25 de Octubre de 2016
Arte
Luis Feito: "La facilidad es todo lo contrario del arte, que es muy ingrato"
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Luis Feito: "La facilidad es todo lo contrario del arte, que es muy ingrato"

  • Superadas las 40.000 visitas, la exposición ‘La poética de la libertad’, que acoge la Catedral hasta principios de noviembre, tuvo el jueves un visitante de lujo, Luis Feito (Madrid, 1929), que participa en la muestra con una obra reciente.

Gorka Díez

Hablar de Luis Feito es hablar de la historia del arte abstracto español. Y de la historia del arte en general y con mayúsculas. Fue uno de los fundadores, junto a Antonio Saura, Manuel Millares o Rafael Canogar, del grupo El Paso, y clave en la revolución que el informalismo trajo a España, y a Cuenca en particular, en la segunda década del pasado siglo. Es miembro desde hace años de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, institución creada en 1752 de la que también forman parte los conquenses ilustres Gustavo Torner, José María Cruz Novillo y Publio López Mondéjar, y cuenta, entre otras muchas distinciones, con la Medalla de Oro de Bellas Artes, año 1988, y el Premio de la Crítica de la feria Estampa en 2001. El Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, pero también el Reina Sofía de Madrid, el Guggenheim y el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Centro Nacional de Arte Contemporáneo de París o el Museo de Alejandría de Egipto tienen obra de este artista que el próximo 31 de octubre cumplirá 87 años sin que se plantee, ni por asomo, abandonar la pintura.


¿Qué nos puede decir de la obra suya incluida en la sección dedicada a los informalistas de ‘La poética de la libertad’?

Es una obra bastante reciente, de hace tres o cuatro años, que tenía en mi estudio.


¿Podría pasar por una obra de los años sesenta, cuando se creó el Museo de Arte Abstracto, o considera que su arte ha evolucionado mucho en todo este tiempo?

No tiene nada que ver con los años sesenta, pero nada. El arte, sin evolucionar, no tiene sentido, sería la muerte. Uno no puede quedarse en sus hallazgos, mayores o menores, sin moverse y repetirse y repetirse. La evolución es la esencia de este oficio. Uno intenta siempre ir hacia delante, descubriendo cosas nuevas.


En los noventa se acercó a la pintura oriental, y no sé si considera que esa influencia está presente en sus más recientes trabajos…

En realidad, yo descubrí la pintura oriental hace cincuenta años, y en muchas otras épocas ya había una influencia de ese arte en mis obras, pero es verdad que hay épocas en las que la influencia es más fuerte. El arte oriental ha sido absolutamente fundamental para mí. Sobre todo el chino, pero desde Medio Oriente hasta el Japón. Y más cuando he ido descubriendo el arte en sus propios países: no es una influencia que solo haya tomado de los libros. 


Su obra aparece junto a otras de Gustavo Torner o Antonio Saura. ¿Cree que siguen vigentes pese al tiempo que ha pasado desde que despuntaron, allá en los sesenta?

Formamos parte de la historia del arte, así que, aunque quieran arrinconarnos tarde o temprano, al revisar esa historia, allí estaremos nosotros. De aquella época solo quedamos vivos tres. Y los tres seguimos en actividad, por supuesto.


¿Pero cree que se les reconoce? Porque sí que parece que se sigue hablando de ustedes, mucho también del grupo El Paso del que usted formó parte…

Es que, como ya le he dicho, los que quedamos somos la historia viva del arte español contemporáneo, si se le puede llamar así, aunque hoy haya otras cosas y otras maneras supuestamente artísticas, que yo lo dudo mucho, porque la pintura que hay es más bien poca. Dése una vuelta por espacios de arte y verá, sobre todo, cacharros, eso que llaman instalaciones. A mí me parece muy bien, pero no tiene nada que ver con la pintura. No obstante, afortunadamente, por lo que yo conozco, todavía hay gente joven que se empeña en pintar. Así que, al contrario de lo que muchos creen, tampoco creo que la pintura haya desaparecido. Lo que pasa es que hay una pereza enorme. Es más difícil ver un cuadro de verdad, porque hay que tener una cierta cultura y un cierto conocimiento, que esos cacharritos que son ni más ni menos que ocurrencias, que no tienen nada que ver con la pintura y yo diría que ni con el arte.


Sucede quizá que los espectadores de ahora tienen menos cultura, que estamos dominados por una cultura de la imagen, más superficial, donde todo va muy rápido…

Estamos en un momento en el que la información está por todas partes y la divulgación de lo que se hace es enorme, pero en los periódicos y en la televisión meten lo fotogénico, lo que se vende, lo que para ellos resulta noticia. Sacar un cuadro en un periódico parece que no tiene interés. Entonces, es mucho más fácil que el público se quede seducido por eso que por la pintura. Quien no sale en los periódicos, en la televisión, no existe. Ahora tenemos el ejemplo de El Prado: si la televisión habla de El Bosco, allí hay cola al día siguiente, cuando a El Bosco se le puede ver en El Prado muy bien y perfectamente de siempre. Es la época del espectáculo. Ocurre así que hay gente que va a una exposición, ve unos cuadros y en cinco minutos ya se cree que los ha visto y se va. No quiere hacer el esfuerzo de penetrar y conocer esa pintura. Pero en cinco minutos no se pueden ver Las Meninas: es absurdo. Porque, el arte, para verdaderamente conocerlo y sacarle el jugo de lo que supone, que nos perturbe, moleste, haga pensar, requiere un esfuerzo, un conocimiento, una cultura... 


El Museo de Arte Abstracto de Cuenca ha cumplido cincuenta años: un ejemplo de que el arte contemporáneo de entonces sigue interesando y teniendo visitas….

A mí me parece muy bien, porque, aunque no sea enorme, es uno de los museos más bonitos que se pueden visitar. Porque un museo, contrariamente a lo que se piensa hoy, es para mostrar ciertas obras, no puede estar cambiando cada mes para poner cosas diferentes. Cuando se va a un museo uno tiene que saber lo que va a ver. Yo cuando voy a El Prado o al Louvre sé lo que voy a ver, no quiero que me hayan cambiado los cuadros y hayan puesto otra cosa. Ese museo de Cuenca es de esa época y la gente va a ver esa época.


También es importante el museo de la Fundación Antonio Pérez, a cuyo impulsor, Antonio Pérez, supongo que conocerá sobradamente…

Perfectamente, sí, ha sido un gran amigo mío. Le conozco muchísimo y además la última exposición que hice en Cuenca la hice en su museo. Era además una gran exposición. Antonio ha hecho muchísimo por Cuenca y la Fundación es magnífica.


Ha dicho que hoy se hace mucho cacharro, pero también arte. ¿Cree que hay buenos artistas jóvenes, sigan su legado o no?

Sí, creo que, al margen de los que se pierden en el espejismo de la fama y el dinero,  en el teatro y el ‘cinema’ que se monta en todas las exposiciones oficiales que dan cabida a la ocurrencia, hay otra gente joven que sigue haciendo una pintura seria. Es un arte que estará siempre porque reside en la necesidad profunda del individuo desde Altamira. Nuestra generación tenía unos retos X, pero el pintor joven de hoy tiene otro desafío, que es hacer una pintura seria siguiendo un camino personal, lo cual es mucho más difícil e ingrato. El arte, en realidad, siempre ha sido muy difícil y muy ingrato: hay que pelear mucho. La facilidad es todo lo contrario del arte.


La situación económica de estos últimos años hace no obstante cada vez más complicado para los artistas, sobre todo para los jóvenes, poder vivir del arte…

Por supuesto. Para las nuevas generaciones y para las viejas también, porque cuando la gente no compra a los jóvenes tampoco compra a los viejos. Hemos pasado una crisis enorme que esta temporada empezó a remontar, porque por lo menos la gente hablaba, iba a las galerías, venía a ver cosas. Pero llegó el estacazo de esta situación política absurda y siniestra, que se nos vino encima, y aquello se acabó. Dígame quién tiene hoy la cabeza para pensar en comprarse un cuadrito. Para eso, la gente tiene que tener el espíritu libre y poder dedicarse a pensar, a ir a un concierto, a un teatro, a un museo, a una galería. 


A su edad, lógicamente, ya no trabajará con la intensidad de cuando era joven, pero ya ha dicho que sigue en activo…

Sí. Como dicen los toreros: cuando se es torero, se es para toda la vida. Y, naturalmente, no sigo pintando como hace veinte ni treinta ni cuarenta años, pero sigo siendo pintor y pinto a otro ritmo. Sigo teniendo las ganas y la necesidad. Y lo tendré siempre hasta el final. Porque ha sido mi vida y es mi vida. Sin eso no tengo vida.


En los últimos años vivía entre Madrid y EEUU. No sé si sigue así…

No, ya hace lo menos quince años que me instalé en Madrid y me he quedado aquí definitivamente. He seguido yendo mucho a los EEUU, pero no a Nueva York, con la cual la gente vive hoy alucinada y donde estuve viviendo ocho años, no voluntariamente, sino por ciertas circunstancias, y de la que acabé hasta la coronilla. Lo que me interesa de EEUU es el Oeste americano. Arizona, Nuevo México, Colorado, etcétera.


¿Por qué el Oeste americano?

Porque la primera vez que fui allí vi aquella naturaleza, esos paisajes, y pensé que ya había estado antes allí, que incluso había nacido: era lo mío. Tiene algo de absolutamente extraordinario. Si hubiera podido disponer por gusto, me hubiera quedado a vivir. Pero tuve que venirme a Madrid, porque, ¿adónde iba a ir? Pero tengo la casa llena de objetos de allí. Y hay otro país que me fascina, que no tiene nada que ver: la India.


¿Y París, donde vivió algunos años, no la echa de menos?

He estado yendo temporadas, de unas dos semanas, durante muchos años, porque es la ciudad más bonita del mundo, y conozco unas cuantas. Y, contrariamente a lo que se cree, en ella encuentras de todo, cosas de todas partes del mundo. Pero, volver a vivir en París, ni borracho… Cuando dejo un sitio, me puede interesar volver de vez en cuando, como es en este caso, pero a vivir, nunca jamás. 


¿Y qué tal su vida en Madrid, una ciudad que poco tiene que ver con París?

Este país no puede compararse con nada, desgraciadamente… ¿Qué quiere que le diga de Madrid?


Hay movimiento, gente, museos, galerías…

Pues sí, pero para mí no tiene el encanto del exotismo porque la conozco demasiado. Lo viví de joven y me fui corriendo horrorizado y he vuelto porque, al fin y al cabo, sabía que el animal siempre vuelve a su taller. Es mi país, es mi tierra, y la quiero aunque no me guste, quiero decir, con las cosas que me gustan y con todas las cosas que no. Eso siempre es así. Y estoy contento por el recibimiento que tengo de la gente, que me da muestras de admiración y de quererme. Y eso siempre es, en realidad, lo que buscamos todos en la vida, sobre todo el artista: que te quieran de una manera especial, que admiren tu obra, que la comprendan, que estén en diálogo contigo…. Eso es lo importante. Y aunque ya estoy jubilado de las ceremonias y los actos artísticos, porque, aunque la gente dice que estoy muy bien, ya soy muy viejo y no puedo perder el tiempo charlando con un vaso de whiskey en la mano, es algo que aquí tengo. 

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