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13 de Noviembre de 2019 Son las 1:22

Opinión

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Especial Semana Santa 2019
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Ángel D. Álvarez

Hasta San Antón, Pascuas son

Hasta San Antón, pascuas son. A partir de esa fecha empezamos a ordenar y a intentar cumplir nuestros propósitos del nuevo año. Consumimos los restos de los turrones y dulces navideños y olvidamos las tontunas del cuñado en las cenas familiares. Todo comienza de nuevo y este año de convocatorias electorales los partidos políticos empiezan a desvelar sus propósitos y dan a conocer a sus candidatos para que vayamos haciendo a la idea y formemos nuestra posición.

El PP ha designado desde su dirección regional, con el silencioso y cómplice visto bueno de los capitostes locales, sumisos como siempre, a su candidata a la Alcaldía de la ciudad. Sorpresa e indignación a partes iguales ha supuesto para algunos que quizá albergaban alguna esperanza de ser los elegidos, con méritos reconocidos, pero fueron despreciados por quienes, desconocedores de la realidad, prefieren la imagen a la eficacia. Otros con responsabilidad provincial callan y otorgan, como siempre.

La designación de quien quiere hacer de su carta de presentación una vuelta al pasado recordando por derecho la herencia recibida no despeja ni propone ninguna ilusión. Habría que recordarle que una mirada hacia atrás no garantiza el futuro; si además añade su intención de continuar con la tarea que el actual alcalde deja inconclusa por no iniciada, la cosa pinta mal, con un tinte rancio. Quien ahora abandona por imposición se convierte en el único alcalde en activo que no repite porque su partido no le aprueba su gestión. Total, nos proponen un panorama más de fantasía que de realidad.

Pero, admitiendo ese derecho de reconocimiento de una herencia inmaterial recibida de su progenitor, es justo recordar algún que otro episodio de esa época.

En la década de los ochenta Cuenca fue gobernada por la derecha procedente de un periodo largo y negro de nuestra historia, se alternaban en los gobiernos municipales UCD y AP, convertida después esta formación en un aparente partido más democrático llamado PP.

Esa década no fue para nuestra ciudad de esplendor ni mucho menos, el escaso tejido industrial existente fue desapareciendo.

Cuberg, una empresa dedicada a la transformación de la madera cerró sus puertas y paró sus máquinas dejando a un buen número de trabajadores en la calle. Nunca se recuperaron aquellos empleos de una industria de la que nuestra provincia era la más importante en materia prima.

Peris Andreu, dedicada a la fabricación de lámparas y propiedad de una familia valenciana, también mandó a otros tantos trabajadores a buscarse la vida. No era fácil para muchos que entraron muy jóvenes y los despidieron en un momento donde habían forjado su futuro en torno a un trabajo que parecía de por vida.

Travenol, multinacional farmacéutica, también tuvo sus problemas y dejó de existir en Cuenca, solo unos pocos trabajadores fueron agraciados con un traslado, pero la mayoría quedaron en desempleo.

En una ciudad escasa de industria, entonces y ahora, la pérdida de esos empleos eran un motor importante de economía, un motor que paró en seco y que cuesta mucho trabajo volver a revolucionar. ¿Se podría haber hecho algo más desde el ayuntamiento? Sinceramente creo que sí, no solo de agua y aparcamientos vivíamos los conquenses.

La candidata ‘popular’ quizá solo conozca una parte de la historia, o quizá solo quiera recordar lo que le interesa, pero si revindicamos una herencia, ésta debe ser completa.

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