El eclipse también se disfruta lejos de las multitudes
El eclipse total de Sol ha llevado este miércoles a miles de personas hasta algunos de los lugares más emblemáticos de Cuenca. El Cerro del Socorro, el Casco Antiguo o las zonas habilitadas para la observación han concentrado buena parte de las miradas, pero la ciudad ha ofrecido también una imagen muy diferente a apenas unos kilómetros de distancia. Barrios, parques, descampados y zonas altas se han convertido en improvisados observatorios desde los que cientos de conquenses han preferido contemplar el fenómeno lejos de las multitudes.
Fuente del Oro, Cañadillas, la Ronda Oeste, la Rotonda de la Estrella o el Cerro de la Estrella han reunido a numerosos grupos de familiares y amigos. Había gente, mucha más de la habitual a esas horas, aunque sin llegar a las grandes concentraciones registradas en otros puntos de la capital. Sillas plegables, algo de merienda, agua y, por supuesto, las imprescindibles gafas homologadas componían la estampa.
En el Parque de las Cañadillas, Joaquín Saúl y un grupo de familiares habían estudiado incluso previamente el recorrido del Sol. "Hemos medido días antes la altura a la que estaría hoy", explica uno de ellos. La ausencia de edificios delante y la tranquilidad del parque terminaron por convencerles.
Para Joaquín, además, el 12 de agosto tenía un significado añadido: era su cumpleaños. Una coincidencia que se tomó con humor. "Cuando dijeron que habría eclipse total el 12 de agosto pensé que me salía competencia", bromea. Finalmente, asegura, no ha sido para tanto: "Me han felicitado cientos de personas y al eclipse no le ha felicitado nadie todavía".
La misma filosofía seguían Montse, Enrique, Lucas y Mateo desde la parte alta de Fuente del Oro. La elección era sencilla: viven en el barrio, tenían una buena panorámica y no necesitaban desplazarse hasta lugares mucho más concurridos. "Aquí se ve perfecto, pues de aquí no nos movemos", dice Montse.
Habían llegado preparados para esperar el momento culminante con tranquilidad. Agua para combatir el calor y algo de merienda acompañaban a una familia que reconocía afrontar los minutos previos con expectación. Mateo resumía el carácter excepcional de la jornada: "Es único y lo mismo es la primera y última vez que lo vemos".
A pocos metros, Marta Gallardo Buendía había colocado también las sillas junto a su familia. Conocían bien el lugar y durante los días anteriores habían comprobado desde dónde se pondría el Sol. Para ella, además, el eclipse ha supuesto un regreso especial a Cuenca. "He venido exclusivamente desde Toledo para verlo porque sabía que aquí iba a ser total y no me lo podía perder", explica. Su plan era sencillo: familia, barrio, comida y eclipse.
La escena se repetía en la Rotonda de la Estrella, donde María Fernández, Ángel Ruiz Fernández y otros familiares habían optado igualmente por evitar desplazamientos innecesarios. "Vivo enfrente", explicaba una de las asistentes ante la pregunta de por qué habían escogido aquel punto. Desde allí tenían despejado el horizonte y, sobre todo, espacio suficiente para vivir el fenómeno cómodamente.
Una integrante del grupo había viajado incluso desde Granada expresamente para compartir el eclipse con sus hijos, dejando de lado sus vacaciones. "Imagínese cómo lo estoy viviendo", decía minutos antes de la totalidad.
Y mientras algunos preparaban durante días el mejor punto de observación, Alicia y Angustias Garrido simplemente mantuvieron una de sus costumbres cotidianas. Las dos hermanas salen todas las tardes a caminar por la Ronda Oeste y este miércoles decidieron que tampoco había razones para cambiar de escenario. Su paseo habitual se convirtió, por unas horas, en un privilegiado mirador para contemplar uno de los acontecimientos astronómicos más esperados.
También en el Cerro de la Estrella se congregaron numerosos vecinos, sobre todo agolpados en las ventanas, patios y balcones, así como en las zonas peatonales desde donde han podido disfrutar del eclipse de forma única.