Arturo Barambio pregona San Julián desde la música y la memoria
La música ha sido el hilo conductor con el que Arturo Martínez Barambio ha abierto este jueves las Ferias y Fiestas de San Julián 2026. Música, pero también memoria, familia y recuerdos de una Cuenca que ha ido cambiando con el paso de las décadas sin perder algunas de las estampas que cada mes de agosto vuelven a reunir a generaciones de conquenses. Desde el Parque de San Julián, el pregonero ha echado la vista atrás para reconstruir su propia historia con las fiestas y, a través de ella, una parte de la historia reciente de la ciudad.
Barambio ha asumido el encargo como “un inmenso honor” y lo ha hecho reivindicando desde el comienzo sus raíces familiares. Especialmente emotivo ha sido el recuerdo a su padre, Ismael Martínez Marín, maestro de generaciones de músicos y fundador de la primera academia de música que tuvo Cuenca, y a su hermano Ismael Barambio, concertista de guitarra y también pregonero de San Julián, fallecido prematuramente. Un reconocimiento que ha extendido a su esposa, Paloma, sus hijos Elena y Arturo y sus hermanas Maite y Mari Mar.
No era, además, la primera vez que Barambio afrontaba la responsabilidad de pregonar unas fiestas. Ya lo hizo en San Mateo en 2010 y en Valdecabras en 2013. Con humor, ha relacionado aquella primera experiencia con el Mundial conquistado por España ese mismo año y el logrado de nuevo en 2026, preguntándose si tendrá algo de “talismán” para la selección.
A partir de ahí, el pregón se ha convertido en un viaje a la infancia. El tiovivo, los coches de choque, la noria, el vaivén, las tómbolas o las casetas de tiro han aparecido en los recuerdos de un niño que acudía al recinto ferial junto a sus padres y hermanos y que alguna vez regresaba a casa con un peluche, una pequeña botella de licor e incluso una cotorra. También los karts, los algodones de azúcar, las manzanas de caramelo, los guiñoles, los gigantes y cabezudos o ese chocolate con churros que ponía el broche a las noches de feria.
Pero San Julián también ha sido deporte. Barambio ha recuperado la memoria del Trofeo de Baloncesto y de aquellas visitas del Real Madrid, del balonmano y de la figura de Isidoro Gómez Cavero, así como de una época dorada de la Unión Balompédica Conquense. También ha mencionado el Trofeo de Ciclismo, con Luis Ocaña como gran referente, el Rally de la Subida a la Ciudad Encantada o la Subida al Peñote.
Y, como abonado desde hace años, tampoco podía faltar la Feria Taurina, a la que ha definido como la auténtica “Champions del Toreo”. En este apartado ha reconocido el trabajo de Maximino Pérez al frente de la plaza de toros y ha mostrado su expectación ante el debut este año del ganadero conquense Pedro Miota.
La música, sin embargo, siempre termina regresando al primer plano. Barambio ha recordado sus años de adolescencia tocando la batería en las verbenas y a aquellas orquestas que llenaban de sonido el Parque del Vivero, como Línea Recta, Cristal, Sombras o Sanglós. Unas noches que concluían con los fuegos artificiales contemplados desde la Plaza de Mangana junto a sus amigos.
Su propia trayectoria profesional le ha permitido, además, contemplar durante décadas la cultura conquense desde un lugar que pocas veces aparece ante los focos: detrás del escenario. Desde Musical Ismael, con más de medio siglo de historia, su familia comenzó vendiendo partituras, instrumentos y accesorios para terminar especializándose en sonido, iluminación y montaje de escenarios al servicio de algunos de los acontecimientos culturales más destacados celebrados en Cuenca y su provincia.
Ese recorrido le ha servido también para lanzar una defensa del pequeño comercio ante las dificultades derivadas de la competencia de Internet y para reconocer la labor de los hosteleros durante unas fiestas que multiplican la actividad en terrazas, establecimientos y puestos del recinto ferial.
La Semana de Música Religiosa, Estival Cuenca, los conciertos de Segóbriga, Valeria, Ercávica, Noheda o Uclés, el programa Actuamos en Patrimonio, el Auditorio José Luis Perales, Cuenca a Cielo Abierto o las actuaciones celebradas en espacios como el Parador, la Plaza de la Merced o el Museo Paleontológico han ido apareciendo en un discurso convertido también en reconocimiento a quienes mantienen viva la cultura.
Barambio ha querido detenerse especialmente en instituciones y personas vinculadas a la música conquense, desde el Conservatorio y la Escuela Municipal de Música hasta la Escuela de Arte Cruz Novillo, el Auditorio, la Catedral, la Banda de Música de Cuenca o la Banda de Cornetas y Tambores de la Junta de Cofradías. También ha tenido palabras para grupos, coros, músicos y cantautores locales, además de felicitar a Kuero por el reconocimiento recibido este año por parte del Ayuntamiento.
Porque, como ha querido recordar el pregonero, detrás de cada concierto, verbena, desfile o celebración hay técnicos y trabajadores que rara vez ocupan el escenario.
Y para un pregón construido alrededor de la música no podía haber otro final. Después de acordarse también del Desfile de Carrozas y del grupo Tiruraina, Barambio ha reservado los últimos compases para un pasodoble dedicado a Cuenca, acompañado por Amadeo al teclado y Juan y Pepe Aguilar, mientras él ha regresado a uno de los instrumentos de su juventud: la batería.