14 de Mayo de 2017
Cuenca

Repuntan las vocaciones

  • Por primera vez en una década, este curso ha habido un incremento del número de seminaristas e incluso se prevé que en el próximo se llegue a una ocupación “de dos cifras” 

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Repuntan las vocaciones
Los futuros sacerdotes de la Diócesis de Cuenca y sus formadores a las puertas de su casa, el Seminario Conciliar de San Julián, en la Plaza de la Merced. Foto: Saúl García
N. Lozano
A quienes llegan al Seminario Mayor de San Julián, en la Plaza de la Merced, les recibe la frase en latín: ‘Initium Sapientiae Timor Domini’: el inicio de la sabiduría es el temor de Dios.

Es un verso del Salmo bíblico 110 y podría interpretarse como el comienzo de la entrada en la Fe y el tener presente que, quien atraviesa esas puertas, tiene que amar a Dios y respetarlo. Impone pasar más allá y encontrar ante tus ojos este enorme inmueble de 12.000 metros cuadrados lleno de largos pasillos. Y surge la duda de cómo será la vida de los seminaristas que han elegido formarse aquí para ser sacerdotes. Pronto te das cuenta que a pesar de estos espacios interminables lo que se respira es cercanía y familiaridad. 

El rector del Seminario, José Antonio Fernández, explica que el Seminario no tiene nada que ver con lo que era hace años. “Queremos que sea una casa abierta a la sociedad”. Un cambio de rumbo que se percibe, sin ir más lejos, en la última campaña del Día del Seminario, moderna y creativa, que se ha difundido por las redes sociales, con vídeo en Youtube incluido, un selfie de un sacerdote rodeado de jóvenes y un lema que ‘engancha’: ‘Únete a nuestra alegría. Sacerdote: ¿por qué no?’. 

¿Y por qué sí?. “Porque hace falta. Hoy más que nunca hay una necesidad tremenda de vocaciones, no solo porque hay pocas, sino porque es cuando la sociedad más lo necesita. Sabemos que existe Dios, pero vivimos como si no estuviera”, señala. 

Entrar en el Seminario es una opción más, una elección de las muchas que se pueden plantear en la vida. “Es tan fácil como querer, pedirlo, y que te dejen, hueco en la casa hay”, dice José Antonio Fernández. 

Solo un par de años atrás el Seminario Mayor vivía una fuerte crisis, con tan solo 3 jóvenes preparándose para el sacerdocio. En caída libre en la última década, la situación era preocupante. Lejos quedaba la cifra de 300 residentes que se alcanzó en 1948 y que obligó a abrir Uclés. Hasta que llegó este curso 2016-2017 y se ha visto con satisfacción un “pequeño repunte”. En estos momentos, hay 7 futuros sacerdotes formándose entre sus paredes y las expectativas de futuro son además halagüeñas. 

En palabras de Fernández, “tenemos razones para la esperanza, estamos trabajando mucho y muy bien desde las pastorales, y es muy posible que el curso que viene lleguemos  a las dos cifras -10- en el Seminario Mayor”, subraya. Cifras ascendentes que se corresponden con el ligero aumento de vocaciones sacerdotales que se ha producido en toda España. Este curso han ingresado 275 jóvenes en seminarios mayores de todo el país.

Asimismo, Cuenca cuenta con un Seminario Menor, antiguamente ubicado en Uclés, en el que estudian jóvenes y adolescentes a partir de los 12 años y hasta 2º de Bachillerato con cierta inquietud vocacional. En la actualidad, hay 8. El concepto de ‘internado’ o de lugar donde los padres enviaban a sus hijos “a ver si los curas lo enderezaban” se ha erradicado por completo.

Para José Antonio Fernández la causa de la falta de vocaciones radica en que “no se conoce a Dios, porque es imposible conocerlo y no amarlo”. Junto a esto, señala las expectativas que algunas familias ponen en sus hijos para que se decanten por profesiones de éxito, como médicos o notarios, y tenerlos siempre a su lado. Por ello, aprovecha para hacer un llamamiento a los padres para que no descarten esta alternativa “y si ven el más mínimo resquicio que no lo apaguen”. 

Un ambiente familiar
Sin lugar a dudas, la sociedad ha cambiado al Seminario. A pesar de ser pocos, hay un ambiente de familia, abierto, nada que ver con otros tiempos. Destaca especialmente la cercanía con los formadores y la confianza, siempre sin perder el respeto. “Hemos ganado en relación con los demás, se convive mejor, con más transparencia y cercanía”, apunta su responsable. 

Como es lógico, por operatividad se utiliza para la vida cotidiana solo una cuarta parte del edificio, donde se encuentran las habitaciones, las aulas, la capilla y otras salas de ocio o estudio. Hace 5 años se acometió una reforma integral importante. El resultado es una vivienda totalmente modernizada, dotada con todas las comodidades, pero sin lujos. 

Mantenerlo no es fácil. La Diócesis de Cuenca hace un gran esfuerzo. Además se sufraga con la colecta del Día del Seminario, donativos particulares y, desde octubre del año pasado, con los beneficios de la Hospedería. Con todo, sigue siendo un inmueble deficitario. Si los seminaristas tuvieran que afrontar ellos solos su mantenimiento tendrían que desembolsar cada mes más de 2.000 euros, en lugar de los 400 que pagan.

Respecto a la programación académica, se estudian dos años de Filosofía y cuatro de Teología, complementada con una fuerte carga de vida espiritual y en comunidad y de formación pastoral.

"Que nos conozcan"
Para Carlos Herráiz es su primer año en el Seminario. Este conquense de 22 años siempre tuvo más o menos clara su vocación. Estudió Magisterio y después decidió ingresar en el Seminario. “Estar aquí ha reafirmado mi vocación. Los posibles obstáculos que te creas  en tu cabeza se van disipando los primeros días”. En su caso, su familia aceptó de buen grado su decisión. A sus amigos les chocó más al principio, pero “saben como soy y ahora me dicen que le voy a poder hacer mucho bien a la gente y que he sido coherente con la vida que he llevado siempre”.

Lo que más le gusta es la vida en comunidad y la pastoral los fines de semana. Lo que peor lleva ha sido tener que cambiar el chip al pasar de estudiar Bachillerato por la rama de Ciencias a una carrera humanística. A los que puedan pensar que son bichos raros, simplemente les invita “a que nos conozcan”.  “Yo he estado en la universidad, he ido a un instituto público, como cualquier chico de mi edad”, dice Carlos.

Otros casos son más curiosos y diferentes al de Carlos. Si alguien puede afirmar que la ‘llamada’ puede llegar en cualquier momento es Francisco Mocholí.

Natural de Mira, se bautizó con 15 años y nunca antes había tenido contacto con la iglesia. Un buen día leyó un libro que le marcó y quiso comentarlo con el párroco de su pueblo. Conversaciones que se hicieron cada vez más frecuentes, que le llevaron a participar en las actividades parroquiales y, finalmente, a ir a Uclés. “Arriesgué y me fui para allá. Gracias a mis formadores y la oración fui conociendo a Dios”. Recorrer este camino no ha sido fácil. Cuando llegó al Seminario de San Julián, abandonó a mitad del primer curso. “Me daba miedo meterme en un tren que te lleva directamente a la parada sin tiempo a reflexionar. No quería que fuera una decisión fruto de la inercia”, comenta.

Francisco estuvo fuera 3 años y, en ese periodo, “Dios colocó en mi camino personas clave que me han llevado a tomar esta decisión”. Como un cura de Valencia que le dio un consejo que nunca olvidará. “Si te casas, también te van a surgir dudas en alguna ocasión de si es o no la mujer de tu vida”. A sus 28 años ya ha reposado su decisión y no tiene miedo. Sí ‘morriña’ porque su familia está a 100 kilómetros y no la ve tanto como quisiera.  

En unos años Carlos, Francisco y sus cinco compañeros renovarán la Diócesis conquense, que hoy cuenta con 180 sacerdotes con una media de edad de 62 años.

Al rector del Seminario Mayor le gustaría que la gente no viera esta elección como una renuncia. “Una persona no piensa en lo que deja por contraer matrimonio, piensa que se casa con la mejor. Tampoco un sacerdote renuncia a nada, lo eliges todo con El. Es una opción en la vida. Lo decía el mismísimo Jesús de Nazaret: quien por mi deje casa, tierras y familia, recibirá 100 veces más”. 
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