De correr la vaca a estar entre fogones
Ricardo García Pérez conoce San Mateo desde dentro y desde muchos puntos de vista diferentes. Hace años, antes de ponerse al frente de los fogones y convertir la cocina en su profesión, corría las vacas en la Plaza Mayor. De hecho, fue el primero en obtener el título a mejor corredor en los años 90. Ahora, dos décadas después, vive la fiesta de una manera distinta, rodeado de sartenes y con la responsabilidad de preparar la comida para cientos de personas.
Este año, la peña ‘La vaca grillá’ le ha contratado para preparar las comidas, meriendas y cenas para las 300 personas que la integran, lo que le convierte en una figura clave de la celebración, aunque el trabajo, tal y como el mismo reconoce, es “intenso”. Y es que, como podrán imaginar, preparar comida para tanta gente no es una tarea fácil, ya no solo por tener que calcular las cantidades, sino por lo que supone subir todos los ingredientes y utensilios necesarios a la parte alta de la ciudad. “Necesitamos sartenes, bombonas de butano, planchas... hay infraestructura detrás”, cuenta.
En este caso, el menú será paella, caldereta, macarrones y bocadillos, entre otras elaboraciones, y todo se hará allí mismo, en la peña, porque si hay algo que le diferencia es que cocinan in situ y con materias primas compradas en Cuenca. “Me gusta que el dinero se quede aquí y colaborar con las carnicerías y las empresas de alimentación de la ciudad”, subraya.
Eso sí, la experiencia juega un papel fundamental. Catering Ricardo, su empresa, lleva 20 años cocinando para fiestas patronales y eventos y sabe que cuando se trabaja para cientos de personas no hay margen para quedarse corto. “Yo no puedo ir a un sitio y que me falte un plato de comida”, explica. Por eso siempre calcula por encima y, si para 400 comensales necesita 40 kilos de arroz, prefiere preparar 45.
Una forma de trabajar que ha aprendido después en estos 20 años. Catering Ricardo comenzó, en realidad, de una manera sencilla. Ricardo cocinaba en casa, para los amigos, porque “tenía mano” y poco a poco aquello que empezó casi como una afición fue creciendo hasta convertirse en su profesión.
“Empezamos con mucha menos demanda, pero ahora la verdad que nos va muy bien y estamos casi en todos los pueblos”, cuenta. Y la paella es la gran protagonista de sus encargos porque es, con diferencia, lo que más le encargan, aunque su oferta es mucho más amplia ya que ofrece servicios de catering completos, con montaje de mesas y cubertería para bodas, comuniones, bautizos y todo tipo de celebraciones de hasta 2.500 personas.
Una dimensión que obliga a que cada evento esté perfectamente calculado y a que el equipo crezca en función de las necesidades. “Normalmente trabajábamos mi mujer, mi hija, mi yerno y yo, pero contrato gente según la necesito”, explica. Y en parte, la clave de su éxito está en el boca a boca y en las redes sociales, que le han ayudado a darse a conocer en la provincia.
Con todo, Ricardo y su familia vivirán este San Mateo de una manera diferente, pero seguirán formando parte de la fiesta, esta vez entre calderetas y paellas para ‘La vaca grillá’.