20 de Julio de 2019 Son las 1:49

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Especial Semana Santa 2019
Semana Santa 2019

A fondo: ¿Cómo se conserva la ropa de las imágenes de Semana Santa?

En la Semana Santa de Cuenca hay 14 pasos con imágenes de vestir. Sus responsables explican cómo mantienen los ajuares para que estén impecables

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Fotos: Saúl García
21/4/2019 · Berta López

Mantos, sayas, camisas, enaguas, túnicas, pecherines, tocas, pañuelos… el ajuar de una imagen de Semana Santa se compone de numerosas piezas, fabricadas en diferentes tejidos, que deben estar a punto para la salida procesional, lo que requiere de un trabajo continuado de conservación a lo largo de todo el año.

En la Semana Santa de Cuenca hay 14 pasos con imágenes de vestir, la mayoría representaciones de la Virgen, pero también de Jesús de Medinaceli, María Magdalena, San Juan Evangelista, la Verónica o María Salomé. Sus responsables explican cómo mantienen los ajuares para que estén impecables.

CONSERVACIÓN DE PIEZAS BORDADAS

¿Cómo se conserva el ajuar de las imágenes de Semana Santa? Lo primero es diferenciar entre piezas bordadas y el resto de la ropa. La tarea recae en las camareras de las imágenes, especialmente en el caso de la ropa blanca y la ropa interior, ya que los vestidos, sayas, túnicas y, especialmente, los mantos, piezas que unen bordado y terciopelo (los dos elementos más delicados de conservar) suelen estar guardados durante el año en los conventos de la Puerta de Valencia y de las RR. MM. Justinianas de la Plaza Mayor, principalmente por cuestiones de espacio. “Nuestro manto se deja extendido en el suelo todo el año, en las monjas” explica Miriam, camarera de María Stma. del Amparo.

En el caso de María Stma. De la Esperanza “lo tenemos en Las Petras y controlamos un poco cómo se conserva, diferenciando el tipo de conservación según las piezas” explica José Manuel Calzada, mayordomo de la Hermandad. “El manto tiene unas especificaciones que nos dio el taller de Charo Bernardino cuando lo trajo y que consisten en que esté estirado en una estructura que se llama burra, de unos cuatro metros, y que no toque el suelo. Las sayas, que son las otras piezas importantes, las solemos tener tapadas y en maniquís, para que no pierdan forma y no se estropeen. Lo que no controlamos son las condiciones de iluminación ni de humedad” reconoce.

“Lo más delicado de conservar de nuestro ajuar son, sin duda alguna, los mantos de terciopelo. Con ellos hay que tener riguroso cuidado de que no se duerman, porque se estropean” explica María Rodríguez Castellanos, vestidora de Ntra. Sra. de los Dolores y las Santas Marías. “Al no tener sede todavía, guardamos el ajuar en la antigua casa de don Emilio Sáiz. “Para no doblar los mantos de damasco y de terciopelo que tenemos, los tenemos extendidos en camas de matrimonio, en una habitación a oscuras y resguardados del sol. Y para que el terciopelo no se duerma, de vez en cuando vamos cambiando de lado la doblez, para que no sufra” precisa.

CONSERVACIÓN DEL RESTO DE ROPA

“Todo lo que son enaguas, mantillas, tocas, pañuelos, sabanillas… lo tengo yo en mi casa. Me hicieron un mueble a propósito para ello cuando me nombraron camarera, ya que este tipo de ropa la tiene la camarera. Es un mueble específico que utilizo solamente para guardar el ajuar de la Virgen. De vez en cuando saco las cosas, limpio bien el cajón, lo perfumo y lo vuelvo a colocar. Todo lo que tengo es ropa blanca y la lavo y guardo sin planchar, porque si no, se pone amarilla. Cuando la voy a utilizar es cuando la plancho” explica Blanca, camarera de Ntra. Sra. de la Soledad del Puente.

“En nuestro caso, el resto de las ropas de vestir e interior de las imágenes están en un armario en el que las conservamos y revisamos periódicamente. Las sayas están guardadas y separadas con una tela, sin que les dé la luz y con cuidado de que no se rocen” añade María Rodríguez. En el Resucitado “las piezas que guardamos en la sede las reviso cada cierto tiempo para asegurarme de que están en perfecto estado. Las tenemos guardadas en sus fundas de tela para que puedan transpirar”. Además “antes de la procesión acondiciono el manto negro con el que se cubre a la Virgen: se le da un planchado, un cepillado y se queda extendido para luego ponérselo” añade Miriam.

A la hora de manipular las piezas de ajuar es importante extremar el cuidado, para no dañarlas. Por eso, en muchas ocasiones se usan guantes para no marcharlas ni estropearlas, así como se tiene cuidado con el tipo de alfileres y lancetas que se usan para ajustarlas a la imagen, buscando hacer el menor daño posible en tejido y bordado.

PAUTAS DE CONSERVACIÓN

José Manuel Calzada y Adrián López trabajan actualmente en un estudio sobre el bordado para la Diputación Provincial. A través de la investigación de campo están aprendiendo, entre otras cuestiones, “pautas de conservación” explica Calzada. “Por ejemplo: la conservación del oro del bordado y la del terciopelo chocan un poco, ya que las condiciones óptimas para conservar el bordado no son las óptimas para conservar los tejidos, el terciopelo sobre todo, que son las bases que se utilizan” precisa Calzada, quien apostilla que “lo que debe primar evidentemente es el bordado. Los tejidos se estropean con el tiempo y el valor lo da el bordado”.

¿Cuáles son esas pautas específicas de conservación que necesitan los bordados? “Las condiciones de iluminación deben tender a cero. Se debe conservar a oscuras y, a ser posible, cubierto con una tela que pese poco para que no lo aplaste y ni pierda su volumen. Además, las condiciones de humedad deben rondar el 60%, para que el oro no pierda sus condiciones” detalla Calzada.

Para que la conservación sea lo más óptima posible, desde el punto de vista del bordado, “necesitaríamos en las hermandades estancias casi de museo, en las que poder medir las condiciones de humedad, temperatura e iluminación”. Sin embargo, las instalaciones de que disponen las hermandades en Cuenca no están actualmente acondicionadas para este tipo de conservación, por lo que las piezas bordadas ni siquiera se encuentran en sus sedes, en la mayoría de los casos. “En el estudio que estamos haciendo nos estamos dando cuenta de que la mayoría de las hermandades cometen fallos en este sentido, desde condiciones de montaje a la hora de guardar las piezas bordadas que pueden estropear o rasgar el tejido base, hasta superponer unos bordados sobre otros, con el consiguiente riesgo de que se aplasten, o iluminaciones halógenas que dan mucho calor a los tejidos y no son las más adecuadas”.

Hay “mucho desconocimiento desde el punto de vista de la conservación” reconoce Calzada, cosa que “es normal si tenemos en cuenta que no existen, que sepamos, iniciativas de formación para aprender a conservar este tipo de patrimonio”. En cuanto a las razones por las que la conservación de las piezas bordadas presenta deficiencias en ocasiones, Calzada considera que son fundamentalmente dos: “El desconocimiento general de las técnicas de conservación y que no damos la suficiente importancia al patrimonio que tenemos. Es algo en lo que debemos trabajar todos y adquirir conocimientos de manipulación y de mantenimiento”.

UN CASO ESPECIAL: EL CABELLO DEL MEDINACELI

La única imagen de Semana Santa que lleva en Cuenca pelo natural es la de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli. La conservación del cabello del Señor es clave para que luzca como debe tanto el Martes Santo como en su capilla en San Felipe Neri. Gracia, camarera de la imagen, aprendió a conservarla del anterior conservador, Joaquín, y explica cómo hacerlo: “En enero, nada más pasar las Navidades, ya se tiene que preparar la peluca, lavándola y acondicionándola, para que vaya cogiendo las ondas de cara a la procesión. Lo que se pretende es que se vea como una melena natural y que tenga el movimiento que tendría de forma natural” cuenta.

Para conservarla en buen estado “la guardo envuelta en un trapo blanco y en un cajón, ella sola, y la voy mirando de vez en cuando; además le pongo lo necesario para que no se estropee”. La imagen de Jesús de Medinaceli usa dos cabelleras, “una para la procesión y otra que es la que lleva en capilla” enumera Gracia. Esta última “se debe preparar durante la Semana Santa para volver a ponérsela cuando se quita de andas. La peluca con la que desfila actualmente tiene ya 18 años. Si la sabes mantener y la cuidas, dura mucho tiempo” concluye.

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