafael Palacios, Pedro José Hidalgo, Mario Fernández. La Peña “El Mandil” cuenta con cuatro pregoneros y dos pregoneras. Ya sólo faltan 366 días para el próximo San Mateo, que es bisiesto.
No ha faltado a su cita, allí sentado en la puerta del Mangana, como fiel vigía mateo el escritor y poeta, José Luis Lucas Aledón, que fue el iniciador de los pregones, en 1984, y cuyo gracejo y prosa literaria sale a la rosa de los vientos entre sus luengas barbas. Con su “garrote vil”, a mano, para hacer camino al andar; intenta aún algún quiebro a la reja para pedir una cerveza y anunciar que su próximo viaje literario será por los hocinos de Cuenca. Hoy es 21 de septiembre y por este año se declara fiesta local. La ciudad vive la celebración con todo su esplendor.
(21 de septiembre de 2007)

No hace falta tocar a rebato para que las gentes de Cuenca suban a la Plaza Mayor por San Mateo, pues desde siglos pasados celebra la ciudad la Conquista del rey Alfonso VIII, hecho ocurrido según la Historia el 21 de septiembre de 1177. Ocurre que desde hace más de 30 años, las peñas mateas inician su ruidoso y colorista desfile hasta el Casco Antiguo, para vivir cuatro días de fiesta en torno a la vaquilla y a la merienda, con una serie de actos más solemnes el 20 y 21, que le dan ese realce histórico a la fiesta cívico-religiosa.
En este 2010, de momento, el buen tiempo de la despedida del verano se ha hecho presente, tras el pregón musical de Arturo Martínez Barambio, pues parece que este año es el de la música, pues además de las sentidas palabras de Arturo, con sonidos musicales de acordeón, guitarra y dulzainas, hay que resaltar la edición del CD de pasodobles conquenses, entre taurinos y mateos, a cargo de la Banda de Música de Cuenca, que bien había merecido una fotografía en la carátula por aquello de la novedad.
Estas fiestas de la Reconquista, que no son sólo de zurra y vaca, parece que también están logrando, poco a poco, que tengan ese toque histórico que realmente es su esencia, y por ello es motivo de satisfacción la presencia un tanto a última hora, porque no figura en el programa, del grupo de recreación histórica medieval “Conca”, que ya en el acto del pregón se hizo presente con la representación del rey Alfonso VIII, por parte de uno de sus componentes, y que va a tener presencia activa en los actos del traslado del Pendón Real de Alfonso VIII, amén de representar en las escaleras de la Catedral el nombramiento de investidura de un sargento templario.
Todo esto, junto a otras iniciativas como las de la Peña “El Mandil”, con su peculiar programa de actos, cargado de humor y de sorna matea, o “La Jota de la Vaquilla” que interpreta Herminio Carrillo, siempre acompañado de voluntarios acompañantes, le dan a estas fiestas de tanto sabor conquense ese plus de iniciativa propia, ante la programación oficial. Buenas son todas las iniciativas, y negativas son la ostentación de tanta zurra y de orines en la calle. No todo vale en San Mateo.
Quizá uno de los actos excepcionales de esta Vaquilla-2010, sea el acto de hermanamiento de las ciudades de Cuenca y Plasencia, pues son muchas las similitudes de ambas ciudades, conquistadas por Alfonso VIII, y en las dos figuran dos estatuas ecuestres en bronce del rey conquistador. Incluso el Fuero de Plasencia es muy similar al de Cuenca, ciudad de la que gracias a las dotes de Alfonso VIII hizo extender la popular frase de “Di que eres de Cuenca y entrarás de balde”. Que se hermanen dos ciudades en las fiestas de San Mateo es todo un acontecimiento que engrandece la propia historia, pero no es la primera vez que ocurre, ya que en el año 1975, Cuenca y Ronda se hermanaron, con un solemne acto celebrado el 20 de septiembre en el ayuntamiento.
Desde entonces tenemos la Plaza de Ronda muy cerca del puente de San Pablo, como recordando el Tajo rondeño, al asomarnos a la hoz. De Plasencia se espera alguna calle o plaza en el Casco, para no perder la costumbre de ciudades hermanadas, aunque sí quedará para siempre ese libro dedicado a Plasencia por Jorge J. Torres Arroyo, placentino y conquense de corazón, que desde allá arriba verá cumplido su sueño de hermanar a Cuenca y a Plasencia por San Mateo. Lo dicho, las fiestas mateas recuerdan que desde 1177, Cuenca fue conquistada para la cristiandad y la cultura, y ello lo celebramos cada año, “por siempre jamás”.
(20 de septiembre de 2010)
