18 de Octubre de 2016
Libros
Pilar Narbón reincide en la novela con 'El caso Monet'
Foto: G.D.
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Pilar Narbón reincide en la novela con 'El caso Monet'

  • La historia está ambientada en Goelia, que bien podría ser Cuenca, y narra la investigación de una serie de crímenes con el mundo del arte y las envidias como telón de fondo
  • Editada por Ediciones Corola, se presentará este miércoles a partir de las 18:30 horas en la Delegación de Cultura de la Junta, frente a la biblioteca Fermín Caballero
G.D.
Pilar Narbón (Villar de Olalla, 1961) escribe, casi, desde niña. Sus primeras publicaciones, poemas y artículos se publicaron en 1977 en el desaparecido ‘Diario de Cuenca’, y entre finales de los setenta y la primera década del nuevo siglo dio a luz poemarios como ‘Laberinto’, ‘El veneno de las rosas’, ‘Código paraíso’ o ‘Tirad por el desagüe’ y libros de relatos como ‘Boleros’. Pero, hace casi una década, con ‘La muerte tendrá mis ojos’ y ‘Las musas intrigantes’ aparcó esos dos géneros para centrarse en la novela. Y eso le está sirviendo, entre otras cosas, para escribir con mayor libertad. “Mientras la poesía es más intimista, refleja más los sentimientos y emociones, en la novela alcanzo el prodigio ese de los dioses de ser capaz de dar vida al crear mis personajes”, cuenta.

‘El caso Monet’ es el nombre de su nueva novela, editada por Ediciones Corola y que este miércoles, 19 de octubre, presentará a partir de las 18:30 horas en la Delegación de Cultura de la Junta, frente a la biblioteca Fermín Caballero.

Se trata, cuenta esta lectora de autores como Leonardo Panura, Víctor del Árbol, Lorenzo Silva o Antonio Muñoz Molina, de una novela “de mestizaje”, con una parte de intriga policial que narra la investigación de una serie de asesinatos acontecidos en la ciudad de Goelia (Cuenca) pero donde también aparece el folletín amoroso y la novela psicológica y donde la autora reflexiona, entre otras cuestiones, sobre “las rivalidades que se dan en el mundo del arte, la obsesión del artista por lograr el absoluto virtuosismo y la frustración que le genera no ser capaz de traspasar al lienzo esas imágenes fabulosas que bullen en su imaginación”.

Este último es un mundo que Narbón conoce bien porque, como escritora, ha experimentado en sus propias carnes el placer o la frustración que, dependiendo del resultado, toda labor creativa puede generar. “A veces consigues trasladar tu mundo interior a la escritura, pero otras no, y lo que entonces haces es retocar, retocar y retocar, y ni aun así consigues siempre atrapar el territorio fabuloso”.

RETOCAR Y RETOCAR
Lo de retocar desde luego que lo ha practicado en esta novela, que se ha quedado en 240 páginas siguiendo las recomendaciones del poeta Francisco Mora. “Le he hecho caso y hemos quitado mucho, unas ciento y pico páginas, sobre todo mucho desarrollo de personajes”.

La historia está narrada desde el punto de vista de uno de los policías que investigan los asesinatos, aunque, advierte, “no actúa totalmente como narrador omnisciente, ya que introduzco un elemento desestabilizador de esa identidad: cree que lo sabe todo de todos y de la ciudad, pero en realidad no sabe de nada, y gracias a ello al final se desvelan muchas sorpresas”. Esto hace que la novela sea “un puzle que se va encajando”.

Los personajes de ‘El caso Monet’, a los que Narbón abrió una ficha con sus principales datos biográficos y rasgos físicos, acaban sucumbiendo a las pasiones humanas: la envidia, el amor, el desamor, el rencor, la venganza, los celos. Unos rasgos que les caracterizan tanto a ellos como a esa sociedad de la que forman parte “hermética, opresiva y endogámica, anquilosada por su excesivo conservadurismo, por la hipocresía, el ocultamiento, la doble moral, la censura”.

DE GOELIA A CUENCA
De ahí la importancia del escenario, esa Goelia de orografía similar a la de Cuenca, con sus hoces y su torre de Mangana, pero que en ningún momento se cita como tal. “El libro es ficción, y no quiero que nadie se sienta excesivamente identificado y pueda herir sensibilidades, pero, aunque podría ser cualquier ciudad cerrada, Goelia es un territorio perfectamente identificable con Cuenca”, admite Narbón, a la que la novela le permite hablar así de una ciudad que apenas había abordado en su poesía.

LLEGAR AL PÚBLICO
A diferencia de la poesía, tan minoritaria, la novela le permite además llegar a más público. De hecho, asegura que, antes de haber llevado ‘El caso Monet’ a las librerías y de presentarla, ya ha vendido unos 120 ejemplares. “Imprimimos 200 ejemplares, por lo que habrá segunda edición”.

Su experiencia con ‘La muerte tendrá mis ojos’ le lleva a ser optimista. “Aquella era bastante compleja y difícil, pero tuve varios encuentros con clubes y talleres de lectura que la habían leído y vi que conectaba, que se identificaban con los lugares de Cuenca, algo que ayudaba a captar gente”.

Y eso es, en realidad, lo que quiere todo autor: que la gente le lea. “Como hice con la anterior, donaré varios ejemplares a las bibliotecas públicas para tener encuentros con las lectoras. Y estaré abierta a sus opiniones, porque, a escribir, se aprende escribiendo. Si alguien te tiene que decir: oye, pues no me gusta porque describes mucho, oye, pues no me gusta porque utilizas un lenguaje muy poético, pues los diálogos son poco coloquiales, pues tus policías son demasiado eruditos, que me lo diga. Son cosas que las acepto porque me ayudan a crecer como escritora y a aprender. Todo esto es un aprendizaje y una crítica constructiva te ayuda a seguir escribiendo”.

ESCRITORA EN LOS RATOS LIBRES
Cuatro años han pasado entre la anterior novela de Pilar Narbón y la actual. Lo cual puede ser mucho o poco tiempo, según se mire. Quizá más bien poco si se tiene en cuenta que solo escribe en sus ratos libres una vez culminada la jornada laboral y siempre que se lo permitan sus responsabilidades familiares. “Yo de ocho a tres soy trabajadora de la Diputación y tengo muy claro que ese tiempo es para la Diputación. Es cuando llego a mi casa, y tras relajarme un poco leyendo después de comer, cuando tengo mi disciplina de trabajo diario, y le dedico tres o cuatro horas a la escritura”, a lo que hay que añadir el tiempo que le saca a fines de semana y días de vacaciones.

Aunque reconoce que escribir una novela es “sacrificado”, Narbón tiene previsto seguir en el género. La poesía, en cambio, la tiene aparcada, aunque no para siempre. “Tengo un libro de poesía pero no soy capaz de acabarlo porque, al estar en el ámbito de la narrativa, eso te exige cambiar de perspectiva. Pero, aunque no sea de momento, no digo que no vaya a volver a escribir poesía”.

Preguntada, finalmente, por el mundo cultural de Cuenca, considera que “cada uno está en su ínsula creativa. Todos están aparentemente unidos, aparentemente en relación de concordia, pero estás en un grupo o en otro. Y parece que los grupos van cada uno a su aire. Entonces hay cierta rivalidad, falta agruparse para hacer cosas no solo en el ámbito de la escritura, sino en todos los ámbitos del arte, de las instituciones, de todo. Cada uno va un poco por su lado”, señala.

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