06 de Junio de 2017
Opinión

Anochecer

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Orión

El pasado martes, cuando media ciudad se preparaba para viajar aprovechando el largo puente y las ofertas costeras, Evencio y yo disfrutábamos de un paseo matinal por el Casco. Un amigo de ambos, que salía del Ayuntamiento, se acercó para anunciarnos que este mes cerraba su empresa. No hay un “duro”,  y las obras que salen a concurso se las dan a empresas de fuera, nos dijo a modo de explicación.

Un segundo comentario, ya en el café, de otro pequeño empresario, nos anunciaba el cierre de un bar, una peluquería y dos comercios en el centro.

Movidos por la curiosidad recorrimos Carretería y Colón contando los locales cerrados. Se acercan al medio centenar. Demasiados. Y algunos llevan en desuso varios años y el segmento de la oferta en el que trabajaban no ha sido sustituido por otros comercios que ofrezcan la misma calidad. Las rotaciones no han escaseado.

¿Han cambiado los hábitos de compra? ¿ Nos hemos empobrecido de un modo tan intenso como para justificar tanto abandono, tanto y tan rápido anochecer? ¿No han recibido nuestros comerciantes, nuestros emprendedores, apoyos institucionales suficientes? ¿No han sabido modernizarse,  adaptarse a nuevas técnicas de venta?

Como sucede en fenómenos de esta naturaleza, lo probable es que el declive no tenga una única causa. Pero una decadencia como la observada en el comercio de la capital sí está lo suficientemente estudiada en otras latitudes como para que ya se hayan ensayado, con éxito, estrategias que evitan que la profundidad de la crisis se haya convertido en irreversible.

 ¡Y lo hicieron con diligencia!

Insistiremos en ello pues este tema ha sido objeto de comentario en otros artículos nuestros publicados anteriormente.

Otras ciudades han creado centros Comerciales Abiertos y los han hecho funcionar de modo satisfactorio, revertiendo la tendencia a la emigración del consumo y el consiguiente abandono de los espacios de centralidad de las ciudades.

Nos consta que aquí ya se intentó sin éxito, pero sin que trascendiera, por lo que no sabemos a quienes les debemos el fracaso.

Pero ahora surge otra oportunidad. Y esta vez de la mano de un proyecto financiado con fondos europeos y que los técnicos municipales a los que se les ha encargado el trabajo, preparan con esmero desde hace varios meses.

En el documento programático de la estrategia del desarrollo urbano sostenible Cueca 2002 (DUSI), y en el capítulo dedicado al Desarrollo Económico, Economía Social y Microempresa se proyecta la creación de un Centro Abierto al que se quiere dotar de una doble finalidad. De una parte “frenar y revertir el proceso de decadencia comercial actual de la zona centro” y de otra “fomentar un comercio dinámico y competitivo que ejerza como motor dinamizador y de atracción de personas al centro”.

Podríamos añadir una tercera: redirigir al turista y al visitante que habitualmente solo ocupa la ciudad antigua a una zona de establecimientos en los que pueda disfrutar comprando aquí  y de paso prolongar su estancia conociendo otros espacios urbanos en los que ya hoy se puede disfrutar de naturaleza, edificios singulares, servicios culturales, de ocio y de restauración que ya tienen interés, ofrecen calidad y sin embargo hoy pasas desapercibidos para muchos

¿Es tiempo para alimentar el optimismo?

Nosotros pensamos que para que tenga éxito el proyecto se requieren dos condiciones de partida:

1.- Que los interesados (agentes sociales y políticos) crean en él.

2.- Que el Ayuntamiento le imprima una velocidad que hoy por hoy no se aprecia en el desarrollo de otras actividades municipales por parte del equipo de gobierno.

Si el DUSI se gestiona como el Consorcio podemos asegurar que a este anochecer seguirá una larga noche oscura.

Evencio sugiere que al Centro Abierto se le ponga por nombre Amanecer. Yo me sumo a su idea.

Queda dicho. 


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