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Especial Semana Santa 2019

Hasta que la Dependencia nos separe

"Yo dependo de mi mujer y mi mujer de mí, el uno al otro es lo único que tenemos y lo que queremos es que nos dejen estar juntos lo que nos quede de vida"

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1/11/2013 · C.I.P.

Hace cincuenta y cuatro años que Celestino y Francisca se dieron el sí quiero y se juraron amor y fidelidad hasta que la muerte los separe, hoy se ven obligados a vivir una separación forzosa por la dependencia de Francisca, y Celestino se niega a aceptarlo.


Solos, sin hijos ni familia que pueda ocuparse de ellos, el deterioro físico de Francisca les llevó a tomar la decisión de ingresar en la residencia provincial Sagrado Corazón de Jesús, dependiente de la Diputación de Cuenca. Francisca, afectada de parkinson y gota, lo hizo el pasado mes de febrero pero Celestino sigue a la espera. No tiene una dependencia reconocida, le dicen, y el insiste: “Yo dependo de mi mujer y mi mujer de mí, el uno al otro es lo único que tenemos y lo que queremos es que nos dejen estar juntos los días que nos queden de vida”.  Celestino aprieta los labios, las arrugas de la frente se acentúan luchando por no dejar escapar las lágrimas pero no puede. Quiere contar su historia y trae “los papeles” que dicen que su mujer y él no pueden estar juntos porque deben existir “circunstancias urgentes o de especial necesidad suficientemente justificadas que motiven el ingreso y que en su caso no se cumplen”. 


El caso de Celestina y Francisco ha salido a la luz esta semana, lo denunciaba el Grupo Socialista en la Diputación Provincial al tener conocimiento de la existencia de al menos tres casos de cónyuges a los que no se les autoriza el acompañamiento “a pesar de que hay unas 40 plazas vacantes en esta residencia y que tanto el decreto de régimen jurídico  de los centros especializados  de atención a las personas mayores de la red de atención pública de  C-LM como las propias normas de servicios de la residencia, lo permiten. Además de ser una propuesta del propio equipo multidisciplinar que aún no ha tenido respuesta”, señalaba en el Pleno de la Diputación la portavoz socialista Carmen Torralba, que en el turno de ruegos y preguntas trasladó la petición de Celestino, dando lectura a la carta en la que se dirige al presidente de la Diputación pidiéndole que le dejen estar con su mujer. “Le pido  que mientras lee este escrito, por un momento se ponga en mi lugar e imagine por lo que estoy pasando”, decía la misiva. 


Benjamín Prieto afirmó ser conocedor del tema “hemos mantenido reuniones y se está trabajando en ello”, dijo tras señalar que contestarían por escrito a la pregunta de Torralba sobre si se iba atender el caso.


Celestino se pregunta lo mismo, cuenta que cuando “hacia Semana Santa” se personó en la Diputación, “me atendió una chica y me dijo que ya me contestarían, pensé que lo harían cuando pasaran las fiestas pero todavía no me han llamado ni me han dicho nada”. Lo único que ha recibido son las cartas oficiales de los servicios de la Consejería de Sanidad y Asuntos Sociales que, el 27 de mayo y el 18 de octubre, le dicen que no puede ingresar en la residencia donde está su mujer. Le citan una leyes que no comprende por qué le separan de su mujer, de su compañera de vida, “de mi única familia”.


Celestino tiene 79 años, su mujer, 81. Es su última etapa – la que ya no conduce a otra– y su deseo es agotarla juntos. Se han pasado la vida trabajando y cuidando de sus familiares más cercanos„ hoy, no se tienen más que el uno al otro y aunque Celestino sabe que su mujer tiene en la residencia la atención que él no le puede prestar, señala que le falta lo más importante “mi compañía". Dice que al él  le pasa lo mismo. "Todos los días cuando me levanto me voy a la residencia y no vengo a mi casa hasta que le doy la comida. A las cuatro me voy otra vez y vuelvo cuando la dejo en la cama. Quien no esté en estas circunstancias no sabe lo que es eso. Algunos me dicen que busque una mujer para que me atienda a mí a en mi casa pero yo no quiero que nadie me cuide, lo que quiero es estar donde está mi mujer”.


En las dos cartas de la Administración que ha recibido le señalan que en el Decreto 186/2010 de 20 de julio, se establece que cuando por circunstancias sociofamiliares o vínculos debidamente acreditados una persona mayor requiera para acceder a un centro el acompañamiento de su cónyuge o persona con análoga relación de convivencia o vínculo familiar acreditado, ésta podrá ingresar en el mismo centro. Apostillando posteriomente que las circunstancias actuales y el número de personas con gran dependencia que se hallan a la espera de obtener plaza, obligan a este Servicio a favorecer a los dependientes.... En cuanto a sus acompañantes, por supuesto que se va a seguir teniendo en cuenta las  circunstancias urgentes de especial necesidad, evitando el desamparo de mayores en grave situación personal o social, aunque se trate de cónyuges sin ningún grado de dependencia reconocido. Pero estas circunstancias en las que han de basarse la admisión de los mismos han de estar lo suficientemente justificadas.


Y en el caso de Celestino no lo están, es lo que le afirman tajantemente en la última comunicación. Él no lo ve así y asegura que seguirá luchando para estar con su mujer día y noche. “Díganselo a los que mandan”, dice. “Lo que pido no es tanto, hay matrimonios que están juntos, y en la residencia me dicen que sí hay plazas; entonces, ¿por qué no me dejan entrar?”, se pregunta Celestino mientras se despide de nosotros. “Si hablan con los que hacen las normas díganles que se pongan en  mi lugar, yo vivo aquí detrás, en la calle Fray Luis de León, y a lo que necesiten estoy a su disposición”.

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