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Socorrismo

"Un buen socorrista debe tener la cabeza muy fría ante cualquier situación"

Marta Soriano es una joven pero experta 'vigilante de las piscinas' que reivindica la importancia de esta profesión

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Foto: Saúl García
7/7/2018 · Nuria Lozano

Cuando tenía 16 años Marta Soriano se sacó el título de socorrista acuático. Llevaba nadando toda su vida y lo vio como una manera de conseguir un dinerillo en verano en el medio que considera su segunda casa: el agua.

Esta conquense estudiante de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte quiere dejar muy claro que ser guardavidas, como también se les conoce, no es solo sentarse en una silla y pasar las horas muertas mirando una piscina. “Un buen socorrista debe saber actuar con decisión y estar preparado y en alerta y, sobre todo, tener la cabeza muy fría ante cualquier situación de riesgo”, dice.

En este sentido, subraya la importancia de esta profesión, muchas veces infravalorada en España al contrario que ocurre en países como Australia donde son verdaderos héroes. “Es un trabajo muy sacrificado y que requiere de los cinco sentidos porque es crucial prever y anticiparse a lo que pueda ocurrir. Es mejor prevenir que curar. La gente confía en ti y tú tienes que saber responder”.

Tampoco, señala, hace falta ser el más guapo ni tener un cuerpazo aunque sean las secuelas que dejan en la mente series como ‘Los vigilantes de la playa’. “Lo que es fundamental es estar en forma y tener unos hábitos de vida saludables”, puntualiza Marta.

Para obtener el título hay que pasar un curso en el que los aspirantes aprenden primeros auxilios, normativa y a usar un desfibrilador. Asimismo, tienen que superar una prueba de natación y otra de apnea, la de presas y zafaduras, y otra de remolque de la víctima.

Soriano lleva tres veranos ejerciendo. El primer año en la piscina de un hotel y desde hace dos en la de una urbanización privada que gestiona La Casa del Agua. Por suerte solo ha tenido que enfrentarse a pequeños cortes y heridas, aunque esta joven ya sabe muy bien lo que es salir airosa de un grave episodio.

Le pasó en 2015 mientras veraneaba con su familia en la playa. “De repente vimos que se arremolinaba mucha gente y que sacaban del mar a un hombre inconsciente. No había ningún vigilante en la zona y no me lo pensé dos veces y fui corriendo a socorrerlo”. Junto a otro chico también socorrista le hicieron la ténica del PAS (Proteger, Alertar y Socorrer) y diferentes maniobras de salvamento hasta que llegó la ambulancia. Su rápida actuación evitó un desenlace fatídico, según le trasladó después el personal sanitario. “Fue una experiencia muy dura que por nada del mundo me gustaría que volviera a repetirse”, reconoce.

Otro de los aspectos que puede amenazar la tranquilidad de un baño son los productos químicos para el tratamiento del agua. “Es algo de lo que debería responsabilizarse el personal de mantenimiento. Nosotros lo vemos en la formación pero no es nuestro trabajo. Con todo, nos ocupamos del cloro y el PH y hay que tener claro lo que estás echando, a qué horas, la afluencia de gente y mucha atención para no mezclar ciertos componentes”, explica.

Pide a los bañistas respeto hacia esta figura y no se cansa de reivindicar su papel. “Podemos salvar vidas y eso debería valorarse”.

Aunque sabe que en su caso es una ocupación temporal, sí le gustaría que algún día ser socorrista se convirtiera en una profesión reconocida y bien remunerada.

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