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Cuenca mira a Oriente en el arranque de Mirabilia

Lamia Yared, Efrén López y Didem Başar inauguran las jornadas de la Catedral con un viaje musical a través de los antiguos cantos cristianos
Cuenca mira a Oriente en el arranque de Mirabilia
Imagen cedida
11/08/2026 - Las Noticias

La Catedral de Cuenca miró en la noche del 9 de agosto hacia Oriente. Y lo hizo literalmente, con el público dispuesto en la nave gótica central al Altar Mayor, pero también a través de la música de Lamia Yared, Efrén López y Didem Başar, encargados de inaugurar la quinta edición de Mirabilia, Semana Medieval de la Catedral de Cuenca.

El concierto, titulado Cantos cristiano de Oriente fue el primero de los cuatros que componen la programación de estas jornadas, que continuarán durante los próximos días hasta el fin de semana bajo el lema “Cruzadas. Tierra Santa, horizonte espiritual, cultural y político”. La propuesta inaugural convirtió el tempo conquense en un puente enytre las tradiciones cristinanas del Mediterráneo oriental y el público castellano.

Por primera vez, un concierto se celebraba en la nave gótica central de la basílica, con la monumental reja de Juan Francés, realizada entre 1511 y 1516, como telón de fondo. La disposición del espacio parecía diseñada para este repertorio. Las catedrales góticas se orientan tradicionalmente hacia Oriente, hacia el lugar por donde nace el sol y hacia Jerusalén, la Ciudad Santa. Escuchar precisamente allí los antiguos cantos de las comunidades cristianas de Oriente establecía una correspondencia entre arquitectura, historia y música.

Con la puntualidad que caracteriza a la Catedral, comenzó el concierto. Lamia Yared, cantante libanesa, puso voz a un repertorio formado por himnos siríacos y maronitas, muchos de ellos vinculados a la tradición de san Efrén de Siria, junto a cantos de las tradiciones maronita y ortodoxa.

El primer canto, Fawlos chliho, «Gloria a Dios y paz en la tierra», introdujo al público en un universo sonoro poco habitual en las programaciones españolas. Los cantos maronitas, estrechamente ligados a la Iglesia maronita del Líbano, forman parte de una de las tradiciones musicales cristianas más antiguas que permanecen vivas. Sus textos, articulados principalmente en siríaco y también en árabe, remiten a una historia espiritual que hunde sus raíces en los primeros siglos del cristianismo.

La interpretación de Yared fue uno de los grandes pilares de la noche. Su dominio de la microtonalidad resultó fundamental para conservar la identidad de unas melodías alejadas de los códigos habituales de la música occidental. Pero más allá de la precisión técnica, fue su manera de habitar las piezas la que terminó imponiéndose. No parecía interpretar un repertorio antiguo, sino transmitir una tradición todavía viva.

A su lado, el valenciano Efrén López, al laúd y la zanfona, y la intérprete turca Didem Başar, al qanun, construyeron un diálogo instrumental de enorme riqueza. El qanun, característica cítara trapezoidal de las tradiciones musicales árabe y otomana, aportó junto al laúd una paleta de sonidos que envolvió la voz de Yared sin limitarla.

El programa avanzó por himnos litúrgicos, cantos dedicados a la Virgen y piezas vinculadas a distintos momentos del calendario cristiano, entre ellas repertorios asociados al Viernes Santo. Poco a poco, la música fue construyendo una atmósfera de recogimiento que encontró en la acústica de la Catedral una aliada excepcional. La piedra, las bóvedas y la resonancia natural del templo parecían prolongar las voces y los instrumentos mucho después de cada frase.

Yared, López y Başar todavía regresarían al escenario para ofrecer un bis. Qamaroun yajlou douja el ghalassi, «La luna ha disipado la oscuridad del alba», un muwashah sufí procedente de Alepo, puso el punto final. La elección resultó especialmente sugerente ante la proximidad del eclipse, pero también permitió cerrar la noche ampliando el viaje hacia otra de las grandes tradiciones musicales de Oriente.