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Igualdad

El acceso de las mujeres a la ciencia: posible pero en cuesta

Las científicas Estefanía Prior y Jennifer Mayordomo abogan por derribar estereotipos para que los adolescentes decidan su futuro independientemente de su sexo, en función de “lo que les haga felices”

8/2/2019 · Gorka Díez

“¿Eso no es más bien de hombres? ¿No crees que es mejor hacer otra cosa más fácil” Son preguntas que todavía, en pleno siglo XXI, hay quienes dirigen a las adolescentes interesadas en formarse en materias que mantienen el estereotipo de masculinas como la ciencia o las nuevas tecnologías.

Un prejuicio que en nuestra provincia aboga por erradicar un colectivo como Comando Violeta, que con este fin ha organizado unos talleres dirigidos a un público de 8 a 16 años de edad que tendrán lugar el sábado tanto en Cuenca capital (a las 11:00 horas en la biblioteca Fermín Caballero) como en Villaconejos de Trabaque (a las 17:30 en la biblioteca municipal), y que estará impartido por dos conquenses científicas, Estefanía Prior Cano y Jennifer Mayordomo Cava, que tratarán de transmitir parte de sus conocimientos y demostrar que la ciencia es tanto de mujeres como de hombres.

“Queremos visibilizar que estamos realimentando unos estereotipos que dan lugar a que las personas seamos diferentes en función de nuestro sexo, algo que realmente nos condiciona el futuro. Nosotras pensamos que solo vamos a llegar a ser personas libres cuando lo que decidamos en la vida no dependa de nuestra carcasa, sino de lo que nos hace felices”, señala Prior.

Cómo se comunican las neuronas o el significado de la transmisión del impulso nervioso son algunos de los conceptos que se manejarán en un taller no obstante primordialmente práctico para “cacharrear sobre neurociencia y electrónica y aprender sobre mujeres que han trabajado y trabajamos en ciencia” con el que se pretende celebrar el Día Internacional de la Mujer en la Ciencia, que tendrá lugar el 11 de febrero.

En el caso de estas dos conquenses, las dos de 32 años, Mayordomo es doctora en Neurociencia y Prior en Ingeniería Fotónica. Aunque se encontraron con dificultades para que en su entorno aceptaran lo que querían estudiar. “Biología se acepta más que es una carrera de mujeres, pero no así Ingeniería, donde según las estadísticas no hay equidad. En la adolescencia te dicen que eso es de hombres, y parece que es más fácil dejar de hacerlo para no ir a contracorriente. Y quienes lo vamos haciendo tenemos que luchar más para llegar a los mismos sitios”.

En la Universidad, cuenta Prior, el porcentaje de mujeres que cursan carreras de ciencias como Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas apenas alcanza el 20 por ciento. “Conforme subimos de grado se reduce más y, ya una vez en las empresas, el porcentaje de directivas difícilmente llega al 10 por ciento. Hay que ver por qué esto es así, porque eso de que nosotras no seamos capaces de tener el conocimiento que sí pueden tener los varones es algo que no nos creemos”.

En la escuela, reconoce esta doctora en Ingeniería Fotónica, tanto niños como niñas reciben la misma formación, y llegada la adolescencia pueden decantarse, se supone que libremente, por ciencias o por letras. Pero, además de que las mujeres apenas acaparan entre el 2 y el 7 por ciento de las figuras mostradas en los libros de texto, Prior advierte de la existencia de “unos mensajes muy sutiles, que están por detrás, y nos llegan desde pequeños”.

inteligencia y sexo

No en vano, según un estudio publicado en el año 2017 por la revista Science para el que fueron entrevistados 400 niños y niñas de entre cinco y siete años de edad, a partir de los seis las niñas ya atribuyen la inteligencia a algo característico de los hombres. “Desde ahí, difícil que asumamos profesiones que requieran de cierta inteligencia”.

Esto, considera, es fruto de unos estereotipos que empiezan a darse desde el embarazo, un periodo durante el que los mensajes que le llegan al bebé no son los mismos según su sexo: “Hay connotaciones sexistas. Y luego los juguetes tampoco son los mismos, ni los mensajes que se les da cuando lloran, si les ponemos o no pendiente, vestido o pantalón”.

Estefanía y Jennifer son no obstante la prueba de que las mujeres pueden formarse y ganarse la vida como científicas. La primera trabaja en una empresa de ingeniería fotónica en Madrid y la segunda como investigadora en el hospital Gregorio Marañón, también en la capital de España. Eso sí, reconocen que “la brecha tecnológica” les ha llevado a tener que trasladarse a Madrid porque en una provincia como Cuenca no existe apenas oferta de estas características muy a pesar de que “hoy en día se pueden hacer muchas cosas sin necesidad de estar físicamente en una ubicación determinada y la ciencia y la tecnología podrían ser buenas herramientas para aumentar la economía de los pueblos en un momento en el que Cuenca pierde población, lo que es una pena”.

Aunque ejemplos como la instalación en Cuenca de la empresa de servicios de tecnologías de la información Serbatic o del taller de fabricación digital FabLab, impulsado por la conquense Delia Millán, abren un camino a la esperanza.

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