17 de Mayo de 2017
Opinión

Elvira

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José Ángel García

Más que precoz fui prematura ha dicho en alguna ocasión al hablar de sus primeros escarceos literarios –ahí es nada marcarse una primera novela a los nueve años aunque fuera raudamente condenada a la estufa–  la periodista y poeta conquense Elvira Daudet que este miércoles protagonizaba en el salón de la Diputación uno de los encuentros con autores organizados al hilo de la Feria del Libro de nuestra capital con el regalo de su recientemente publicada Poesía completa como feliz complemento de su propia presencia. Nacida en la ciudad en 1938, a su intensa y sólida labor como informadora tanto en prensa escrita como en televisión unió siempre una actividad literaria nacida precisamente de su tempranísima condición de lectora –mis maestros fueron los pocos libros que había en casa–, algo que viene más que bien recordar al socaire precisamente de la celebración de una cita que lleva el sugerente y ojalá que promisorio lema de ‘Cuenca lee’. Un hacer creativo especialmente centrado en el cultivo de la poesía, un género expresivo  que siempre ha considerado como una necesidad, un soplo que te derriba en el momento más inesperado, al que es imposible resistirse, y cuyo ejercicio la iba a colocar, en palabras de Nicolás del Hierro, como uno de los símbolos más puros de su generación, ejemplo emblemático, como se recuerda en el texto que en el folleto de la cita librera acompaña al volumen publicado por Evohé con el apoyo de la propia corporación provincial conquense, de la poesía “de la pérdida que produce finalmente el encuentro; poeta de la derrota por la que se alcanza la victoria vital; poeta de la decencia frente a la obscenidad del mundo; poeta de la muerte que genera vida a cuantos la leen” Durante demasiado tiempo no fue no ya reconocida sino simplemente conocida por estos nuestros más cercanos lares, los suyos de origen, desafortunada realidad que por fortuna  parece venir siendo en cierta medida reparada en los últimos tiempos –en fin, más vale tarde que nunca– con hechos como la aplaudible decisión municipal de dar su nombre a una de las calles capitalinas, el homenaje que un nutrido grupo de escritores de Madrid y de Cuenca le rendían en septiembre del año pasado en la sede de la Real Academia Conquense de Artes y Letras o esta presencia de ahora en la ciudad –su ciudad– en cita convertida en personal homenaje a su figura y obra con la lectura de sus poemas en la voz de sus lectores. Por cierto, si no lo son ya, les aconsejaría que se unan al grupo.


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