Más del 40% de los universitarios se quedan en las residencias por la subida del alquiler
Encontrar un piso para compartir en Cuenca es cada vez una tarea más complicada y cara para los estudiantes universitarios. La subida de los alquileres y la menor disponibilidad de viviendas está modificando las decisiones de quienes llegan a la ciudad para cursar sus estudios superiores. Por ello, las residencias universitarias, que tradicionalmente podían ser una solución para los primeros años de carrera antes de dar el salto a un piso compartido, se están convirtiendo cada vez más en una opción de permanencia.
Así lo reflejan los datos facilitados por el Gobierno regional, ya que de las 495 plazas que se ofertan en total –entre las residencias Alonso de Ojeda, Juan Giménez de Aguilar y Bartolomé de Cossío– 218 las disfrutarán estudiantes que ya habían sido residentes y que continúan su estancia un año más. Es decir, el 44,04% de las plazas ofertadas para este curso 2026/27.
“El precio de las residencias es público, ajustado y no ha variado en los dos últimos años y cada vez más jóvenes y sus familias optan por no abandonar las residencias”, explica José Antonio Castro Osma, director general de Universidades, Investigación e Innovación de Castilla-La Mancha.
Y es que, hay una diferencia económica significativa. Una habitación individual con manutención incluida tiene este curso un precio de 532,50 euros al mes, mientras que la habitación compartida se sitúa en 484,89 euros. En el caso de los apartamentos universitarios, las tarifas son todavía inferiores ya que por habitación individual se pagarán 234,88 euros al mes y 210,47 euros por una compartida.
Por ello, no es de extrañar que la demanda haya aumentado este año un 51,67% respecto al curso 2021/22. Y es que, las residencias universitarias conquenses han registrado este año 590 solicitudes, mientras que hace seis años tan solo fueron 389. Del total de este año, 241 estudiantes han elegido como primera opción la Bartolomé Cossío, 179 la Juan Aguilar y 170 la Alonso de Ojeda.
Sin embargo, la oferta total asciende a 495 plazas: 200 en la Alonso de Ojeda, 103 en la Bartolomé Cossío y 192 en la Juan Aguilar. Así, en la resolución inicial, la Bartolomé Cossío ya se encuentra completa, mientras que la Juan Aguilar alcanza una ocupación del 97%, con 186 residentes y seis plazas vacantes. La Alonso de Ojeda, por su parte, presenta inicialmente una ocupación del 68%, con 132 plazas ocupadas. “Los estudiantes rellenan un formulario donde colocan en primero, segundo o tercer lugar las residencias en función de sus prioridades. Siempre intentamos que puedan inscribirse en la primera opción, pero si no es posible pasamos a la segunda”, cuenta director general de Universidades, Investigación e Innovación.
Sin embargo, aunque todavía queden plazas libres, la experiencia de años anteriores demuestra que se irán ocupando a lo largo del mes de septiembre y octubre, coincidiendo con las últimas matriculaciones y los movimientos de estudiantes entre titulaciones y provincias. “Es mucho más fácil encontrar un hueco en una residencia que encontrar un piso”, resume Castro Osma, que recuerda que durante estos meses existe un flujo continuo de nuevos alumnos que se matriculan o que realizan cambios de última hora. De hecho, el pasado curso apenas quedaron cinco plazas sin cubrir al final del proceso.
PERFILES
Además, las residencias de Cuenca son mayoritariamente el hogar de estudiantes procedentes de otras provincias e incluso de otros países. Y es que, de las 425 plazas adjudicadas –157 chicos y 243 chicas– en las resoluciones del curso 2026-2027, 25 corresponden a estudiantes Erasmus.
Por provincias de procedencia, el mayor número de adjudicaciones corresponde a universitarios que provienen de Ciudad Real, con 100 plazas, seguida de Toledo, con 86, Albacete, con 67, y Cuenca, con 56. Si bien, también hay estudiantes procedentes de Guadalajara (11), Valencia (11), Madrid (10), Asturias (6), Jaén (5) o Zaragoza (5), Islas Baleares (3), Murcia (2) o Valladolid (1), entre otras.
AYUDAS Y BECAS
Y a los ajustados precios de las residencias se suma la ventaja de que las familias pueden hacer frente al coste con las ayudas del Ministerio de Educación. Y es que, aunque la Junta no dispone de una beca específica para alojamiento, la ayuda estatal sí contempla ayudas vinculadas al alojamiento y la manutención, además del transporte. En este caso, según Castro, el objetivo es reducir al máximo el esfuerzo económico de las familias. “Lo que tenemos que intentar hacer es dar un servicio público para que las familias tengan que desembolsar el menor dinero posible para que nadie se quede sin estudiar una titulación superior por motivos económicos”.
MODELO DE RESIDENCIAS JUVENILES
A esta realidad se sumará próximamente la reapertura de la Residencia María de Molina, un nuevo alojamiento que evolucionará hacia un nuevo modelo de residencia juvenil. Es decir, la idea es que este espacio no solo acoja a estudiantes universitarios, sino también a jóvenes del MIR o que estén cursando un ciclo formativo de Formación Profesional.
De esta manera, las residencias aspiran a convertirse en una herramienta más amplia para facilitar que los jóvenes puedan vivir y formarse en la ciudad sin que el coste de la vivienda se convierta en una barrera.