Si hay algo que había condicionado la procesión del Martes Santo durante los dos últimos años fue esa implacable lluvia que obligó a suspender el desfile, dejando a la ciudad huérfana de su procesión del Perdón. Pero este 2026, la realidad ha sido bien distinta, toda vez que un sol de justicia a última hora de la tarde y una noche despejada permitieron que hermanos y esclavos dejaran atrás cualquier preocupación meteorológica para sacar a la calle un desfile que pasará a la historia nazarena conquense por su brillantez, su gran musicalidad y su altísima carga emotiva.
Pasados unos minutos de las siete de la tarde, las trompetas heráldicas de los añafileros anunciaban en la puerta de El Salvador el inicio del cortejo procesional, y a esa misma hora, la organización de la procesión volvía a apostar por la salida conjunta para dotar de agilidad al cortejo. Desde San Felipe Neri, la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno (vulgo de Medinaceli) comenzaba su ascenso hacia la Plaza Mayor abriendo el camino, arropada por la Banda de Música de Cuenca. Ha sido una salida especialmente significativa, pues la Esclavitud celebra este año su 75º Aniversario, efeméride que se palpaba en la emoción de los centenares de fieles que aguardaban a la Sagrada Imagen.
Al mismo tiempo, desde El Salvador salía la Venerable Hermandad de San Juan Bautista. Tras la Banda de Trompetas y Tambores de la Junta de Cofradías, las horquillas del Bautista ya golpeaban el empedrado conquense. Además, la cabecera lució por primera vez un nuevo y delicado Guion, de formato más reducido, pensado para acompañar a los hermanos en bodas y funerales.
Siguiendo sus pasos, Santa María Magdalena cruzaba el umbral de El Salvador acompañada por los sones de la Banda de la Escuela Municipal de Música de Las Mesas. La talla, siempre elegante bajo la luz del atardecer, sumó a su rico ajuar un deslumbrante broche de oro, obra de la Orfebrería Villena y donado por un grupo de hermanos, que destellaba con cada golpe de horquilla.
Desde la parte baja también emprendía su camino la Venerable Hermandad de María Santísima de la Esperanza, inmersa igualmente en la celebración de su 75º Aniversario. Los hermanos ya habían podido disfrutar de la cercanía de la Madre durante la mañana en una emotiva jornada de puertas abiertas, tradición asentada desde 2016. La Virgen desfiló portando dos espectaculares estrenos: un broche de esmalte antiguo, plata sobredorada y pedrería (con tonos ámbar y morado en honor a San José, y una circonita blanca en el Avemaría) y un segundo broche de oro con la palabra ‘Esperanza’.
Pero la gran novedad de la Esperanza iba bajo los faldones. El paso ha estrenado una estructura y banzos de aluminio que han reducido su peso en unos 200 kilos, permitiendo además una novedosa disposición de los abarcones que ha ampliado el número de banceros de 36 a 38. Este sistema de respiraderos fácilmente desmontables permitirá, a partir de ahora, que las andas permanezcan expuestas durante todo el año en su recién estrenada Casa de Hermandad en la calle Cristo del Amparo, consolidando el patrimonio visible de la corporación. Todo ello, mecido al compás de la Asociación Musical Moteña.
Con Medinaceli, San Juan Bautista, la Magdalena y la Esperanza reposando en la Plaza Mayor tras el esfuerzo de la subida, la expectación se trasladó a las puertas de San Pedro. A las 21:00 horas hacía su majestuosa salida la Venerable Hermandad del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo, iniciando el descenso junto a la Banda de Las Mesas y deslumbrando con un auténtico despliegue patrimonial.
La cabecera del Bautismo brilló con luz propia al estrenar una pareja de estelares estandartes bordados por Macarena Sanz: el del Señor, rematado con la frase EGO SUM QUI SUM y el Cordero Místico; y el de San Juan Bautista, con el lema ECCE AGNUS DEI sobre la Cruz heráldica de Malta. Por si fuera poco, el paso lució unas elegantísimas gualdrapas de terciopelo rojo sangre y flecos de plata (adaptadas también por Macarena Sanz a partir de un frontal de altar de 1850), unos nuevos incensarios y naveta de metal sobredorado, y los exquisitos bustos de los cuatro Evangelistas en plata de ley tallados por Jaime Babio y orfebrería de Samuel Díaz Carpena, completando así el ambicioso programa iconográfico de sus andas.
Una vez organizado el orden habitual de bajada tras el descanso en la Plaza Mayor, el cortejo emprendió su descenso por Alfonso VIII. Fue en las escalinatas de San Felipe Neri donde se vivieron algunos de los momentos más sobrecogedores de la noche gracias al Coro del Conservatorio, que interpretó el Miserere a San Juan Bautista y al Medinaceli, el Maria Magdalene de Gabrieli a la Santa, y el Stabat Mater a la Esperanza. Previamente, al paso por Los Oblatos y de nuevo en San Felipe, el coro regaló a los presentes el motete Bautizando a Jesús, compuesto por Fernando Ugeda, elevando la categoría musical de la noche.
Tras atravesar las curvas de la Audiencia por Andrés de Cabrera, descender por Palafox hacia la Trinidad y tomar Calderón de la Barca y Carretería, la procesión reservaba su momento más íntimo al llegar a la Plaza de la Constitución.
Allí, la Venerable Hermandad de San Juan Bautista y la Banda de la Junta de Cofradías saldaron una deuda emocional pendiente. En un homenaje que la lluvia impidió en 2025, la banda se apartó a un lado girándose hacia el Monumento al Nazareno. El Banderín de la agrupación se situó entre trompetas y tambores, flanqueado por el Guion infantil de la Hermandad. Con los representantes de todas las hermandades del Perdón presentes, se interpretó una solemne marcha en memoria de las víctimas de la DANA de 2024. El silencio del público y el sonido marcial dejaron el vello erizado a toda Cuenca.
El desfile continuó su tránsito final sin dar la característica curva corta de la Hispanidad, atravesando la curva larga para encarar Aguirre y Las Torres para acometer la exigente subida desde la Puerta de Valencia por Alonso de Ojeda. En la parroquia de El Salvador concluyeron su procesión San Juan Bautista y María Magdalena, mientras que el Bautismo, el Medinaceli y la Esperanza continuaron estoicamente por Solera, regalando momento de extrema belleza. Finalmente, el Bautismo y la Esperanza encontraron su descanso en San Andrés, y el Medinaceli cerró la jornada regresando a su sede en San Felipe.
Con todo, este 2026 regaló a los conquenses un Martes Santo brillante ya que tras dos años de frustración bajo los paraguas, los hermanos y esclavos volvieron a poblar las filas en un número que hacía tiempo no se recordaba. Los banceros supieron llevar los cinco pasos de forma impecable, devolviendo a Cuenca el esplendor, el perdón y la esperanza que solo la primavera nazarena sabe brindar.