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Bellas Artes: la facultad que nació para romper moldes

Cuatro décadas después de su creación, la facultad mantiene el espíritu innovador con el que nació y sigue atrayendo talento de toda España
Foto: E.M.C.
20/07/2026 - Eduardo M. Crespo

En 1986 Cuenca era mucho más que una pequeña capital de provincia. El impulso del Museo de Arte Abstracto y la presencia de numerosos artistas e intelectuales habían convertido la ciudad en uno de los grandes focos de creación contemporánea. Ese fue el escenario elegido para poner en marcha la primera Facultad de Bellas Artes creada desde cero en España, una apuesta que cuarenta años después continúa siendo uno de los principales símbolos culturales de la ciudad. 

“Se apostó por crear una facultad de arte contemporáneo desde el principio, con profesores que eran artistas en activo y una forma distinta de enseñar”, nos cuenta la decana de la Facultad de Bellas Artes, Montserrat de Pablo.

Cuatro décadas después, quienes mejor pueden explicar el éxito de aquella apuesta son algunos de los alumnos que la hicieron posible desde el primer día. Miguel Ángel Ortega, María Jesús Torrijos y Carmen Navarro, ‘Nava’, pertenecieron a aquella primera promoción y recuerdan una facultad en la que el aprendizaje no terminaba al salir del aula, sino que continuaba en las galerías, en los talleres, en las tertulias con artistas y en una ciudad que vivía el arte con gran intensidad.

Llegar a formar parte la primera promoción no fue senillo. Más de 300 aspirantes optaban a las cincuenta plazas que ofrecía la facultad. Antes hubo un curso preparatorio durante el verano y, después, una semana de pruebas prácticas y entrevistas personales que atrajeron a jóvenes de distintos puntos del país.

En el caso de Carmen Navarro, la decisión supuso incluso renunciar a una plaza en Ciencias Exactas en la Universidad Complutense. “Yo vine a hacer el examen para volver a ver a los compañeros que había conocido durante el curso de verano. Cuando aprobé, siendo una de las cincuenta personas seleccionadas, decidí quedarme en Cuenca. Nunca me he arrepentido”, recuerda.

María Jesús Torrijos también tuvo claro que aquella oportunidad era única. Cuando supo que Cuenca iba a estrenar una nueva facultad, no lo dudo. “Yo siempre había querido estudiar Bellas Artes. Dejé Magisterio porque sentía que este era mi sitio y aquella facultad era exactamente lo que estaba buscando”.

La decana Montserrat de Pablo cree que el éxito del centro tiene mucho que ver con cómo nació. A diferencia de otras facultades españolas, creadas a partir de antiguas academias, la de Cuenca fue la primera concebida desde el principio como una facultad universitaria de arte contemporáneo. “Se decidió hacer la Facultad de Bellas Artes en Cuenca para vincularla con una ciudad que ya tenía esa tradición de arte contemporáneo y con profesores artistas que impartían arte de una forma diferente”.

Aquella filosofía marcó a toda una generación. Miguel Ángel Ortega recuerda una ciudad muy distinta a la actual: “Había cinco o seis galerías de arte, inauguraciones prácticamente todos los fines de semana y un ambiente artístico impresionante. Íbamos constantemente a exposiciones y convivíamos con artistas que para nosotros eran auténticos referentes”.

Las clases, nos cuentan, tampoco terminaban cuando sonaba el timbre. “Venía un artista a dar una conferencia y luego seguíamos hablando con él durante la cena y hasta las tres de la madrugada. No era una charla de una hora; convivíamos con ellos durante vartios días. Todo giraba alrededor del arte”, resume Carmen Navarro.

Por las aulas de la facultad conquense pasaron artistas, fotógrafos, realizadores, críticos y creadores internacionales que trabajaban en la primera línea. Los alumnos ayudaban a montar exposiciones, participaban en encuentros privados en galerías y mantenían una relación muy cercana con esos artistas a los que admiraban. “Teníamos artistas internacionales una semana entera aquí. Luego ibas a Madrid y ellos mismos te presentaban en las galerías. Aquello era un privilegio”, recuerda Ortega.

Aquella forma de enseñar también transformó la propia ciudad. Cuenca era pequeña, pero precisamente esa dimensión favorecía la convivencia. Profesores, alumnos y artistas compartían talleres, cafeterías, calles y proyectos. La facultad no terminaba en el edificio. “Nosotros estábamos aquí desde por la mañana hasta por la noche. Pasábamos de escultura a teoría, luego a dibujo y después seguíamos hablando de arte. Nuestra vida era la facultad y vivir Cuenca”, resume María Jesús Torrijos.

“Venía un artista a dar una charla y terminábamos hablando con él hasta las tres de la madrugada”

EVOLUCIÓN SIN PERDER LA ESENCIA

Para Montserrat de Pablo, ese sigue siendo uno de los grandes valores del centro. “La mayoría de los estudiantes vienen de fuera y aquí crean una comunidad muy fuerte. Cuenca les permite vivir el arte de otra manera. Es una ciudad cómoda, inspiradora, muy vinculada a la naturaleza y con instituciones como el Museo de Arte Abstracto, la Fundación Antonio Pérez o la Fundación Antonio Gala que enriquecen enormemente la experiencia”.

Cuarenta años después, la Facultad de Bellas Artes continúa atrayendo alumnos de toda España, aunque el contexto haya cambiado. Los planes de estudio han evolucionado, las nuevas tecnologías forman parte del aprendizaje y los estudiantes pueden diseñar itinerarios muy flexibles entre artes plásticas, audiovisuales o nuevos medios y comunicación gráfica.” A ello se suman unos talleres especializados y unas instalaciones que la decana considera uno de los grandes activos del centro: “Seguimos teniendo una facultad muy potente, con espacios que muchos visitantes no esperan encontrar aquí. Nuestro reto ahora es comunicar mejor todo lo que somos y abrirnos todavía más a la sociedad”.

Ese patrimonio va mucho más allá de la docencia. La Facultad de Bellas Artes conserva importantes colecciones y fondos documentales utilizados para la investigación y la formación. Entre ellos destacan la Colección Parkett, una de las tres colecciones completas que existen en el mundo de esta prestigiosa publicación internacional; los fondos de obra gráfica de la Galería Juana Mordó; además de otras valiosas colecciones.

Pese a todos los cambios, los pioneros de Bellas Artes siguen defendiendo la esencia con la que nació el centro. “Los alumnos de ahora son digitales. Nosotros somos analógicos. Si no sabes pintar con las manos, si no conoces los materiales y el oficio, es difícil entender todo lo demás”, reflexiona María Jesús Torrijos.

Cuatro décadas después de aquel primer examen de ingreso, Bellas Artes continúa escribiendo su historia desde Cuenca. Una historia que empezó con medio centenar de jóvenes dispuestos a romper moldes y que hoy mantiene intacta su vocación de crear, experimentar y formar nuevas generaciones de artistas.

La Facultad de Bellas Artes de Cuenca conserva importantes colecciones y fondos documentales utilizados para la investigación y la formación, entre ellos la Colección Parkett