10 de Diciembre de 2016
Cine
'La reina de España': el cine ya no es lo que era
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'La reina de España': el cine ya no es lo que era

Pepe Alfaro

Inspirándose lejanamente en la aventura del equipo de Carmen la de Triana (Florián Rey, 1938) desplazado hasta la Alemania de Hitler para filmar la película, Fernando Trueba consiguió plasmar en La niña de tus ojos (1998) un original y divertido enredo que funcionaba tanto gracias al desparpajo de Penélope Cruz, de hecho supuso un importante espaldarazo en el inicio de su carrera internacional, como a la irónica escritura del mejor guionista de toda la historia del cine hispano, el siempre añorado e irreemplazable provinciano de Logroño llamado Rafael Azcona.


Casi veinte años después, el propio director en solitario se ha ocupado de escribir esta especie de continuación para regresar a la época dorada del cine, a mitad de los años cincuenta, cuando nuestro país empieza una tímida apertura que permite el inicio de una serie de rodajes internacionales que culminarían con la creación del efímero imperio de Samuel Bronston. Macarena Granada (Penélope Cruz) se ha convertido en una estrella, ha triunfado en Hollywood, incluso ha ganado un Oscar, y regresa a España para filmar una película sobre Isabel la Católica, lo que le permite reencontrarse con todo el equipo, y a los actores recuperar a sus personajes; aquí están de nuevo Antonio Resines, Jorge Sanz, Santiago Segura, Loles León, Neus Asensi, Rosa María Sardá… a los que se han unido Cary Elwes y Mandy Patinkin (el inolvidable Iñigo Montoya) en un homenaje explícito a La princesa prometida.


La ambientación de la historia permite a Trueba recrear su pasión por el cine, rememorar esos instantes inolvidables que marcaron su vida como espectador. La reina de España está plagada de detalles que forman parte de la memoria icónica, casi fetichista, de una generación que se alimentaba de películas: el funcionamiento de los estudios, la imagen fordiana del director americano, el guionista judío y comunista perseguido por el senador MacCarthy obligado a escribir desde el anonimato de la “lista negra”, la participación de los actores y técnicos españoles en aquellas lujosas coproducciones, la bizarra labor de los asesores históricos…, tampoco falta la referencia a las Conversaciones de Salamanca, donde un grupo de jóvenes cineastas intentaron cambiar la orientación oficialista de nuestro cinema. Aquí está sin duda lo mejor de la película, interesantes y jugosos apuntes sobre algo que ya no existe, sobre una época que forma parte de esa leyenda que Trueba intenta contar, más allá de los elementos puramente históricos. 


El problema es que no funciona del todo la argamasa (se echa en falta la mano de Azcona) para dar consistencia y trabazón narrativa a tanta idea aprovechable; al final, de unos buenos mimbres solo queda la estructura de un guion algo deslavazado, parcialmente artificioso y falto de solidez. Con todo, los que hayan crecido soñando en tecnicolor seguro estarán encantados de retornar a una época que, igual que antes, solo se puede encontrar en las películas. Así que bienvenido míster John Scott.

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