Ismael Cardo, premiado con la Cruz de San Raimundo de Peñafort
Cuando Ismael Cardo Castillejo se colegió en enero de 1984, los expedientes judiciales todavía se cosían a mano y la vida digitalizada de hoy era impensable. Más de cuarenta años después, el decano del Colegio de la Abogacía de Cuenca sigue ejerciendo y prestando servicio en el turno de oficio, una trayectoria que el Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes acaba de reconocer con la Cruz Distinguida de Primera Clase de la Orden de San Raimundo de Peñafort, una de las máximas distinciones del ámbito jurídico español.
Cardo, expresidente del Consejo de la Abogacía de Castilla-La Mancha y consejero de la Abogacía Española, recibe la noticia con satisfacción: "Es algo muy importante en este punto de la carrera, es un reconocimiento que te llena de orgullo".
La Orden distingue los méritos relevantes de quienes contribuyen al Derecho y la Administración de Justicia. En el caso de Cardo, la concesión reconoce más de cuatro décadas de ejercicio profesional y una intensa implicación en la vida colegial e institucional de la abogacía, un compromiso que asumió por sus compañeros de profesión.
"Gracias a ser decano estoy donde estoy", resume Cardo. La decisión de dar el paso llegó de una convicción sencilla: devolver a la profesión parte de lo que había recibido de ella. "Nunca había estado en ninguna junta de gobierno, pero entendí que era el momento de asumir un compromiso con la abogacía institucional y defender a los compañeros", explica.
Desde que comenzó a ejercer, la profesión ha cambiado radicalmente. "He conocido los sumarios cosidos en papel", recuerda. Hoy, en cambio, el expediente digital forma parte de su día a día. A su juicio, la transformación tecnológica ha sido el cambio más importante vivido por la profesión, una evolución que considera irreversible y necesaria.
Sin embargo, señala que la digitalización, por sí sola, no ha resuelto algunos de los problemas históricos de la Administración de Justicia. "La Justicia sigue teniendo los mismos problemas de funcionamiento", lamenta. Para lograr una verdadera modernización, considera imprescindible acompañar los cambios normativos y tecnológicos de una inversión suficiente: "Hace falta apostar más desde el punto de vista presupuestario para conseguir una justicia más eficiente".
Entre los asuntos que más preocupan actualmente a la profesión, Cardo sitúa el turno de oficio y la asistencia jurídica gratuita, un ámbito que conoce especialmente bien porque está vinculado a él desde el primer día de su carrera. "Me colegié en enero de 1984 y me apunté al turno desde el principio", recuerda.
Cuatro décadas más tarde, reconoce que, como abogado, lo que más le ha llenado es "el reconocimiento de la gente", una satisfacción que atribuye a hacer lo que le gusta. Y añade que su principal objetivo sigue siendo el mismo que le llevó a dar el paso hacia la vida colegial: "Defender la abogacía como profesión y a los compañeros y compañeras que la ejercen".