07 de Enero de 2017
Opinión

¿Hay futuro?

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Las Noticias de Cuenca
Ya están aquí un año más los Reyes Magos. Como siempre, cargados de regalos. Y de carbón. Entre los primeros, los juguetes destinados a los niños son los que siempre generan más ilusión. A niños y a mayores. Pero no podemos obviar que si muchas familias siguen despertándose con regalos en el salón es gracias a la solidaridad de quienes pueden permitirse echar una mano a los que menos tienen, y se la echan. Y que según los cálculos de organizaciones como Cáritas el 10 por ciento de la sociedad conquense vive en situación de pobreza, sin ingresos suficientes no ya solo para comprar regalos a sus seres queridos, sino para costearse unos bienes tan imprescindibles como la luz, el agua o la calefacción. Argumento suficiente, nos parece, como para que todos merezcamos, también, nuestro pedazo de carbón por no lograr parar la sangría de la falta de oportunidades y de la desigualdad.

Ojalá a lo largo de este año que acaba de comenzar se apliquen políticas que generen empleo y salarios dignos. Por todos es sabido que tener un empleo (tampoco cualquier empleo, sino un empleo decente) es lo que garantiza cierta autonomía y bienestar, y Cuenca es todavía una provincia que puede generar mucho empleo a través sobre todo del turismo y la cultura, como el pasado año se demostró con la exposición de Ai Weiwei, que ojalá tenga continuidad con nuevas y ambiciosas exposiciones como las dedicadas al arte medieval y la Semana Santa anunciadas por el Gobierno regional, las cuales tendrán más posibilidades de resultar más potentes y de atraer turismo cuanto mayor sea la unión entre las distintas administraciones, tan empeñadas sin embargo en no ponerse de acuerdo.

Claro que esta apuesta por Cuenca como destino turístico de primer orden nos parece que choca rotundamente con ese proyecto de Almacén Temporal Centralizado (ATC) en Villar de Cañas que el Gobierno central quiere ahora declarar, de un modo surrealista, de interés general. Una infraestructura cuya construcción, por mucho empleo e inversiones que generara y mucho dinero que deparara a los propietarios de los terrenos, sería un tremendo varapalo para la marca Cuenca, frenando la expansión tanto del turismo como de la industria agroalimentaria y condenando, además, a los conquenses de varias generaciones a vivir con cientos de toneladas de residuos nucleares bajo nuestros pies.

Y justo ahora que, según nos cuentan, en estos primeros días de 2017 la segunda planta del hospital Virgen de la Luz está llena de madres que han dado a luz o están a punto de hacerlo, nuestras administraciones deberían pensar un poco en ellos, en lo que la vida les podrá ofrecer, o no, cuando dentro de dieciocho años cumplan la mayoría de edad. Por supuesto que su futuro dependerá en buena parte de su capacidad, de su trabajo y esfuerzo, de la situación económica de sus familias, o de factores imprevisibles como la suerte o la falta de suerte, pero también de la infraestructura económica, educativa, cultural, sanitaria, industrial, con la que Cuenca cuente entonces. 

Y, para eso, nos parecen mucho más necesarias las inversiones en educación, en sanidad, en cultura, en infraestructuras de comunicación, en medio ambiente, que en ese ATC en el que nosotros, desde luego, no apreciamos ningún interés general, como no sea el ‘interés general’ de unos pocos.

Tener claro cuáles son las principales virtudes de Cuenca, y apostar por ellas, nos parece esencial para que esta provincia sea la tierra de oportunidades que merece ser y se ponga de una vez por todas freno a esa despoblación que en los últimos años se ha llevado más de 15.000 habitantes. 

Se trata, entonces, de decidir si queremos ser una provincia de futuro o una provincia cementerio. 

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