30 de Octubre de 2016
Cine
'Vientos de la Habana': el teniente Mario Conde y el noir de Cuba
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'Vientos de la Habana': el teniente Mario Conde y el noir de Cuba

Pepe Alfaro
Viscarret ha acertado al reflejar de forma convincente las indagaciones policiales para descubrir al asesino de una profesora del instituto de La Víbora

Leonardo Padura (Mantilla, La Habana, 1955) es el creador de un personaje de novela negra llamado Mario Conde, que arrastra una melancolía y desencanto típicamente cubanos sorteados con alcohol y otras adormideras sociales entre las desordenadas calles de la capital cubana, reflejo de una realidad que retrata las propias vicisitudes de su generación. Con esta película salta por primera vez a la pantalla de la mano de Felix Viscarret, que ha tardado casi una década en volver a ponerse tras la cámara después de su prometedor debut con la película Bajo las estrellas (2007).


Con base en la segunda novela donde aparece el Teniente Conde, titulada “Vientos de Cuaresma” publicada en 1994, estos Vientos de La Habana nos acercan a una atmósfera propia del mejor cine negro, perfectamente creada por la decadente arquitectura habanera, poblada por ambientes y personajes moviéndose en el borde de ese fatalismo social que es la seña de identidad de toda la Isla. También ayudan a crear ambiente típicamente noir los coches, aquellos vehículos de los años cincuenta que continúan siendo uno de los iconos que ancla la realidad cubana al pasado. Sobran los obsoletos cartelones de propaganda “revolucionaria” estratégicamente colocados en los edificios públicos para ser captados por las cámaras, cuya brillantez contrasta poderosamente con la imagen decaída del entorno, y que se antoja una subordinación a los permisos legales para poder filmar en los parajes cubanos. 


Viscarret ha acertado al reflejar de forma convincente las indagaciones policiales para descubrir al asesino de una profesora del instituto de La Víbora (donde estudió el propio Padura). El periplo del proceso de investigación se combina con la deriva personal del Teniente Conde con presencia de todos los elementos del cine negro clásico: el chivato que se la juega por amistad y por sentido moral, la rivalidad y sospechas dentro del cuerpo de policía, el tráfico de drogas, la mujer fatal, los matones de frío instinto asesino… Por supuesto, tampoco falta el erotismo en un asesinato cargado de referencias sexuales. En este deambular reside el mayor acierto de los Vientos de La Habana, brisa acrecentada por un halo mágico envuelto con sonidos cálidos de tonos jazzísticos, que aminoran los parones narrativos para acercarnos al alma del personaje enamorado con aspiraciones de escritor malogrado que se emborracha con las canciones de Credence Clearwater Revival. 


Hay que reconocer el esfuerzo del cubano Jorge Perugorría por meterse en la piel de este descreído y melancólico policía, aunque se eche en falta en su suavizado rostro el reflejo de las mismas cicatrices que lleva en el alma. Sin embargo las actrices están que se salen en sus difíciles roles, tanto la colombiana Juana Acosta, en el papel de presunta femme fatale, como la canaria Mariam Hernández rezuman el preciso aroma y la necesaria sensualidad para definir sus personajes. En resumen, aunque no sea una obra redonda, cine negro del bueno al que merece la pena prestar atención.

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