Si hay algo incuestionable es que en Cuenca hay sensibilidad y talento para la música. Una combinación que, junto con la Semana Santa, sigue sorprendiéndonos con jóvenes promesas como Andrés Rodríguez Carrasco, que con solo 16 años ya ha compuesto su primera marcha, ‘Ecos de Soledad’.
Estudiante de 4º de Enseñanzas Profesionales en el Conservatorio, donde cursa tuba, y alumno de Bachillerato en la Escuela de Arte Cruz Novillo, Andrés compagina su formación académica con una vocación musical que ha marcado su vida desde muy pequeño. Nacido en Cuenca, su vínculo con la Semana Santa no es circunstancial, sino profundamente personal. “Muchas veces pienso que he nacido por y para la Semana Santa”, afirma. Para él, no se trata solo de una celebración puntual, sino de una forma de vida que se extiende durante todo el año, marcada por la espera, la preparación y la emoción de cada procesión.
Sus primeros recuerdos están ligados a las hermandades en las que comenzó a participar desde niño, como la Soledad del Puente, Nuestro Padre Jesús Nazareno del Medinaceli y la Vera Cruz. Sin embargo, más allá de la túnica y la tulipa, hay una imagen que permanece especialmente viva en su memoria: la de aquel niño que observaba fascinado a las bandas de música. “Sentía una admiración enorme por los músicos y por lo que transmitían las marchas”, recuerda, evocando una etapa que marcaría su camino.
La música llegó a su vida influido por su entorno familiar, con hermanos también formados en el conservatorio. La elección de la tuba llegó casi por casualidad, pero con el tiempo se ha convertido en su herramienta para comunicar y construir su identidad musical.
Esa necesidad de expresar y transmitir emociones es la que ha dado forma a ‘Ecos de Soledad’, su primera marcha de Semana Santa. La obra nació de manera espontánea a finales de 2025, a partir de esas melodías que, como él mismo cuenta, le surgían en el día a día y que grababa en su teléfono móvil. En apenas dos meses, aquella idea se convirtió en una composición completa, con principio y final definidos.
“Quiero que la gente escuche la marcha y sienta algo dentro, que le remueva y le haga vivir alguna emoción especial”DEDICADA A LA SOLEDAD DEL PUENTE
La marcha está dedicada a la Virgen de la Soledad del Puente, una imagen a la que Andrés se siente especialmente unido desde su infancia. “Sabía que mi primera composición tenía que ser para ella”, nos cuenta. En ella ha querido reflejar el contraste entre el dolor y la serenidad, buscando trasladar al oyente la emoción que él mismo ha sentido durante años al contemplar las procesiones. “Quiero que la gente escuche la marcha y sienta algo dentro, que le remueva por dentro y le haga vivir alguna emoción especial”.
El aplaudido y exitoso estreno fue el pasado 20 de marzo en el Teatro Auditorio de Cuenca, en un concierto de la Joven Orquesta de Cuenca. Fue una cita especialmente significativa, no solo por tratarse de su primera composición, sino porque fue el propio Andrés quien asumió la dirección de la obra, enfrentándose por primera vez a ese reto. “Días antes estaba muy nervioso, pero también muy ilusionado. Quería estar a la altura y que el público disfrutase”.
Entre sus referentes se encuentran compositores como Óscar Navarro o Abel Moreno, aunque destaca especialmente la influencia de David Rivas Domínguez, a quien considera clave en su acercamiento al mundo de la composición. Más allá de nombres, el joven músico tiene claro que el camino se construye “con trabajo, constancia y aprendizaje continuo”.
Con la naturalidad de su juventud y la determinación de quien tiene muy claro su objetivo, lanza un mensaje a otros jóvenes que quieran iniciarse en la composición: “Que lo intenten, que no se pongan límites y que aprendan de los errores porque la música está donde las palabras no pueden llegar”.
