15 de Febrero de 2017
Opinión

Mil argumentos y una sinrazón

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Orión

La Junta de Comunidades ha iniciado los trámites para poner en marcha un año más el Plan Regional de Empleo. 

El éxito cosechado el pasado año auguraba una feliz reedición en la que 12.000 parados de la región podrían ver paliado su sufrimiento durante medio año, mientras las administraciones públicas “regarían “la tierra del desarraigo, que es siempre el desempleo, con más de sesenta millones de euros, entre una cosas y otras.

La JCCM, las diputaciones provinciales y cientos de ayuntamientos de Castilla-La Mancha se unirían un año más para tratar de integrar a los “pobres de la tierra, famélica legión” en el grupo de los trabajadores integrados social y económicamente.

Se ha configurado como un programa estrella que, según sabemos, se aprestan a copiar otras regiones en las que el pulso económico empresarial no basta para reducir de modo apreciable las estadísticas del paro.

Los convenios bianuales firmados el año pasado con las Diputaciones auguraban un escenario fecundo, desprovisto de las tensiones que se dieron entonces.

La ejecución del Plan 2016 trasladó el mensaje a la ciudadanía de que, al margen de las ideologías, cuando los representantes de los ciudadanos se unen, las instituciones públicas resultan de gran utilidad para resolver los problemas de las personas o al menos paliar sus nocivos efectos y dar respuesta a sus anhelos o necesidades.

Pero este escenario idílico de cooperación eficaz se ha roto. Y ha ocurrido aquí, en Cuenca, como si el eslogan de ‘Cuenca es única’ fuera más que una imagen de marca, una maldición. El acuerdo se ha mantenido en las demás provincias de la región.

Nuestra Diputación, institución que goza de una economía desahogada, con más de 19 millones de euros de superávit en 2016, ha roto el compromiso y se apea del carro de la cooperación. Alega que los dineros que debía comprometer en esta campaña (menos de dos millones) los quiere dedicar a otras inversiones.

Así lo decidió su presidente, Benjamín Prieto, y así lo ratificó, sumisa, la Comisión de Gobierno.

Casi mil empleos (los que nos asigna el Plan a Cuenca, en atención a la población, el número de parados, etcétera) de seis meses de duración se pueden ver afectados si no se encuentra una vía de acuerdo que revoque semejante desatino. Los más de cuatro millones de inversión previstos en salarios (a los que hay que sumar otras cantidades de difícil cálculo) corren riesgo de perderse. Las posibilidades de que los afectados en la capital y en los pueblos puedan acogerse a subsidios o prestaciones posteriores se esfuman. Las actuaciones en los municipios que se vieran concernidos no se realizarán este año. El consumo que todo salario comporta, al garete. Y por supuesto, el dinero que procede de los fondos europeos (regalo para nuestra tierra) volverá a Bruselas sin emplear.

Este es el escenario. ¿No son estos mil argumentos para revocar ese disparatado abandono? Creemos que sí.

Pues bien, frente a ellos, solo una sinrazón ha prosperado: la tozudez de un Prieto que ha vuelto a utilizar su potesta que no su auctoritas (que decae a nuestros ojos, si es que alguna vez la tuvo, pues el poder se conquista en las urnas pero las autoridad se gana en la coherencia y el compromiso, especialmente para con los que más necesitan de la política para vivir con un mínimo de dignidad) en un gesto de mal gobierno.

Este es nuestro criterio. 

Si alguien tiene un superávit tan enorme es porque no ha sabido o no ha podido gastarse lo que presupuestó o ingresó. Si el 10 por ciento de esa cantidad te lo dan otros ejecutado ¿A qué gobernante se le ocurriría despreciar semejante “éxito de gestión” sin esfuerzo alguno, mientras cumple con la palabra comprometida?

A mi pregunta, que solo pretendía ser retórica, respondió Evencio, latinista de ocasión, 

-A Benjamín, esto se le ocurre a Benjamín, al que la doctrina de Erasmo del pacta sunt servanda le debe parecer cosa del pasado.

-Pues no, le respondí, los pactos se hacen para ser cumplidos, antes y ahora. ¡Ójala alguien le haga recapacitar! 


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