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Entrevistas

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Especial San Mateo 2017
Jesús Rodríguez García

Jesús Rodríguez García, el zapatero de la calle Las Torres

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28/7/2017 · N. Lozano

Es uno de los oficios más antiguos y también de los más repetidos en los dichos y refranes populares. Algunos ejemplos: ‘Zapatero a tus zapatos’, ‘Zapatero remendón, noble de profesión’ o el preferido de nuestro protagonista, ‘Cazadores, sastres y zapateros, los más embusteros’.

Jesús Rodríguez García dice que le llama la atención éste último “porque nos gusta mucho eso de decir todavía no están arreglados, vuelva mañana”, bromea, aunque después apostilla que “yo tengo fama de ser puntual”.

Este conquense es de sobra conocido. Lleva ejerciendo como zapatero en la capital desde hace 28 años, de los que los últimos 18 ha sido en la calle de Las Torres. Un oficio que “me encanta” y que no heredó por tradición familiar, aunque sea una profesión que históricamente pasaba de padres a hijos. En su caso, aprendió a trabajar con los zapatos en un taller de Madrid. Cuando tuvo la suficiente formación se volvió a Cuenca y montó su propio negocio. “Costaba mucho entonces hacerte un hueco, porque la gente era muy fiel a su zapatero de toda la vida, pero poco a poco fui haciéndome mi propia clientela que mantengo a día de hoy”.

Entre martillos, tenazas, hierros de lujar, escofinas o alisadoras, herramientas tradicionales del zapatero remendón, ha visto como los años han ido cambiando la forma de trabajar. Aunque las máquinas no han sustituido en su caso a los utensilios de toda la vida, sí lo han hecho los materiales. Según explica Rodríguez a Las Noticias, “hace años todo el mundo usaba zapatos de piel, un material al que se le podía hacer de todo, requería una labor más artesanal. Ahora, la mayoría no se pueden ni arreglar”.

Se refiere a la llegada del PVC, las antelinas o el poliuretano, difícilmente maleables y que exigen pegamentos más rápidos “porque si no chorrea por todos lados y te cargas el zapato”. El cuero, en cambio, permite trabajar mucho mejor, moldear, ensanchar... “por eso se dice que es un material noble”.

Con todo, hay diferencias según las edades de los clientes. Mientras que la gente joven se decanta por modelos de peor calidad y que duran dos días, de 12 o 14 euros, a partir de los 40 años la gente prefiere un calzado bueno, cómodo y que dure más.

Entre las reparaciones más demandadas se encuentra, muy por encima de otras, el arreglar despegados de suelas o tiras. Le sigue poner las clásicas tapas y tacones. Hay otros trabajos de más precisión que le han pedido a Jesús Rodríguez, como forrar unos zapatos, “aunque es algo muy inusual”. Y lo más complicado, el cambio de cremalleras, afirma.

Este profesional asegura que al contrario de lo que piensan muchos, los peores años de la crisis no levantaron a este gremio. “Al revés, la gente se compraba menos zapatos y los aguantaba más”.

Aun así, se puede vivir de este oficio. “Ahora mismo funciona pero hay que incluir más cosas porque solo con la reparación es complicado, como hacer llaves, vender carteras, cinturones...”. Toca diversificarse, pero permanece la esencia de un oficio de siglos. Por eso viene al pelo otro refrán para terminar como habíamos empezado: ‘El zapatero ejemplar, tiene en el arte un lugar’.

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